Sabiduría de un pobre‘, de Éloi Leclerc

Hay pocos libros que sean dignos de ser guardados en un lugar preferente en nuestra biblioteca y releídos a lo largo de nuestra vida. Sabiduría de un …

Hay pocos libros que sean dignos de ser guardados en un lugar preferente en nuestra biblioteca y releídos a lo largo de nuestra vida. Sabiduría de un pobre, del franciscano Éloi Leclerc, es uno de ellos.

Creo que la primera edición es de 1963, yo lo leí mucho después pero al volver hoy a mis manos de forma providencial, reconozco que produce en mi la misma ternura, llevando a mi alma a transitar entre el aflorar de las lágrimas y la insinuación de una sonrisa, para acabar postrada alabando a Dios. Por ello, ante un libro así, uno se siente insignificante e incapaz de transmitir toda la hondura y el misterio de la historia de amor que cree vislumbrar en sus páginas, entre Dios y una de sus criaturas elegidas.
 
Dice Chesterton en su excelente biografía sobre Francisco de Asís que “la transición del hombre bueno al santo es una especie de revolución, en virtud de la cual alguien para quien todas las cosas ilustran a Dios, pasa a ser alguien para quien Dios ilustra todas las cosas”, es justamente en ese instante tremendo de la existencia de Francisco, en el que nos va a situar Leclecr.
 
Francisco tras el momento de intenso sufrimiento de su conversión, en el que descubre en plenitud la pobreza del Evangelio como forma de vida, funda la orden de los Hermanos con esa única regla.

Con el discurrir de los años esta pequeña hermandad va a crecer de un modo tan desmesurado que ciertas facciones de la Fraternidad urgen al fundador a realizar una reforma en la regla siguiendo el modelo de las grandes Órdenes de la época. Francisco entiende que le piden abandonar el auténtico carisma de la hermandad y les responde que ”el Evangelio no tiene necesidad de ser justificado. Hay que tomarlo o dejarlo”.

Desgarrado, triste, angustiado, impotente, desesperado, sin saber como redimir su pequeña obra evangélica se retira a una ermita en los Apeninos, donde abandonarse al insondable silencio de Dios.
 
Lo de menos son los acontecimientos que se suceden en torno a su fundación, lo esencial es que el autor ha sido capaz de recrear con toda su magnitud el particular Getsemaní y la Pasión de Cristo que vivió Francisco en ese momento culminante de su vida.
 
Nuestro santo se encuentra sumido en la noche más oscura, invadido por el sentimiento terrible de la ausencia de Dios y temblando por no conocer los designios del Padre sobre él.

Cuando en el invierno, a todo esto se una el alejamiento buscando la soledad de uno de sus primeros hermanos, se hundirá en lo más profundo de las tinieblas. Completamente abatido, Francisco, en una oración desgarrada, le suplica a Dios que se apiade de él y acabe con aquella oscuridad  para que los que le siguen no caminen entre sombras.

 La angustia por el abandono de Dios se hace casi insoportable, Francisco, movido por su corazón, decide ir a visitar  a Clara. Esa mujer que “había percibido el esplendor oculto de esa forma de vida y se había dejado irradiar por ella”, le va a desvelar como Dios le conduce a pesar de todo y el enigma de cómo vivir en el tiempo de Dios para recuperar la paz.

Las palabras de Clara, repetidas por Francisco en su interior, impregnan su alma y producen un destello en la noche oscura. Comienza a clarear el alba.
 
Es la época de la Pascua, Francisco el Viernes Santo se retira a meditar, quiere que la Palabra caiga en el fondo de su ser y repite el salmo de Jesús en la cruz:”Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?” , es en ese trance en el que por primera vez en su vida se hace uno con Cristo sintiendo en plenitud la agonía del Hijo ante el abandono del Padre, la aceptación del fracaso de su vida humana, entregándose por entero a Dios.

En aquel momento le es revelada la Sabiduría de un pobre. Descubre la verdad impenetrable de lo que es mirar con el alma a Cristo en la cruz, ese Dios indigente, frágil, desfallecido, que nos restituye a nuestra naturaleza de criaturas, en la que todo lo que somos, lo somos por la Gracia de Dios. Dice Chesterton desde la fascinación y el asombro ante la vida de Francisco, que “le aconteció algo que ha de permanecer sumamente oscuro para la mayoría de nosotros, personas vulgares y egoístas a quienes Dios no ha roto para rehacer”. A partir de entonces con esa certeza se puede comenzar a vivir la vida desde la gratitud y la alabanza a Dios.
 
Francisco regresa a la ermita, encuentra allí que el hermano Rufino ha hallado el camino de vuelta a la comunidad, con el alma transformada al comprender el secreto de la esencia de ser un Hermano Menor.

Acompañado por su fiel hermano León, nos muestran en su acercamiento a las gentes sencillas, como se puede perder todo menos la confianza y como la Gloria de Dios  se manifiesta hasta en las cosas más inocentes. Descubren juntos donde radica la esencia de  la pureza del corazón, que no está en no tener nada que reprocharse y donde reside el origen de la verdadera  de la santidad.
 
Se acerca Pentecostés y Francisco ha de acudir al Capítulo a reencontrarse con sus hermanos, el hermano Tancredo le visita para convencerle de que tome el gobierno de la Orden, sin embargo para Francisco ha cambiado todo, es ya otro hombre, un hombre de quien Dios se ha apiadado haciéndole comprender la Sabiduría de un pobre y manifestándole en que consiste la auténtica misión evangelizadora de los Hermanos. Ya sólo eso importa.
 
Este libro, es un libro sencillo, de lectura ágil, pero sobre todo es un libro de reflexión, de oración callada y profunda como la de Francisco: no decir nada, sólo escuchar.  Nos ayuda a comprender que en esa experiencia de oscuridad por la que todos pasamos en algún momento de nuestra existencia, no hay que dejar de confiar y de pedir intensamente la Gracia de que nos sea revelada  la Sabiduría de un Pobre.
 

SABIDURÍA DE UN POBRE
Éloi Leclerc
Ediciones Encuentro
Madrid, 2007
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