Se acerca la Navidad

Al decir adventus, los cristianos afirmamos, sencillamente, que Dios está aquí, que el Señor no se ha retirado del mundo, que no nos ha dejado solos, aunque no lo podamos ver ni tocar

Hace unos días he vuelto de Noruega, donde hace tiempo que voy por motivos familiares. Allí se empieza a vivir el ambiente navideño, como en el resto de países del norte, con más anticipación que aquí. Hace más frío, ya ha empezado a nevar, el día se acorta mucho… y las calles se llenan de luces y de canciones. Todo el ambiente es navideño desde hace días… y eso me ha recordado un texto de Edith Stein*, del año 1931, y que lleva por título El misterio de la Navidad. Comienza con sus recuerdos de este ambiente frío e invernal de su país cuando se acercaban estas fechas:

«Cuando los días son cada vez más cortos, cuando en el curso de un invierno normal caen los primeros copos de nieve, se abren camino con timidez y humildad los primeros pensamientos de la Navidad. De esta sencilla palabra emana una fascinación misteriosa a la que muy difícilmente puede sustraerse un corazón. También los que profesan otra fe y los no creyentes, a los que nada dice el antiguo relato del Niño de Belén, preparan la fiesta y procuran irradiar en todas partes un rayo de alegría. Una fiesta de amor y de alegría: esta es la estrella hacia la que todos van en los primeros meses invernales».

Continúa recordándonos que

«para un cristiano la fiesta de Navidad tiene otra dimensión tal como nos lo anuncia el Adviento: ¡El Señor se acerca! ¡Adorémoslo ¡Ven Señor, no tardes! Sí, cuando de noche los árboles de Navidad brillan y suenan las campanas de medianoche, una nostalgia no satisfecha nos impulsa hacia otra luz resplandeciente… Y el Verbo se hizo carne. Este es el momento en el que nuestra esperanza queda satisfecha de felicidad».

Nosotros ahora acabamos de iniciar el tiempo de Adviento, este tiempo tan importante al que le dedicamos cuatro semanas. Pero… ¿somos conscientes de lo que representa este tiempo?, ¿sabemos qué quiere decir y por qué lo celebramos…?

Como muchas palabras de nuestro idioma la palabra viene del latín adventus que significa “presencia”, “llegada”, “venida”. No es una palabra acuñada por el cristianismo, sino que ya era utilizada por los romanos en el ámbito profano para designar la primera visita de un personaje –el rey, el emperador o un funcionario– con motivo de su toma de posesión.

Los cristianos adoptaron el término para expresar su relación con Jesucristo. Al decir adventus, los cristianos afirmamos, sencillamente, que Dios está aquí, que el Señor no se ha retirado del mundo, que no nos ha dejado solos, aunque no lo podamos ver ni tocar. Y a nosotros nos toca vivir y recordar, año tras año, esta realidad tan fundamental. Esto es lo que celebramos en el tiempo de Adviento: el tiempo con el que debemos tener el deseo de preparar la venida del Señor.

De una manera muy bonita Edith Stein, en su escrito, nos visualiza y esboza la imagen de la Navidad:

«Un pesebre y el Niño de quien sentimos el latido de su corazón. Y su Madre y José… y los pastores… y los Magos…, representantes de los que buscan desde todas partes y desde todos los pueblos. Frente al Niño en el pesebre los espíritus se dividen y aparece también la noche del endurecimiento del corazón, de la incomprensible ceguera de los escribas y Herodes. El Niño nos sitúa ante la decisión de elegir entre la luz o las tinieblas».

Y continúa con esta preciosa imagen de nuestra filiación divina:

«Con su encarnación Dios se convirtió en un hijo de los hombres para que éstos pudieran convertirse en hijos de Dios. Si ponemos nuestras manos en las del Niño y decimos que ¡sí! a su ¡sígueme!, caminaremos dando la mano a Dios. Esta es la base de la libertad y la alegría del hijo de Dios… Así tendrá lugar en nosotros un auténtico cambio de mentalidad y no tendremos miedo de que el camino que parte de Belén avance, necesariamente, hacia el Gólgota, que se dirija desde el pesebre hasta la cruz».

Si somos capaces de ampliar el horizonte de nuestro corazón, de que la vida no dependa de nuestras seguridades y de no hacer resistencia cuando el Señor viene a cambiarla, sabremos vivir y transmitir estas sencillas vivencias a nuestros familiares y amigos, y seguro que los ayudaremos a vivir el Adviento y la Navidad con una dimensión más bella y más grande.

*        *        *

*Edith Stein nació en 1891 en Breslau, Alemania (hoy Wroclaw, Polonia), en el seno de una familia judía. Era la pequeña de once hermanos. Mujer de una elevada inteligencia y cultura fue profesora de filosofía y discípula de Edmund Husserl y Max Scheller. Dejó la práctica judía y se volvió atea. A los 30 años lee una biografía de Santa Teresa que le hace descubrir el catolicismo y el año siguiente se convierte. A los 40 años entra en el convento de carmelitas de Colonia y profesa con el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz. En 1942, a los 51 años, es arrestada y deportada a Auswitch –es el número 44.074– donde es quemada. En 1998 el Papa Juan Pablo II la canonizó y en 1999 la nombró co-patrona de Europa.Principio del formulario
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