Santidad en el pontificado, de Juan del Carmelo

La Iglesia encierra un misterio que permanece oculto a los ojos de este mundo. Jesús, en el Evangelio de Juan anuncia a sus apóstoles qu…

La Iglesia encierra un misterio que permanece oculto a los ojos de este mundo. Jesús, en el Evangelio de Juan anuncia a sus apóstoles que les enviará el Espíritu Santo. Dicho Espíritu es definido como Defensor y también como ‘Espíritu de la verdad’. La historia de la Iglesia es, toda ella, una manifestación del cumplimiento de lo anunciado por Jesucristo. A unos dos mil años de aquellas palabras pronunciadas ante unas pocas personas, podemos comprobar sus efectos.

Quien intente reducir la Iglesia a una mera asociación humana o quiera juzgarla desde los criterios por los que hablamos de otras organizaciones, tropezará con enormes problemas y se encontrará ante lo inexplicable. El misterio que encierra la Iglesia es su sobrenaturalidad. No se trata simplemente de que sucedan cosas sorprendentes, a las que no estamos habituados y que sobrepasan nuestras expectativas. La Iglesia se sabe movida por el Espíritu Santo, y también afirma que el mismo Dios que está unida a la Iglesia y garantiza su santidad, se une singularmente a las personas.
Nosotros reconocemos el camino de la Iglesia, y el acercamiento de Dios a los hombres a lo largo de la historia en personas concretas. Los rostros de los apóstoles primero, y después de sus sucesores en el ministerio pastoral, y también de los santos, nos remiten a esa presencia oculta, pero real, de Dios en medio de nosotros. Esa presencia es la que produce la santidad, que el mundo no entiende, pero que no podemos negar.
Juan del Carmelo, aprovechando las catequesis de Benedicto XVI sobre los apóstoles y primeros testigos de la cristiandad, hilvana una historia de los grandes pontífices y santos de los primeros siglos. En esa historia nos desvela la actuación del Espíritu Santo, en el magisterio eclesial y también en la fecundidad apostólica y la vida lograda de tantos testigos. Muchas herejías fueron derrotadas y, de situaciones aparentemente sin salida, la Iglesia salió fortalecida. Es una lección de la historia que no podemos olvidar en estos tiempos convulsos. No sólo no hay que olvidarla sino que es urgente hacerla presente. A ello contribuye este libro, uno más de la fecunda y amena pluma de su autor.
Todo en este mundo pasa, y los imperios antaño poderosos han desaparecido. Lo mismo sucederá con otros grandes de esta tierra. Algo permanece, es la Iglesia, porque es portadora de la eternidad, y la comunica a los hombres. Esa es la santidad, la única que explica la victoria de la Iglesia ante tantos problemas y su pervivencia hasta que todo sea recapitulado en Cristo.
Juan del Carmelo
Santidad en el pontificado
Dagosola
Madrid 2009
274 páginas
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