El rugby, la expresión lúdica más natural del ser humano

Si a una población aislada como la del pueblo sentinelés de las islas Andamán o cualquier otra población oculta al mundo tecnológicamente “desarrollado” (como en años recientes han sido descubiertas por antropólogos) instalada en su cultura de imbricadas prácticas neolíticas, arribáramos con una pelota de caucho que golpeada contra el suelo recuperara su verticalidad una y otra vez en ese proceso tan breve y decreciente hasta que quedara inerme en la tierra y una mano la tomara otra vez y volviera a impulsarla y continuar su ciclo ascendente-descendente,si esa esfera de caucho,de colores vivos,primarios,secundarios,tal vez oscura,con un olor peculiar de goma espesa,fuera rescatada de la mano del primer adulto,del patriarca de la tribu,de aquel que por jerarquía y tras observarla detenidamente desechara los posibles peligros para su población,si ese novísimo objeto nunca  antes visto fuera capturado por las manos impacientes de un niño y éste continuara con el proceso imitativo que segundos antes ha descubierto en el adulto ,si comenzara a “jugar” con él inmediatamente todos los niños en su algazara le disputarían la posibilidad de participar del descubrimiento,de conocer las propiedades “mágicas” y divertidas de ese extraño artilugio.

Obviamente el poseedor de la esfera de caucho se defenderá,querrá mantener su posesión,en la pugna desigual por el número de quienes pretenden arrebatarle ese nuevo objeto que parece tener vida propia, éste perderá su tesoro,otro niño lo rescatará,correrá seguido por otros niños,caerá al suelo en el claro de la selva donde se erige el poblado,el resto de niños,dándole alcance,se abalanzará sobre él y entre risas querrán la exclusividad de este prodigioso artefacto traído por hombres blancos nunca vistos,intentarán entre todos arrebatarse la esfera,el más fuerte la prenderá,la fortaleza del adolescente impondrá la pausa,se detendrá el juego,se sentarán ya calmados para observar con más detenimiento ese objeto que salta y corre y se escapa de sus manos.Sin reglas ni normas y sin saberlo habrá finalizado su primer juego de rugby.

Serían continuadores del lejano “harpastum” practicado por las legiones romanas que sometieron  a los pueblos bretones y galeses en el primer siglo de nuestra era “( reflejo,a juicio de muchos historiadores,del anterior juego griego” phaininda”) del “soule” bretón que sería practicado entre poblaciones limítrofes de la baja edad media en la actual Bretaña francesa,heredero directo del juego legionario como lo fue también el “fútbol de carnaval” de las islas británicas practicado en sus pobladores a lo largo de los siglos.

En ellos ,en ese juego libre y espontáneo llevado a cabo por los niños de la aldea que nos ocupa,confluirían todos esos juegos antiquísimos,en definitiva lo que ahora significa nuestro rugby.Juegos que tenían por finalidad la posesión de una esfera de cuero y su disposición en un lugar determinado previamente.Juegos en los que se necesitaba de la ayuda tumultuosa no sólo de los compañeros sino de todos los vecinos para la progresión hacía el objetivo,prácticas festivas o rituales en las cuales participaban comunidades enteras con el espacio abierto como ámbito lúdico.

No se le habrá escapado al avezado lector la aparición en estas líneas del término fútbol aún cuando éste no tenía nada que ver con su actual significado. Voces como “fútbol” (siempre asociado al  término “carnaval”) o “goal”,palabra de origen germánico que significa objetivo, marca o meta, no deben llevarnos a la confusión de pensar que sean esos juegos antecesores de nuestro actual fútbol, en todas las actividades que hemos mencionado líneas arriba se utilizaban las manos como elementos para la progresión del juego (En el caso del soulet, por ejemplo, se descubrió que pateando ocasionalmente el balón se profesaba más rápidamente hacia el objetivo ,pared o madero, aunque este era un gesto técnico poco habitual )

Resulta paradójico pensar que nuestro actual rugby surgió de una  transgresión, de una “trampa” en las reglas del estudiante Web Ellis en el transcurso de un partido del entonces ya “civilizado” fútbol de carnaval (prohibido en la época de Cromwell y cuya única regla de oro era la de no causar la muerte del adversario) y practicado también, como en otras tantas universidades y colegios británicos, por los estudiantes de la Rugby Scholl. Hasta esa fecha de 1823 el fútbol de carnaval había ido eliminando sus acciones más violentas y era practicado con la auténtica caballerosidad que se les presuponía sus practicantes, es decir, con los pies como forma única de manejo del balón, reduciendo así en gran medida el contacto físico entre oponentes.

Pero en el momento en  el que Ellis capturó el balón con las manos para atravesar la imaginaria linea de goal o de marca determinada por dos postes de madera verticales propuso,inopinadamente,las nuevas reglas que han devenido en nuestro actual rugby.Mientras que la universidad de Cambridge se dispuso a liderar a los partidarios de las anteriores convenciones reglamentarias que posteriormente en 1863 se  desvincularían definitivamente del rugby para crear la “Fútbol Association”,en la Rugby School se volvió al juego con la mano.Los destinos del rugby y el fútbol se separaron  definitivamente.

De todo lo mencionado líneas arriba,de la rememoración de la historia de los juegos antiguos se desprende la reflexión de que el rugby,nuestro rugby,el juego espontáneo que esos niños de las Islas Andamán podrían haber practicado involuntariamente,sigue siendo el deporte que más naturalmente nos vincula a nuestros antepasados,a nuestra historia,a través del cual seguimos siendo portadores de un espíritu que nos vincula y honra a nuestra estirpe.

“Todas las edades son contemporáneas” decía acertadamente Ezra Pound.

Ningún juego,ningún deporte de la antigüedad deja deja de ser contemporáneo para nosotros.

Sigfried Giedion en su famosa obra “El Presente eterno:los comienzos del arte” nos habla,refiriéndose a las cúpulas (oquedades rupestres en forma de círculos) perforaciones,discos de color y otras expresiones circulares que aparecen en el periodo Musteriense,de que “el círculo es la primera forma perfectamente regular que aparece en el arte primitivo….El origen del círculo rojo está seguramente en el disco solar,generador y conservador de la vida….en la Gestaalt del círculo, el sol y la fertilidad devienen una misma cosa”.

Y así como los aztecas del inicio de nuestra Era efectuaban sus juegos propiciatorios o de agradecimiento a los dioses por su benevolencia en las siembras o por el futuro abundante de éstas,en gran parte de los deportes de la actualidad pero sobremanera en el rugby continúan reflejándose también los ritos propiciatorios de la antigüedad manifestados a través de sus juegos sagrados.Somos portadores,aunque sin consciencia ni voluntad de ello,de una carga simbólica y antropológica que reaparece en cada instante deportivo.

En la antigua Teotihuacán dos elementos fundamentales concitaban la simbología propiciatoria: el padre sol y la madre tierra.Los elegidos para este juego  procuraban el agrado de los dioses de tal manera que el sol ,la esfera (de un material entonces desconocido en occidente como el hule) no dejase nunca de moverse,de sucederse en su movimiento como el transcurrir continuo de los días con objeto de que dicha esfera golpeara la tierra del adversario,es decir la fecundase constantemente.No se valoraba la victoria sino la belleza que les acercaba al buen augurio de siembras eficientes y cosechas generosas

El astro solar omnipresente,el sol,o “soul”en el vocabulario de los druidas,la esfera de cuero del “fútbol de carnaval”,del “calcio florentino”,del “cujú” chino o del “kemari” japonés,el círculo como generador de calor vital,el círculo mágico,sin fisuras, en torno al cual se unen los congéneres como un único pueblo,como nuestra sardana e innumerables danzas populares que abrazan a una comunidad en torno al círculo de constantes giros.

Y la tierra,la “Pachamama” inca,la madre tierra,las suaves lomas,bosques y feraces ríos de la Bretaña en las que dos poblaciones enteras se disputaban la gran esfera solar en pos de la tabla o la pared vecina para lograr el final de la fecundación,del juego.El infinito espacio materno,las verdes praderas en cuyo vientre caería una y otra vez la semilla solar,la esfera masculina aventada por la pasión tumultuosa del “ludus”.

No obstante a lo expuesto líneas arriba, a pesar de que nuestros deportes actuales todavía conllevan intrínsecamente ciertos rasgos ancestrales de las antiguas prácticas,de carácter meramente lúdico o  cosmogónico,bien es cierto que el deporte que  ahora vivimos se rige por otros valores no siempre positivos,sobretodo en su vertiente profesional.

Ya no se practica el juego para agradar a los dioses,en el propio juego aparecen por si mismos y en todo su esplendor innumerables  “dioses” encarnados en “ídolos” deportivos.Es la gran paradoja :los practicantes se transmutan en dioses ,el público ya no oficia de mediador entre lo celeste y lo terrenal como en los juegos aztecas,asistimos como  asiduos y fieles admiradores de “ídolos de barro”, testigos de continuas representaciones de exhibición ególatra.

Sustitutivos de la religión sincera,de la fe verdadera,del laicismo o cartesianismo más ponderados. La paganización del deporte. Pero esto sería motivo de otras reflexiones.

Lo que nos ha llevado a escribir estas líneas es la sincera afirmación,la creencia de que nuestro rugby es de entre todos los deportes actuales aquel en el que se mantienen más fielmente nuestras más inveteradas y primigenias  conductas lúdicas,conviniendo en primer lugar que aquellas son la manifestación innata y natural del juego,espontánea e indeleblemente unidas a nuestra condición de “homo sapiens” y  considerando después que dichas prácticas continuamente apelan a la colaboración vecina,la del “adlater” en  la ayuda mutua,en la disputa elemental y en ocasiones multitudinaria  de las personas.

Nuestro rugby ha renunciado al “factor solar” de la esfera,de la pelota,la ha transformado en un cuero de geometría ovalada para que sea mejor portada por el jugador,para penalizar el contacto imprevisible en el terreno de juego e invitar al jugadores a su conservación a fin de destacar lo fundamental  que define al rugby: la voluntad de unión física de los jugadores, como los antiguos predecesores del soul bretón,del fútbol de carnaval,como el viejo y conocido adagio de que “la unión hace la fuerza”.

Este es en definitiva el mayor valor de nuestro rugby: renunciar  al factor solar simbólico para acercarnos al más humano factor que es el de la cooperación y la solidaridad con los nuestros en aras del logro del objetivo común.

Mimaremos esa “imposible esfera alargada”,hemos dejado de alzar nuestra mirada hacia el sol porque queremos estar más cerca de la hierba,de nuestros compañeros.Porque ahora su mirada se dirige hacia ellos.

¡Esto en definitiva es el rugby: la unión,el abrazo continuo en el juego!

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