Se arrepiente de haber trabajado para Planned Parenthood: “la raíz del problema, hemos perdido nuestra espiritualidad”

A los jóvenes se les vende la mentira de la libertad sexual y “viven como si sus cuerpos fueran creados para ser objetos sexuales”, advierte Ramona Treviño, que trabajó tres años para una clínica abortista en Texas de la multinacional del aborto más grande del mundo

“Dios me llamó de regreso y de lleno a la Iglesia. En ese momento me di cuenta que lo que yo estaba haciendo en Planned Parenthood estaba mal, especialmente como mujer católica”. Con estas palabras explica Ramona Treviño como empezó su conversión, después de haber trabajado tres años en una clínica abortista en Texas para la multinacional del aborto más grande del mundo. “La raíz del problema es que hemos perdido nuestra espiritualidad y nuestra conexión con Dios”, afirma Treviño, que es autora del libro Redimida por la gracia. El camino de una mujer católica hacia Planned Parenthood y su regreso, de Ignatius Press. “El cielo se alumbro” Ramona tuvo una infancia nada fácil. Nació y creció en un hogar con muchas carencias y, además, su padre era alcohólico. Sus padres estaban casados por la Iglesia, pero ella recibió sólo el sacramento del bautismo y nunca tuvo una formación en la fe, según informa El Pueblo Católico, periódico oficial en español de la Archidiócesis de Denver. Así, poco se podía imaginar Ramona cuando era joven, mientras estaba embarazada y tenía una relación violenta, que su vida iba a dar una serie de giros imprevisibles: en pocos años estaría trabajando para Planned Parenthood, para después convertirse en ferviente católica y en una defensora de la vida. Un día, viendo a sus padres discutir, Ramona subió desesperada a la azotea de su casa para intentar hablar con Dios: “Le pregunté si estaba escuchando mi oración y en ese momento el cielo se iluminó. Fue como un rayo que se encendió para responderme que estaba ahí. Que era real”. La oferta de Planned Parenthood… Sin embargo, la vida siguió su curso y pronto olvidó esa especie de revelación. Fue madre a los 16 años y terminó involucrada en una relación abusiva que duró ocho años y le condujo a una vida de promiscuidad y dolor. “Sufrimos cuando hacemos cosas fuera del plan de Dios. Eso es algo que he visto en mi propia experiencia”, asegura. Poco después hubo más cambios: conoció a Eugene, quien ahora es su esposo y juntos formaron familia. Pero también entonces surgió una oferta de trabajo tentadora, la de Planned Parenthood, que para ella se presentaba como una oportunidad de ayudar a mujeres en situaciones difíciles. …y el grito de la conciencia Ramona no era consciente entonces de que su trabajo como gerente de la clínica de Planned Parenthood en Texas estuviera vinculado al aborto y a eliminar vidas humanas; y mucho menos al tráfico de órganos procedentes de esos abortos. Pero así era y, después de tres años trabajando con ellos, experimentó un despertar espiritual. Ramona escuchó casualmente por primera vez Radio Católica mientras entrevistaban a una mujer que había tenido un aborto en esa organización. “Me quedé en mi carro (coche) más de una hora a escuchar la radio y me tocó profundamente lo que decían. Especialmente lo del aborto”, recuerda con voz entrecortada. Fue en ese momento cuando sintió la llamada de Dios y se dio cuenta de que su trabajo con esa organización no era algo bueno. Aunque en la clínica donde trabajaba Treviño no se hacían los abortos, sí enviaban a las pacientes a los centros donde los practicaban. Además, repartían anticonceptivos y el plan abortivo B a jovencitas menores de edad, sin el consentimiento de sus padres. La mentira que se vende a los jóvenes Ramona explica cómo el haber trabajado en esa organización le permitió descubrir y poder denunciar ahora la mentira que se les vende a los jóvenes: la de la libertad sexual, que al final los lleva a convertirse en objetos sexuales, advierte. Treviño tomó finalmente la decisión de renunciar a su trabajo un poco después, cuando representantes de la campaña ’40 Days for Life’ (’40 Días por la Vida’) se presentaron ante a su oficina. Ella vio en este hecho un mensaje que Dios le enviaba y no quiso dejar pasarlo. Ramona es madre de cinco hijos: Lorena, Savannah, Elijah, Philip y Ramiah, y actualmente se dedica a dar conferencias sobre su experiencia en la multinacional del aborto y sobre cómo Dios le cambió la vida. “Cuando los chicos (as) vienen a nosotros con situaciones difíciles, debemos amarlos y aceptarlos tal cual son. […] Después debemos ayudarlos a salir del círculo que los ha llevado al lugar en que ahora se encuentran”, asegura Ramona. “El que las mujeres estén buscando un aborto o un anticonceptivo es un problema, pero el verdadero problema está en que los chicos ya no se respetan entre ellos, y mucho menos a sí mismos; ellos viven como si sus cuerpos fueran creados para ser objetos sexuales”, advierte. “La raíz del problema es que hemos perdido nuestra espiritualidad y nuestra conexión con Dios”, concluye.

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