Rouco, que se recupera con normalidad, califica de “prueba de amor” su operación de riñón

El arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Antonio María Rouco Varela, acaba de vivir una experiencia de convivencia co…

El arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Antonio María Rouco Varela, acaba de vivir una experiencia de convivencia con la enfermedad y el quirófano. El jueves 7 de octubre, tuvo que someterse a una intervención quirúrgica en la que le fue extirpado un riñón, un problema importante que, afortunadamente, se ha resuelto satisfactoriamente. El cardenal recibió el alta el lunes 11 de octubre, 4 días después de la operación, gracias a su buena evolución. Los médicos, sin embargo, le han recomendado que reinicie sus actividades de manera progresiva y siempre bajo control. “Una prueba de amor” y “ocasión para pedir perdón” son los principales mensajes que ha transmitido estos días el purpurado para definir lo que ha vivido en el Hospital Gregorio Marañón de la capital de España.

 

En una carta que se hizo pública el martes 19, el cardenal Rouco explica que, “al que sufre, el Señor le da la ocasión de unirse más íntimamente a Él en su Pasión y Cruz, para la reparación de esa historia personal de ingratitudes y de alejamientos a la que nadie es ajena”. En cuanto al aspecto penitencial, habla de “autenticidad inequívoca para pedir perdón y ofrecer una verdadera penitencia por los pecados de la vida pasada y sentirse perdonado”. El prelado también agradece las oraciones, así como todos los mensajes de ánimo y “comunión eclesial” recibidos, entre ellos uno del Papa Juan Pablo II: “Le debo especial gratitud por sus paternales y entrañables palabras de aliento espiritual y de bendición apostólica”.

 

Para el presidente de los obispos españoles, han sido unos momentos excepcionales “para experimentar la fuerza salvadora y el gozo del amor cristiano, que tiene como centro y fuente a la persona de Jesucristo y el Misterio de su amor misericordioso”. En esta línea, concluye su escrito diciendo que “el dolor, vivido en el Misterio del Amor de Cristo crucificado, es el que verdaderamente salva”. Rouco destaca, por otro lado, que toda la Iglesia ha estado presente en sus oraciones de estos días, pero especialmente “los seminaristas de Madrid y las comunidades de vida contemplativa femenina”.

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