Ruter el rojo‘, por Pedro García Martín

Pedro García ha escrito una excelente novela a partir de un personaje que, de no ser por él, permanecería olvidado en el cajón de los legajos. Ruter e…

Pedro García ha escrito una excelente novela a partir de un personaje que, de no ser por él, permanecería olvidado en el cajón de los legajos. Ruter el Rojo aparece en los archivos de la Inquisición de Cuenca, encausado por mil delitos diferentes, desde la bigamia o la estafa hasta la profesión de luteranismo. Y esto en medio de la Guerra de Sucesión española que enfrentó a Borbones y Austrias.

El valor de la novela puede descubrirse en diversos niveles. Por una parte el autor desarrolla un castellano elegante con un vocabulario que, directamente, nos introduce en los inicios del siglo XVII. La capacidad para mantenerlo a lo largo de toda la novela, además de cierta propensión poética en algunos momentos, solaza la lectura pausada de una novela histórica y de aventuras, en la que no vale la pena saltarse ningún fragmento. Aunque soy de los que pienso que una obra no es peor porque haya muchos párrafos prescindibles es cierto que a veces uno disfruta, y el lugar propio es la narrativa, deteniéndose en cada frase y palabra.
De otra parte, el personaje mismo de la novela, resulta convincente y reúne todas las características para sacar de él un buen argumento. Claro, que esto no sería suficiente si faltara el arte para explicarla. Ruter el Rojo es básicamente un truhán, con la calificación de erudito en distintas artes nobles y también en marinería.
 
Su vida nos es dada a conocer a partir del proceso inquisitorial al que se le somete por un pequeño desliz cuando, convaleciente en un hospital, gasta a una monja la broma de decirle que es el mismo Lutero. A partir de ahí el fiscal le obligará a desgranar su vida, desde sus orígenes en Holanda a su estancia en España, donde traficó en los más diversos menesteres. Por el camino quedan sus andanzas en Venecia, en Tierra Santa, al servicio de la flota inglesa o como comisionado ante el Sultán de Constantinopla. Queda la duda de si Ruter hizo de su vida una novela, si la construyó para dilatar el proceso y entretener a la audiencia o si, finalmente, ha sido recreada por Pedro García a partir de la información que queda en los archivos.
Lo cierto es que resulta un personaje fascinante en una época que daría para muchas novelas si se entrara en ella con un poco más de pasión literaria e histórica. Lo que nos ofrece Pedro García es la cata de una época y lo hace con gracia y estilo. No hubiera bastado la condición del personaje. Es de esas obras que podemos decir ha sido cuidada hasta en el más mínimo detalle. Es escritura mimada y talento narrativo sobre la materia de la historia.
Queda el tema de la Inquisición, donde en medio de algunas lagunas negras, aparece el desarrollo del derecho procesal. ¿Cómo si no se entiende que durara tanto un juicio? En esto también es fiel el autor, al mostrar el avance en el derecho a partir de los tribunales inquisitoriales. Los mismo órganos judiciales de decisión y la búsqueda de testigos y pruebas muestran un deseo de justicia que, al margen de animadversiones personales o celos desmedidos, supuso un avance importante en la historia.
Vale la pena entretenerse en esta novela, y seguir la vida del trotamundos Ruter el Rojo, aficionado música y guía para el lector en los turbulentos años iniciales del siglo XVII. En sus interrogatorios no sólo nos dará cuenta de su vida sino también de curiosas noticias sobre el origen de ciertos instrumentos musicales (como la tiorba que él gustaba tocar), o de plantas medicinales. Y, para el lector más atento, vale la pena fijarse en el tratamiento que se hace en esta obra de la figura de El Quijote. Y en esto el autor también ha estado grande.
 
 
RUTER EL ROJO
Pedro García Martín
Edhasa
Barcelona 2005
437 páginas
 
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One comment

  1. 1

    Sólo un detalle, la novela está ambientada a principios del siglo XVIII, no del XVII. La Guerra de Sucesión española abarcó de 1700 a 1717 y el proceso inquisitorial contra Ruter se desarrolló de 1707 a 1712, o sea principios del XVIII.

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