Se critica un supuesto sistema clasista en la escuela concertada; el Defensor del Pueblo catalán apunta al de la pública

Rafael Ribó advierte de que se está rompiendo el principio de equidad del sistema público de enseñanza y de que en los centros públicos hay desigualdad entre las cuotas que sufragan las familias, bien directamente o por actividades extraescolares

Se pone el foco en un supuesto elitismo de los centros concertados, Rafael Ribo apunta al de la educación pública Se pone el foco en un supuesto elitismo de los centros concertados, Rafael Ribo apunta al de la educación pública

No son pocas las críticas que desde organizaciones laicistas o determinados partidos políticos se han hecho en los últimos tiempos a la escuela concertada, a pesar de que uno de sus alumnos le cuesta al Estado menos de la mitad que uno de la pública.

En lo que se puede considerar como una irracional persecución, se acusa a los centros concertados de ser elitistas, de discriminar a los inmigrantes, y se pide que los recursos de los conciertos educativos debieran dedicarse a la educación pública.

Pero, ante las críticas a ese supuesto sistema clasista en la escuela concertada, cabría preguntarse si las propias administraciones no deberían arreglar primero el que se constata en la escuela pública.

En ese sentido, el Síndic de Greuges, el equivalente al Defensor del Pueblo en Cataluña, Rafael Ribó, ha lanzado una alerta en la que advierte de que se está detectando un sistema clasista en la escuela pública. Y lo hace en su informe ‘La segregación escolar en Cataluña: condiciones de escolarización’, donde analiza “los desequilibrios entre los mismos centros de titularidad pública, entre los que tienen concierto y dentro de los mismos barrios”, según informaba el pasado jueves, 10 de noviembre, el diario La Vanguardia.

¿Escuela pública o escuela concertada? Cada alumno de los centros concertados le cuesta al Estado menos de la mitad que uno de los públicos

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Una radiografía de los desequilibrios

El informe hace una radiografía de los desequilibrios en los niveles de demanda de escolarización y por qué se producen. Los centros tienen costes de escolarización distintos (las cuotas), proyectos educativos heterogéneos, instalaciones también dispares que provocan que los grupos sociales se distribuyan de forma desigual en el sistema público.

La Sindicatura advierte de que, de esta manera, las familias con un mayor nivel socioeconómico se agrupan normalmente en determinadas escuelas, y las menos favorecidas, en otras, con lo que se rompe el principio de equidad que debe regir el sistema público de enseñanza.

La “triple red”

El informe elaborado por Ribó habla de “una triple red de centros con oportunidades diferenciadas para sus alumnos”.

En primer lugar, están escuelas mayoritariamente públicas pero también concertadas con una composición social desfavorecida; centros garantizan la prestación “básica” de la educación pero sufren limitaciones para desarrollar su proyecto debido a la débil demanda para entrar en ellos.

También estarían las escuelas públicas y concertadas con un alumnado heterogéneo y un proyecto educativo consolidado pero no singularizado. Aunque no originan rechazo, tampoco atraen una gran demanda.

Por último, están los centros públicos y concertados con una composición social generalmente más favorecida que su entorno, con gran capacidad para atraer la demanda de familias con más posibilidades culturales y económicas.

Manifestación contra los recortes en la escuela concertada y por el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos

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Las acusaciones contra la concertada, en la pública

Sin embargo, aunque las críticas en este sentido llueven sobre la concertada, muchas de esas acusaciones las detecta Ribó también en la pública.

Así, por ejemplo, uno de los componentes de esa “triple red” es el coste de escolarización, que en los centros públicos se manifiesta en una desigualdad entre las cuotas que sufragan las familias, bien directamente o a través de actividades de las ampas, donde se cobra por actividades que se desarrollan durante el horario escolar, como material, salidas o excursiones.

La Sindicatura menciona también que hay ampas que colaboran en la contratación, por ejemplo, de profesores de plástica u idiomas, cuya capacidad depende del dinero que tienen. Y también señala hacia los precios del comedor escolar, que a pesar de tener un máximo establecido en la escuela pública algunos centros lo sobrepasan.

Ribó insiste en que las actividades extraescolares, que no son gratuitas, suponen desequilibrios. De hecho, las escuelas públicas con una composición social favorecida tienen una oferta amplia y diversificada, mientras escuelas con familias más desfavorecidas no se las pueden permitir, un hecho que debilita su proyecto educativo, redundando en la segregación.

Por último, el Síndic denuncia que algunos procesos de singularización de la oferta pueden ser poco inclusivos y afectar a la equidad, como en algunas escuelas públicas con proyectos singulares y con un alumnado socialmente diferenciado. Por ejemplo, advierte de que en las jornadas de puertas abiertas algunos centros buscan atraer a un determinado tipo de familias.

En cualquier caso, cabe añadir que cuando se plantea la dicotomía enseñanza pública frente a enseñanza concertada, se insiste en que la enseñanza concertada es elitista y rechaza a alumnos con dificultades especiales o de ambientes marginales, todo ello sin tener en cuenta que la escuela concertada es consecuencia del derecho constitucional de los padres a elegir la educación moral y religiosa de sus hijos.

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One comment

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    No tiene ningún sentido, desde convicciones católicas militantes, defender el régimen de conciertos. El tipo de adoctrinamiento que se da en esas escuelas es tal, que tendrían que ser los partidos de izquierdas y separatistas los que defendieran esos conciertos. Desde el catolicismo militante, más valdría defender el cheque escolar.

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