San Bruno: Sediento de Dios, de un cartujo

Dios muestra su benevolencia en el rostro de los santos y, a través de ellos, nos indica caminos a seguir para responder a su llamada de Amor. …

Dios muestra su benevolencia en el rostro de los santos y, a través de ellos, nos indica caminos a seguir para responder a su llamada de Amor. Los carismas, suscitados todos por el mismo Espíritu Santo, prenden de modo diferente en las personas pero siempre conducen a Jesucristo. En san Bruno, con especial intensidad, se nos muestra a Dios como el “Único necesario”, por quien vale la pena dejarlo todo y, en la soledad, dejarse abrasar por el Amor para responder con amor.

En el presente volumen se nos presenta una buena síntesis de la vida y personalidad del fundador de La Cartuja. En una primera parte conocemos su biografía. Bruno, que fue maestro, eligió la soledad prendado por la bondad de Dios. Quería vivir sólo para Él y, de una manera no visible, comunicar su amor a toda la humanidad. Porque el verdadero ermitaño no se desentiende del mundo, sino que se retira junto a Dios, para amar al mundo desde el corazón del Padre. A las dificultades iniciales se unió que el Papa Urbano II le reclamó a su lado y estuvo a punto de consagrarlo obispo. Pero si Bruno fue obediente al Santo Padre y dejó la soledad para ayudar al Pontífice, ahora es el Papa el que comprende la voluntad de Dios y deja que su amigo se retire de nuevo a la soledad, esta vez en Calabria, lejos de la Charteruse. Como sucede con toda respuesta verdadera a Dios, no deja de ser una llamada también a otros. Por eso Bruno atrajo a muchos a seguir el camino del silencio y la soledad y sigue siendo modelo para los cartujos y para todos los miembros de la Iglesia.
En este volumen, se recogen dos cartas del santo fundador, que muestran el espíritu del cartujo y la necesidad de dejarlo todo cuando el Señor así nos lo pide. También se nos ofrece un retrato espiritual del santo, en el que junto a la soledad, el silencio, la pobreza y la austeridad aparecen el amor y el brillo de la alegría, signo de que todas las “privaciones” se ordenan a lo Único necesario. Finalmente se completa el volumen con la homilía de un cartujo y la carta que con motivo del IX centenario de la muerte de san Bruno escribió Juan Pablo II a los cartujos.
Sin duda se trata de un libro que retrata lo esencial de san Bruno y nos permite adentrarnos en la espiritualidad de un santo que sólo quiso a Dios y nos recuerda que el Amor ha de estar siempre en el centro de nuestras vidas y ser el motor y fin de todas nuestras acciones.
Un cartujo
San Bruno: Sediento de Dios. Retrato espiritual del Santo
Monte Carmelo
Burgos, 2008
119 páginas
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