Santidad de Dios: fundamentalismo y subjetivismo

Dios es el único Santo. El único digno en quien confiar y seguir de manera absoluta. Más, como Él es inefable, indefinible…

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Dios es el único Santo. El único digno en quien confiar y seguir de manera absoluta. Más, como Él es inefable, indefinible, no podemos seguirlo, porque esta fuera, más allá, de nuestra compresión.

En el judaísmo y el Islam esta dificultad es superada por el cumplimiento de su ley, de sus normas Son formas de creer que establecen una gran reglamentación de la vida. Son religiones textuales, de libro. Su gran riesgo, sobre el que ya vino a advertir Jesucristo, es que la norma acabe ocultando a Dios, y lo que es solo el camino se convierte en fin. La Yihad de muerte es una manifestación de este gran error.

El cristianismo no es el seguimiento de un texto, de una ley pormenorizada, sino de una persona, Jesucristo, de sus actos y de sus palabras, y para ello, eso si es necesario conocer los evangelios, los textos que lo narran. Hay en esto una transformación profunda: Jesucristo, Dios, es a la vez el camino, y el fin, el Alfa y el Omega. Pero esto no significa que vivamos libres de la tentación del error. El nuestro no es tanto que la norma substituya a Dios, y esto es el fundamentalismo, como incurrir en el subjetivismo, en construirse la persona de Jesús de acuerdo con los propios intereses. Este proceso es el que ha destruido la fe en Europa. La corrección solo es posible recordando la evidencia solo hay un Jesús real, y no tantos como personas que dicen seguirle. El Jesús real es el de la compasión, la acogida, y el amor, hasta el sacrificio extremo, radical, pero también es aquel que después de perdonar advierte “ves y no peques más”, el que afirma mi yugo es suave y mi carga ligera, pero que no dice, “ven que no te impongo ni yugo ni carga”. El que advierte “Quien me niegue delante de los hombres, será negado ante los ángeles de Dios”

Seguir a Jesucristo con plenitud solo es posible en el marco de referencia que establece la Enseñanza de su Iglesia, y su Tradición, porque este es el fin por el que fue instituida, de ahí que el subjetivismo destruye a la Iglesia, porque niega la razón de su existencia. La trivializa, y reduce a un grupo humano como cualquier otro

Vivir colectivamente de acuerdo con sus enseñanzas, y su Tradición, no es fosilizarse, porque como en toda tradición viva, esta se renueva constantemente a través de dos procesos, el de la competencia con otras tradiciones rivales, y el del dialogo interno. Ambos fijados de acuerdo con un solo criterio: no alterar los acuerdos fundamentales, que constituyen su naturaleza. Nuestro Credo.

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