Separaciones, divorcios y otras series de éxito veraniegas (III): Los hijos, niños, jóvenes y no tan jóvenes

El divorcio, las separaciones, niegan el origen fundante de sus vidas a los niños, a los jóvenes y a los no tan jóvenes. Niegan l…

El divorcio, las separaciones, niegan el origen fundante de sus vidas a los niños, a los jóvenes y a los no tan jóvenes. Niegan la primera piedra, el acto fundante. Tus padres son personas con experiencia, quizá grandes profesionales, tíos de lo más guay, pero no valemos para fundar el futuro, para entregar nuestro legado a algo absolutamente nuevo, al milagro de nuestros hijos. No valemos para explicarte para qué estás aquí. No eres nada. No hay tú, porque no hay nosotros. Vosotros, fuisteis un deseo que tuvimos tu padre y tu madre, o peor aún, un error, un acontecimiento que se impuso pero que no tenía sitio en nuestros planes, que dejamos correr y desarrollarse porque estábamos dudosos en aquel embarazo imprevisto, porque no sabíamos que era esto de ser padre-madre (por eso no te abortamos).

O peor aún, ellos se dan cuenta de que papá no y mamá sí. Y los siguen queriendo, porque cada célula de su cuerpo los quiere, y cada célula tiene el ADN formado por el ADN de su padre y de su madre, está quebrado por la mitad. Y ya ni te cuento cuando pasa lo que a un conocido: el hijo proviene de una fecundación in vitro con el esperma del padre, el óvulo de una madre desconocida, insertado en su madre adoptiva, fruto de una pareja de hecho que se separó. El hijo, antes o después, sentirá que es un capricho medio construido en una cadena de montaje.

Por eso, en esta sociedad llena de tecnología, de competencia feroz de las empresas en el mercado, donde se alaba la juventud y la belleza juvenil de manera ubicua y perpetua, donde las pantallas escupen cuerpos y rostros jóvenes sin parar, por otro lado, les recuerda una y otra vez que son ingenuos, que no saben, que no están preparados para trabajar, para ser padres, para recibir el legado de los mayores.

En el fondo, molestan. Estábamos aquí tan bien, en este mundo real, salvaje, vacío de ideales baratos y de tonterías ilusorias, y venís vosotros con esas sonrisas, con esas ilusiones, con esos corazones llenos de hambre de esperanza, de concordia, terreno fértil para el amor. Los mayores les dicen: estamos trabajando durísimo para que nuestros deseos se realicen, mirad los bienes materiales que hemos conseguido, mirad lo que hemos trabajado por vosotros (mentira), pero no tenéis trabajo, porque no estáis preparados, porque tenéis la cabeza llena de chorradas, porque pensáis en estupideces.

Venís a molestar. En nuestro proyecto de adultos, el amor era una cosa para sentirse bien, una cosa para autorealizar las propias potencialidades. Nos permitió estabilizarnos, buscar un sitio en el mundo. Vinisteis al mundo porque fuimos extraordinariamente generosos, y quisimos mostraros nuestros dominios, nuestro reino de verdad-real, de belleza-real, el mundo tal-como-es y como os hemos protegido de la inestabilidad del futuro, de lo incontrolable. No es un problema de egoísmo, de cinismo. No sabéis ser realistas. No tenéis la experiencia de haber estado en la calle de la vida real.

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