Sebastián, Solbes y Solchaga: ¿quien gobierna realmente la economía española?

Rodrigo Rato fue el único ministro de la era Aznar. Se mantuvo en la cartera de Economía los ocho años. Nada que ver con la interinidad de Mariano Raj…

Rodrigo Rato fue el único ministro de la era Aznar. Se mantuvo en la cartera de Economía los ocho años. Nada que ver con la interinidad de Mariano Rajoy. Si tenemos en cuenta que los gobiernos populares se han saldado -entre otras cosas- con el "milagro económico", cabe concluir que la era Aznar debería llamarse "era Rato". Y si los manuales de dirección afirman que el número ideal de socios de una empresa es un número impar inferior a tres, en política económica se puede colegir que la bicefalia lejos de ser imperial, resulta caótica.

La falta de autoridad ha provocado verdaderos "reinos de Taifas" en el área económica socialista. Los presupuestos los elabora Economía, pero los cocina Rubalcaba. El mismo Secretario de Estado de Presupuestos, Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO) reconoce que las negociaciones sobre las cuentas públicas se le escapan. Y eso significa que si bien se ha mantenido el techo de gasto, se han relocalizado 400 millones de euros, que es más del doble de lo que recibe la Iglesia del Estado.

Y la fiesta no ha hecho sino empezar. El PP ya ha anunciado que el gobierno lo tendrá difícil en el Senado. Lo que quiere decir que el PSOE deberá de hacer encaje de bolillos para aunar la voluntad de CiU, PNV, BNGa, ERC e IU. Demasiado. Izquierda Unida elevará sus exigencias ahora que Moratinos asegura que Zapatero será el garante de la reducción del antiamericanismo español. BNGa insiste en la inversión estatal en el puerto de La Coruña, el PNV exige el acercamiento de los presos y la "flexibilización" de la Ley de Partidos, y CiU se sumará a peticiones imposibles en su actual estrategia de competir en catalanidad con ERC.

Rubalcaba se tendrá que empeñar. Y es posible que el plato final tenga poco que ver con la cocina de Solbes. Pero es que además, el asesor gastronómico de ZP, Miguel Sebastián, está empeñado en meter la cuchara, que para eso tiene un ejército de 200 asesores en disposición de disparar un informe. Sobre todo si se trata en moverle la silla a los presidentes de las privatizadas. Ya saben, esas sociedades mercantiles cuyo presidente nombra la soberana Junta de Accionistas… La operación de Cortina en Repsol se cocinó en Moncloa. Sebastián se quedó sin cartera, pero está dispuesto a ejercer su influencia de fontanero monclovita. Macroeconomía, empresas y relaciones internacionales son sus tres patas. Y desde luego tiene mucho que ver en el besamanos que el gobierno español ha emprendido hacia el gobierno norteamericano. Con las cosas del comer, no se juega.

Desde Ferraz se mira a Sebastián como un "paracaidista" de perfil técnico. Y ya se sabe, "es la hora de los políticos, no de los contables". Jordi Sevilla dixit. Sin embargo, Sebastián ha hecho buena pinza con el histórico Carlos Solchaga. El prohombre de la economía del felipismo, consultor en sus ratos libres, y hombre fuerte desde la larga sombra de Felipe González. Solchaga tiene tanto peso que ya en abril se permitía hablar en primera persona del plural a los directivos del Repsol sobre el proyecto socialista para la economía y las empresas.

Y sobre las privatizadas lo tenía muy claro: utilizar a los accionistas de referencia y desgastar hasta que el "Rato boy" tire la toalla. La salida de Cortina demuestra que la estrategia funciona. Y seguirán: Solchaga desde su consultora y Sebastián desde Moncloa. Mientras tanto, Solbes se entera por la televisión de la subida de pensiones y del plan de salvamento de Izar. Sus asesores amenazan con dimitir. No me extraña.

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