San Ignacio de Loyola (V)

El siglo XVI

Ignacio Compañía de Jesús

La época en que vivió Íñigo de Loyola (1491-1556) fue una época convulsa. El paso del siglo XV al XVI hizo que Europa adquiriese una dimensión mundial debido a los descubrimientos que hicieron trastocar el destino de Europa. Grandes cosas estaban pasando que recompondrían fuerzas, alianzas y naciones.

Portugal y España estaban en plena época de los descubrimientos: se dobla el Cabo de Buena Esperanza, Colón arriba a las islas americanas, España y Portugal se reparten el mundo; la Iglesia está en crisis: Erasmo publica Elogio de la locura donde hace una crítica a la sociedad y también a la Iglesia, Lutero rompe la unidad de la Iglesia con su Reforma; Cortés llega a México, Carlos I es coronado emperador de Alemania; Magallanes realiza una hazaña inconmensurable: el primer viaje alrededor de la Tierra, de España en España; el Mediterráneo es un punto de conflictos entre cristianos y otomanos, Felipe II Accede al trono de España, Enrique VIII se proclama cabeza de la Iglesia de Inglaterra, se inicia la Contrarreforma con el Concilio de Trento

La Tierra es redonda y ahora se puede ir de un lado otro; el mar se convierte en un elemento transitable y de servicio a la humanidad; la imprenta facilita que el saber llegue a todos los rincones a una velocidad insólita, las coordenadas de espacio y tiempo adquieren una dimensión diferente y aquello que hasta entonces era cierto se convierte en dudoso; todo lo que era estable empieza a moverse; Colón y Magallanes convierten la cartografía de Ptolomeo en un juego de niños, todo debe rehacerse… y de repente el ser humano se convierte en el centro de los acontecimientos, en el motor del mundo.

En medio de todo esta convulsión aparece una pléyade de personajes, científicos, escritores, humanistas, artistas… que también participaran de este cambio brutal que se está operando en el mundo: Caravaggio, Durero, El Greco, Miguel Ángel, Rafael, Descartes, Erasmo, Tomás Moro, Galileo, Kepler, Copérnico, Camões, Cervantes, Shakespeare, Maquivelo… y los santos Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Francisco de Borja, Luis Gonzaga, Estanislao de Kostka, Felipe Neri, Pío V, Carlos Borromeo, Juan Fisher y Tomás Moro, Teresa de Ávila y Juan de la Cruz, Juan de Ávila, Francisco de Sales

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La Compañía de Jesús

En 1522 Íñigo está en Manresa y tiene las revelaciones que le hacen cambiar radicalmente su vida. El 1534, en París, con los sus compañeros fundan la Compañía de Jesús y en 1540 el papa Pablo III la aprueba. El nombre de Compañía venía del espíritu militar de Ignacio y como las Compañías solían llevar el nombre del capitán… nada mejor que de Jesús. En la bula de aprobación lleva el nombre de Societas Jesu (S.J.). Se instalan en Roma, en la Iglesia de la Madonna della Strada, o Virgen del Camino. Recordemos que la primera capilla que Íñigo vió al llegar a Manresa, bajando de Montserrat, es la Capilla de la Mare de Déu de la Guía que estaba justo antes de cruzar el Pont Vell para entrar en la ciudad. Y la patrona de la Compañía es la Madonna della Strada.

Los inicios de la Compañía de Jesús no fueron fáciles. Ni para el fundador (incomprendido, denunciado a la Inquisición, encarcelado, juzgado en Alcalá, Salamanca, París, Venecia y Roma) ni para la Compañía (había quien no la quería aprobar). Primero Ignacio no se defendía, pero más tarde exigía un Juicio para que quedase de manifiesto que era inocente.

Antes de su aprobación, los miembros de la Compañía estaban ocupados pensando en una fórmula futura sobre el estilo de vida que querían llevar. Hasta ahora, habían vivido sin superior ni regla y les había ido bien. ¿Por qué no continuar así? La Respuesta era obvia: sin nada que los ligase y sin casas que estuvieran dedicadas a la formación de los novicios, estarían condenados a desaparecer cuando muriesen los actuales miembros, ya que el Papa deseaba poderlos enviar como misioneros en diferentes sitios. Este punto se solucionó pronto y decidieron hacer unas reglas. Pero luego vino la cuestión sobre si formaban una nueva orden religiosa o permanecían como estaban, como una congregación de sacerdotes seculares. Cabía el peligro, si no decidían ser una orden, que el Papa los obligase a adoptar una regla existente, lo que significaría el final de todas sus nuevas ideas. Se decidieron en favor de una nueva orden bajo la obediencia al Papa y le presentaron la Fórmula Instituti.

El cardenal encargado de la comisión de estudio pensaba que no era necesario crear una nueva orden y alargaba las gestiones. Los siete compañeros decidieron ofrecer 4000 misas para obtener la aprobación. Al poco tiempo el cardenal cambió de idea y aceptó la fórmula pero con una cláusula: los miembros no podían pasar de sesenta! (sic!) (Dos años más tarde la cláusula fue derogada). La Compañía fue aprobada el 27 de septiembre de 1540.

Ahora hacía falta nombrar a la persona que haría de cabeza, el Prepósito General (continúa la terminología militar: prepósito es aquel que es puesto delante para que gobierne). Los compañeros querían que fuera Ignacio, pero él se negaba. Después de haber rechazado por dos veces el voto unánime de sus compañeros, en 1541 acepta y es elegido Prepósito General y lo será durante quince años, hasta su muerte. El 22 de abril de este mismo año todos los compañeros hicieron la profesión definitiva en San Pablo Extramuros: quedaba formalmente constituida la Compañía de Jesús, la Societas Jesu. A su muerte le sucedió como Prepósito General Diego Laínez y a éste, Francisco de Borja.

Las Constituciones de la Sociedad

En 1541 a Ignacio se le encargó que redactara las Constituciones. Introdujo algunas costumbres a modo de prueba, las cuales con el tiempo, se convirtieron en normas. En 1550 son aprobadas y en 1552 se redacta una nueva versión. Una vez muerto Ignacio hubo la primera Asamblea General de la Compañía de Jesús y se decidió que fueran impresas, y que no se cambiara nada.

Algunas de las cosas que estableció Ignacio difieren de las órdenes más antiguas como, por ejemplo:

* No aceptar dignidades civiles ni eclesiásticas

* Un mayor periodo de formación

* No tienen penitencias reguladas

* No tienen tiempo concretos conjuntos de oración

* La Compañía no guarda el coro

* No usan un hábito religioso distintivo (van vestidos como los

sacerdotes seculares)

* Es gobernada por el Prepósito con carácter vitalicio (ahora se puede dimitir)

* No habrá rama de mujeres

* No habrá religiosas que los cuiden

* No serán directores de conventos de monjas

Otros temas importantes se refieren a aceptar misiones en el extranjero allí donde el Papa les pida, la educación de los jóvenes de todas las clases, la instrucción de los pobres e ignorantes, a ejercer su ministerio con los enfermos, prostitutas, prisioneros, etc. Estos puntos no nos dan una idea de la originalidad con que Ignacio se ocupó de todo lo que hace referencia a este asunto. Si bien sus constituciones incluyen términos que ya figuran en otras reglas, el pensamiento es totalmente original, y parece que Dios lo guió en todo el proceso. El lema de la Compañía es su principio fundamental: Ad Maiorem Dei Gloriam (AMDG): Todo para mayor gloria de Dios.

Concilio de Trento y Contrarreforma

En 1545 el Papa Pablo III convoca el Concilio de Trento para hacer frente a las tesis protestantes de Lutero y fijar el dogma católico ante la crisis que vivía la Iglesia, denunciada tanto por Erasmo de Rotterdam como por el propio Lutero. El Papa se apoya en los jesuitas para sacarlo adelante ya que además del voto incondicional de obediencia al Papa se centraron en la educación, la teología y las misiones.

Diego Laínez y Alfonso Salmerón son nombrados teólogos del Concilio y serán los líderes de la Contrarreforma donde también destacarán los también jesuitas Pedro Canisio y Claude Le Jay y los dominicos Domingo de Soto y Melchor Cano. En este sentido los jesuitas fueron la más eficaz de las órdenes católicas. Se organizaron de acuerdo a la jerarquía militar que respiraba Ignacio. La mundanidad de la Iglesia del Renacimiento no prevaleció en su nuevo orden. Los Ejercicios Espirituales mostraron el carisma característico de los reformadores.

La biografía de Ignacio de Loyola y la preparación intelectual de los jesuitas contribuyeron a un énfasis en la piedad popular que se había desvanecido bajo papas políticos como Alejandro VI y León X. Los jesuitas se convirtieron en predicadores y confesores de monarcas y príncipes, y en educadores humanistas de toda la sociedad. Se prepararon para desviar la fuerza de las enseñanzas de la Reforma Protestante y sus métodos dejaron una huella perdurable en la historia.

Principio del formulario

Expansión de la Compañía

La Compañía de Jesús nació con un carisma misionero y pastoral y con una espiritualidad que hicieron que tuviera una gran influencia social. La formación que recibían sus miembros durante 10 años (filosofía, teología, lenguas, trabajo en ámbitos muy diversos) hizo que fueran los líderes intelectuales del catolicismo durante más de 400 años.

No podemos perder de vista que entre la aprobación de la Compañía (1540) y el inicio del Concilio de Trento (1545) sólo pasan 5 años y los jesuitas juegan un papel primordial y en pocos años la formación teológica y cultural de sus miembros los llevó a posiciones de importancia entre el clero y los consejeros de reyes y príncipes.
Y su celo apostólico y la obediencia al Papa los llevó por todo el mundo en una época en la que -después de Colón y Magallanes– las naciones de Occidente se movilizan para ser la primera en llegar a los nuevos continentes descubiertos.

Si bien Ignacio nunca se movió de Roma, hizo que la Compañía participara en la expansión de la Iglesia en América y Asia. Sin salir de Roma, con su celo apostólico y misionero, hizo una intensa y extensa labor misionera. Escribía instrucciones específicas para cada una de las misiones, y animaba, dirigía y exhortaba a los miembros que enviaba todo el mundo a predicar con celo apostólico la doctrina de Jesucristo.

Las tareas de las misiones jesuitas se truncaron por la expulsión de la Compañía de los dominios americanos. Estas realizaciones manifiestan un notable esfuerzo para lograr el desarrollo social y económico de pueblos que vivían en el mayor primitivismo y las tremendas dificultades que tuvieron que vencer para romper el círculo de hierro de la miseria y el atraso, cuando se enfrentaban a la naturaleza salvaje, a la ignorancia y al completo primitivismo de los aborígenes, y a los deseos de esclavitud que querían los colonizadores. A pesar de ello consiguieron un sistema de funcionamiento que permite comprender hasta donde avanzaron los misioneros jesuitas en su audaz búsqueda de las soluciones más adecuadas para el doble problema de la justicia social y el desarrollo social y económico de los pueblos atrasados.

 

Cronología misionera

El celo misionero de Ignacio hizo que algunos de sus colaboradores más cercanos se separaran de él muy pronto.

1540 – Se aprueba la Compañía de Jesús y se instala en Roma

1540 – Simon Rodrigues en PORTUGAL

1540 – Francisco Javier va a la INDIA, islas Molucas y JAPÓN. En 1552 quiere ir a China pero muere, a los 46 años, antes de conseguirlo

1541 – Salmeron y Boët empiezan en IRLANDA e INGLATERRA

1542 – Pedro Fabro, Pedro Canisio, Le Jay y Bobadilla van a ALEMANIA

1545 – 1563 Concilio de Trento

1 549 – Van a FRANCIA, BRASIL, FLANDES, POLONIA y ESPAÑA

1556 – Muere Ignacio. La Compañía tiene un millar de miembros y más de 100 casas en todo el mundo en 12 “provincias”.

1567 – Van al PERÚ

1572 – Llegan a NUEVA ESPAÑA (MÉXICO). Y lo hacen detrás de los franciscanos (1524), dominicos (1526) y agustinos (1533). Ya había 150 centros misiones de las tres órdenes. En 1591 llegan a la periferia, en CALIFORNIA, donde había tribus primitivas, ni aztecas ni gente de la Corona española. Muchos allí fueron mártires.

1604 – Van a la región del Paraguay (territorios de Paraguay, Argentina, CHILE, BOLIVIA y parte de Brasil) creada en Roma para los jesuitas. Los franciscanos habían llegado en 1537.

1611 – Van a NUEVA FRANCIA (colonias francesas en el continente norteamericano)

1615 – Son 13.000 jesuitas y ya están por todo el mundo

1645 – EN MÉXICO hay 400 jesuitas y 18 colegios. Extienden la educación de los niños por todo el país. En 1767, cuando son expulsados, han aglutinado 12.000 indios en 18 centros misioneros. Detrás de ellos irá Fray Junípero Serra.

Los grandes creadores del MÉXICO actual han sido los misioneros que empezaron a formar a los indígenas desde 1524, después de que Hernán Cortés llegara en 1519.

 

Expulsión, supresión y restauración

A partir de ahí la vida de la Compañía se complicó, no les fue nada fácil… Este celo misionero asusta a los gobernantes que no les gusta que nadie les enmiende la plana sobre cómo deben hacer las cosas y cómo deben tratar a los indígenas.

Los gobiernos ilustrados de la Europa del siglo XVIII se propusieron acabar con la Compañía de Jesús por su defensa incondicional del papado, su actividad intelectual, su poder financiero y su influjo político. Ciertamente, se habían ganado poderosos enemigos: los partidarios del absolutismo, los jansenistas y los filósofos franceses (Voltaire, Diderot, Montesquieu) y las intrigas de ciertos grupos en la misma Roma. El advenimiento del despotismo ilustrado, el declive notorio del prestigio político del papado y la voluntad política de los Borbones y de la corona Portuguesa de robustecerse en detrimento de la Iglesia hicieron el resto.

1759 – El Marqués de Pombal, en Portugal, expide un decreto por el que se confiscan los bienes de la Compañía de Portugal, Asia y América, se encarcela los jesuitas y se les expulsa del país. Más de mil jesuitas de Portugal y sus colonias fueron deportados con destino a los Estados Pontificios.

1762 – El Parlamento de París condenó las Constituciones de la Compañía y Luis XV dicta unos decretos por los que se clausuraban las escuelas de los jesuitas y se secuestraban sus bienes en Francia y en todos sus territorios acusados de malversación de fondos en Martinica. Declaran la compañía perversa, destructora de todos los principios religiosos, de la honestidad, injuriosa para la moral cristiana, perniciopsa para la sociedad civil, sediciosa, hostil a los derechos de la nación y del poder del rey.

1767 – El rey Carlos III expulsa a los jesuitas de España y de todas sus posesiones. Los bienes son vendidos y subastados, pasados a otras órdenes o dados a los obispos, pero jamás encontraron el supuesto “tesoro” que esperaban. Tuvieron que dejar escuelas y misssiones en España, Paraguay, México y el Amazonas. En México llegaron las siguientes instrucciones: Si despues de que se embarcan en Veracruz se encontrais en ese distrito un solo jesuita, aun enfermo o moribundo, sufriréis la pena de muerte. Yo el Rey.

Los quebraderos de cabeza no acabaron aquí.

1773 – Por razones políticas, los reyes de Francia, España y Portugal exigían la desaparición de la Compañía. El papa Clemente XIV cedió a las fuertes presiones y mediante el breve Dominus ac Redemptor suprimió la Compañía de Jesús. Fue una pérdida valiosa para el catolicismo ya que su presencia frenaba luchas entre los monarcas o contra la Iglesia y trataba con dignidad a los indígenas. Poco tiempo después estalló la Revolución Francesa.

Los sacerdotes jesuitas podían convertirse al clero secular. En Roma Lorenzo Ricci, el entonces Prepósito General, y su consejo de asistentes fueron capturados y encerrados en el castillo Sant’Angelo sin ningún juicio.

Mientras los países católicos echan con malos modos a los jesuitas, en Rusia (ortodoxos) y en Prusia (luteranos) el edicto de supresión no fue promulgado por los monarcas. Jesuitas de toda Europa aceptaron la oferta de refugio hecha por la zarina Catalina la Grande, quien esperaba continuar así -con el apoyo intelectual de la Compañía– la obra de modernización iniciada por Pedro el Grande; y Federico II de Prusia no dejó que se acabase la calidad de la educación que los jesuitas impartían a través de sus universidades.

1814 – Después de 40 años Pío VII restauró la Compañía. En 1801, había emitido el breve Catholicae fidei, donde se aprobaba la existencia de la Compañía de Jesús en Rusia. Trece años después, libre de Napoleón para tomar sus propias decisiones, Pío VII firmó la bula Sollicitudo omnium ecclesiarum, restaurando universalmente la Compañía de Jesús.

El Papa Francisco lo recordaba así:

La Compañía, reconstituida por mi predecesor Pío VII, estaba formada por hombres valientes y humildes en su testimonio de esperanza, de amor y de creatividad apostólica, la del Espíritu… Por eso dio la autorización a los jesuitas, que todavía existían aquí y allá, gracias a un soberano luterano y a una soberana ortodoxa, a “permanecer unidos en un solo cuerpo”… y la Compañía reanudó su actividad apostólica con la predicación y la enseñanza, los ministerios espirituales, la investigación científica y la acción social, las misiones y la atención a los pobres, a los que sufren y los marginados.

1835 – Mendizábal, con la famosa desamortización los vuelve a hacer fuera de España.

1932 – La segunda República los obliga a abandonar la vida comunitaria.

Los jesuitas hoy

La vida de los jesuitas transcurre trabajando por todo el mundo y en todos los campos donde hay personas. Trabajan en el ámbito intelectual en los campos de la Teología, las Ciencias y la Cultura; en parroquias y comunidades cristianas con niños, jóvenes y adultos con catequesis y administración de sacramentos; en medios de comunicación social en la radio, centros de tv, revistas, editoriales, agencias de noticias…; y se dedican -tal como quería y recomendaba insistentemente San Ignacio– a la acción social en todo el mundo con el fin de impregnar las estructuras humanas de amor y justicia, entre los enfermos, los sin techo, los emigrantes, los “esclavos” modernos, los descartados …

En 2014 hizo 200 años de la restauración de la Compañía y el Papa Francisco, jesuita, presidió la concelebración de la misa de acción de gracias que se hizo. En la homilía les dijo:

La Compañía, distinguida con el nombre de Jesús, ha vivido tiempos difíciles, de persecución. Durante el generalato del Padre Lorenzo Ricci los enemigos de la Iglesia llegaron a obtener la supresión de la Compañía por parte de mi predecesor Clemente XIV. Hoy, recordando su reconstitución, estamos llamados a recuperar nuestra memoria, recordando los beneficios recibidos y los dones particulares.

El Padre General Ricci no perdió tiempo en discutir de ideas y quejarse, sino que se hizo cargo de la vocación de la Compañía. Vivió el conflicto hasta el final, vivió la humillación con Cristo humillado, obedeció.

Y así el Padre Ricci y la Compañía en fase de supresión, en lugar de crear  una posible “historieta” llega, precisamente en esta ocasión de confusión y desconcierto, a hablar de los pecados de los jesuitas… Mirarse a sí mismos reconocerse pecadores evita ponerse en condiciones de considerarse víctimas ante un verdugo. Reconocerse realmente pecadores significa ponerse en la actitud justa para recibir consuelo.

Cuando en 1759 los decretos de Pombal destruyeron las provincias portuguesas de la Compañía, el Padre Ricci vivió el conflicto sin lamentarse, sino invitando a la oración.

Cuando en 1761 la tormenta avanzaba en Francia… pidió poner toda la confianza en Dios.

Cuando en 1767 llega la expulsión de los jesuitas españoles, sigue llamando a la oración.

Y, finalmente, el 21 de febrero de 1773, seis meses antes de la firma del Breve Dominus ac Redemptor, ante la absoluta falta de ayuda humana, ve la mano de la misericordia de Dios, que invita a los que somete a la prueba a no confiar en otro que no sea Él… Lo importante para el padre Ricci es que la Compañía sea fiel hasta el final en el espíritu de su vocación, que es la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas.

En 1814, en el momento de la reconstitución, los jesuitas eran un pequeño rebaño, que sin embargo se sentía investido, después de la prueba de la cruz, con la gran misión de llevar la luz del Evangelio hasta el otro extremo de la tierra. Así debemos sentirnos nosotros hoy, por tanto: en salida, en misión. La identidad jesuita es la de un hombre que adora sólo a Dios y ama y sirve a sus hermanos, mostrando con el ejemplo, no sólo en lo que cree, sino también en que espera y quién es Aquel en quien ha puesto su confianza.

La Iglesia os necesita, cuenta con vosotros y sigue confiando de manera especial para llegar a los lugares físicos y espirituales a los que otros no llegan o les resulta difícil hacerlo. El jesuita, como dice San Ignacio en las Constituciones, está llamado para establecerse y hacer vida en cualquier parte del mundo donde se espera más servicio de Dios y ayuda de las almas. Tal como dela el Padre Jeroni Nadal: “Para la Compañía, cualquier lugar del mundo es su casa”.

Los jesuitas deben ser “expertos y valerosos remeros”: Remad, sed fuertes, incluso con el viento en contra! Rememos al servicio de la Iglesia! Rememos juntos! Pero mientras remamos -también el Papa rema en la barca de Pedro- debemos orar: ¡Señor, sálvanos !, ¡Señor, salva tu pueblo!

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One comment

  1. 1

    Malgrat la brevetat obligada, la nota aporta un important cabal d’informacions.
    No recordava aquesta època d’hibernació de la Companyia a Rússia.
    Tot plegat material per a un bon llibre… gairebé d’aventures.
    Gràcies.

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