Seis maneras de recuperar la autoridad positiva ante nuestros hijos

¿Cómo afrontar las dificultades que conlleva ejercer una autoridad eficaz en el seno de la familia respecto a los hijos? Esta es una pre…

¿Cómo afrontar las dificultades que conlleva ejercer una autoridad eficaz en el seno de la familia respecto a los hijos? Esta es una pregunta para la que, en los tiempos que corren, muchos padres no encuentran respuesta. En ese sentido, José María Lahoz García, pedagogo (Orientador escolar y profesional), propone algunas recomendaciones para salir airosos ante esas dificultades.

Según información publicada en SoloHijos.com, este profesor de Educación Primaria y de Psicología, y Pedagogía en Secundaria, opina que “la solución no es tan difícil aunque, eso sí, necesita constancia, unas pocas normas muy claras y favorecer al máximo la participación de nuestros hijos a la hora de tomar decisiones”.

Lahoz comenta en su artículo que, “al comienzo de este año, escuché unas declaraciones de representantes de asociaciones de padres y madres que decían lo siguiente: ‘Dado que los padres, en las actuales circunstancias sociales no podemos hacer frente a la educación de nuestros hijos, exigimos que las administraciones públicas pongan a nuestra disposición todos los medios necesarios para …’ Me inquietaron dos de las ideas que expresaron: ‘no podemos hacer frente a la educación de nuestros hijos…’ y ‘que las administraciones públicas…’ hagan algo para educarlos”

Una autoridad debilitada

Sin embargo, el experto considera que “somos los padres los que debemos educar a nuestros hijos y de ninguna manera me gustaría ceder ni un ápice de este derecho a las administraciones públicas. […] Los padres tenemos la posibilidad y la capacidad para educar a nuestros hijos y podemos hacerlo bien, salvo en casos muy especiales”.

Es un hecho cierto que, en numerosas familias, la autoridad de los padres se ha debilitado. Muchos padres no consiguen poner límites a los horarios de sus hijos, a los tipos de diversiones, a las demandas consumistas, a su desidia en los estudios, a sus malos modales… Lahoz opina que “buscar las causas y las soluciones fuera de la familia no sirve de nada”.

El experto considera que “la solución a esta crisis de autoridad debemos buscarla en el interior de la familia y, sobretodo, en cómo nosotros, los padres, la estamos ejerciendo”. “¿Quizás nos estamos equivocando? ¿Qué se necesita para disfrutar de una autoridad eficaz?, se pregunta.

Por todo ello, José María Lahoz afirma que la autoridad de los padres será eficaz si reúne ciertas condiciones. De no ser así, “la no existencia de alguna de estas condiciones puede ser la causa real de la crisis de nuestra autoridad como padres”, y “en la medida que consigamos cumplir mejor estas condiciones, nuestra autoridad podrá recuperarse o fortalecerse. Lo mejor es empezar a ejercer una autoridad positiva cuando nuestros hijos son pequeños. Pero si no ha sido así, todavía estamos a tiempo”.

Estas son las propuestas que hace este experto pedagogo:

  1. El consenso en la pareja. Que la pareja debe estar de acuerdo en relación con los objetivos y los medios educativos es algo que resulta evidente aunque a veces no es fácil de llevar a cabo. La responsabilidad como educadores, y por tanto la autoridad, es tanto del padre como de la madre, y sólo el acuerdo entre ambos permitirá progresar correctamente en la educación de nuestros hijos. Se necesitará el intercambio constante de información entre la pareja sobre nuestros hijos, sobre cómo podemos ayudarles, las normas que estableceremos, los estímulos que les proponemos… Es bueno que los padres lleguen a un acuerdo antes de planteárselo a sus hijos. Y aunque a veces resulte difícil llegar los dos a un mismo punto debéis pensar que esta dificultad también es una ventaja, ya que en el momento de observar y saber de vuestros hijos, veréis mejor con cuatro ojos que con dos. No perder de vista que podéis ayudaros y que debéis apoyaros.
  2. La autoridad debe ejercerse de forma participativa. Los padres no debemos imponer nada a nuestros hijos de manera despótica. Debemos proponer alternativas u opciones entre las que escoger y dejar que nuestros hijos participen en la toma de decisiones. Si somos respetuosos con nuestros hijos ellos también lo serán con nosotros. Mientras que si nos comportamos de una manera demasiado exigente mandando y obligando en lugar de sugerir y proponer, sólo conseguiremos desobediencia, indisciplina y rebeldía.
  3. Los padres deben buscar la felicidad de los hijos y potenciar su autonomía. No debemos pedir o mandar cosas a nuestros hijos para nuestra comodidad o para nuestro propio o exclusivo beneficio. Sólo en la medida en que nuestros hijos reconozcan que las normas que establecemos y las cosas que les mandemos son para su propio beneficio e interés, nos aceptarán como autoridad. La autoridad-servicio produce necesariamente la autoridad-prestigio.
  4. La autoridad no debe ser aleatoria, debe apoyarse en valores y normas estables. Nada hay más destructivo que los cambios de actitud de los padres en lo que respecta a lo que es bueno o malo, lo que hay que hacer y lo que no, lo que es importante y lo que no lo es. Mandar o exigir cosas según el propio estado de ánimo o según las circunstancias es una manera muy eficaz de conseguir que perdamos autoridad sobre nuestros hijos. Si ellos observan que tus exigencias no responden a otra cosa que a tu cansancio, malhumor, etc. no se verán obligados a obedecer ni entenderán por qué deben hacerlo: “Total, espero a que se le pase el enfado y ya está”.
  5. La conducta de los propios padres debe ser coherente. Los padres deben predicar con el ejemplo. Los modos de conducta incoherentes o falsos generan sencillamente rebeldía. La siguiente escena es muy significativa: “¿Queréis dejar de gritar como salvajes maleducadoooooooos?” -Grita con todas sus fuerzas la madre a sus hijos, que están inmersos en un gran alboroto.
  6. La autoridad debe traducirse en hechos. La autoridad, además de tenerla, hay que ejercerla. Hay que tomar decisiones sobre lo que deseamos para nuestros hijos y sobre las ayudas que necesitan. Establecer, con su colaboración, las normas que revestirán el ambiente de nuestra casa. Velar por el cumplimiento de las normas establecidas y detectar los problemas de los hijos. Exigirles que cumplan su cometido y sancionar su conducta de manera positiva o negativa para ayudarles a desarrollar su propia conciencia. Necesitamos dedicación y empeño, pero nuestra autoridad para con los hijos la encontraremos en su ejercicio.

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