Sáhara: Penélope con gafas, explosiones y un camello

La Paramount ha hecho una película de aventuras para toda la familia, con muchos tiros de esos que nunca te dan, muchas explosiones, nada de sexo ni p…

La Paramount ha hecho una película de aventuras para toda la familia, con muchos tiros de esos que nunca te dan, muchas explosiones, nada de sexo ni palabrotas y ganas de crear una saga al estilo de Indiana Jones o de Tras el Corazón Verde y su continuación La Joya del Nilo. Para ello la Paramount ha recurrido a la novela número 11 de los 18 best-sellers del escritor Clive Cussler sobre el aventurero Dirk Pitt.
 
Pitt apareció en las librerías en 1973, antes de existir Indiana Jones o McGyver; como al primero le gusta buscar cachivaches arqueológicos y como el segundo puede crear sus propios cachivaches a partir de la tecnología más insospechada. En esta película le vemos, por ejemplo, coger una avioneta agujereada y estrellada en la arena y reconvertirla en un vehículo de sand-surfing para recorrer el desierto a toda velocidad impulsado por el viento. Tampoco se le da mal utilizar cañones oxidados de la Guerra Civil Americana para derribar helicópteros. De James Bond toma el encanto y la acción y contactos con agencias diversas de espionaje.
 
El reparto
 
Matthew McConaughey hará del apuesto Pitt, buscando un barco blindado confederado en el Río Níger. La chica guapa es la doctora Eva Rojas, es decir, nuestra heroína Penélope Cruz. Le han puesto unas gafas para que parezca una sesuda investigadora médica de la OMS, a la caza de extraño brote epidémico en Nigeria. A media película pierde las gafas y hace su papel de chica-que-rescatar (aunque bastante vestida para lo habitual en el género). Con todo, alguien tiene que hacer análisis químicos de sustancias, así que Pe tendrá también algo de "la voz de la ciencia". El Sancho Panza de la historia es el inseparable amigo de Pitt, Al Giordino, interpretado por Steve Zahn. Los tres actores lo hacen bien pero el guión no da para mucho.

Steve Zahn y nuestra Pe matarían por una peluquería
 
Tras un inicio interesante en un bombardeo naval de la Guerra de Secesión norteamericana (memorable la bala de cañón que rebota contra las placas de acero del barco sudista), saltamos a Lagos, donde los héroes se dedican a recuperar tesoros hundidos. Una pista de monedas confederadas les hará subir al desértico Malí y encontrarse en plena guerra entre un tiránico dictador y la resistencia tuareg.
 
Ritmo irregular
 
Uno de los problemas de esta película es que después del prólogo hay unos 40 minutos de estancamiento con poca acción que no acaba de pegar con el género. Al menos, se emplea este tiempo para presentarnos los personajes y sus motivaciones, y también para presentarnos estampas de África que nos parecen honestas. Son varias las escenas de niños, alegres y sonrientes, en Lagos o en los pueblos de la ribera del Níger. Incluso en el pueblo tuareg los niños tienen su protagonismo… con un gran dominio del balón.  La película además intenta ser siempre muy concreta en distinguir la anglófona Nigeria y la francófona Malí.
 
A partir de media película llega la acción, aunque en realidad sólo hay cuatro escenas en el film que se centren en ella. Los ratos en que personajes son abandonados en medio del desierto resultan tediosos: todos sabemos que enseguida llegarán al sitio adecuado para ser asistidos y equipados de la manera adecuada. Da la impresión de que en Malí para llegar a un lugar sólo hay que ponerse a caminar en cualquier dirección al azar… o robar un camello como los que usó Pe en sus ruedas de prensa promocionales en España.

" A nadie le importa lo que pasa en África", dice el dictador
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Duelo a muerte en la planta solar
 
Las dos escenas finales de combate y acción tienen su encanto. El duelo a muerte en la torre, con los espejos recolectores de energía solar cegando a los luchadores es de esas imágenes que vale la pena recordar. El barco en la arena tiene una melancolía poco explotada. Los tuareg contra los tanques hacen de comparsa.
 
En fin, aventura y escapismo, con un desastre ecológico de fondo, epidemia, guerra civil, tesoro perdido… demasiadas cosas y la película no consigue gestionarlas todas con agilidad.
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Hay un punto de crítica valioso cuando uno de los malvados contaminadores se preocupa por la repercusión de la epidemia en la opinión internacional. El dictador del país, un general africano admirador de la cultura militar occidental y de sus armas, responde con filosofía y cierto cinismo: "¿Qué más da si muere gente aquí? Esto es África y a nadie le importa África".

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