Ser padre

La reciente polémica aparecida en Suecia, sobre la posibilidad de autorizar la FIVET en mujeres sin pareja, se basa en la importancia que se da…

Forum Libertas

La reciente polémica aparecida en Suecia, sobre la posibilidad de autorizar la FIVET en mujeres sin pareja, se basa en la importancia que se da al hecho de que sean dos personas, padre y madre, las responsables de educar a un nuevo ser humano y a la constatación de las mayores dificultades que se dan en las familias monoparentales, muy abundantes por otro lado en aquella sociedad.

Hace ya unos años que un conocido sociólogo afirmaba que muchos de los problemas del mundo actual se basaban en la necesidad de que existieran en la sociedad “más familias con padre y más madres en la sociedad”.

En un folleto que publiqué sobre la educación de los hijos, citaba la afirmación de un conocido pediatra que decía: desde la etapa prenatal, el hijo ha de recibir estimulación y afecto de sus dos progenitores; los abuelos, la puericultora, la cuidadora, pueden ocupar un sitio importante, pero nunca sustituto de la figura paterna, ya que si es la madre la que al alumbrarle le abre la puerta del mundo, ha de ser el padre el que le ayude a cruzar esta puerta y abrirse a las primeras relaciones sociales. Sucintamente lo resumía en la frase de que la segunda madre de un niño debe ser su padre.

La madre, que durante el embarazo crea en su cuerpo y en su mente espacio para el hijo, debe permitir que se dé también desde las primeras etapas un contacto íntimo con el padre. Porque también el padre debe aprender a dejar espacio a su hijo, que lo precisa para crecer con buena salud física y mental, y este aprendizaje mejorará palpablemente la empatía del padre y la futura sociabilidad positiva del hijo.

Si para la madre la vinculación afectiva es un hecho biológico física y químicamente mesurable, la del padre debe fabricarse con voluntariedad y constancia. Pero, para que el padre entre en este binomio que son la madre y el hijo, es importante que ella le deje ocupar parte de este espacio de intimidad con su hijo, sin pretender acaparar el 100% del entorno filial.

La experiencia de padres de niños prematuros que acuden con frecuencia a cuidar de sus hijos en los momentos en que pueden salir de la incubadora es sumamente gratificante y evidencia que, cuando lo abrazan, lo colocan sobre su pecho piel a piel mientras le hablan o le dan el biberón, se crea con mucha facilidad el vínculo paterno-filial. También ayuda el hecho de que el padre acuda a las clases de preparación al parto, colabore en el momento del alumbramiento y se incorpore en los primeros días de vida del bebé a su cuidado y atención.

Nunca el vínculo físico que une al hijo y al padre podrá tener la objetividad que se da en el contacto madre-hijo ya que la diferencia esencial es que mientras uno crece dentro de su cuerpo, el otro debe introducirlo lentamente primero a través de un reconocimiento intelectual y en segundo lugar afectivo-emocional; pero, para conseguirlo, tiene que crear en su vida un hueco profundo donde el hijo crezca y se convierta, con su ayuda, en una persona autónoma, segura y madura.

Dra. Montserrat Rutllant

Fundación Pro Vida de Catalunya

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