Si el otro se convirtiera realmente en mi hermano…

Cristóbal López es un salesiano, nacido en Badalona (Barcelona), que anima en estos momentos una presencia salesiana en Kenitra (Marruecos)Queridos am…

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Cristóbal López es un salesiano, nacido en Badalona (Barcelona), que anima en estos momentos una presencia salesiana en Kenitra (Marruecos)

Queridos amigos:

Quisiera compartir con vosotros el texto que nuestro obispo de Rabat ha escrito a propósito de este lamentable ambiente que se ha creado en el mundo a partir de la publicación de las ya famosas caricaturas del Profeta. Es tan bueno como breve, y ya se sabe que lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Aquí estamos tranquilos por ahora. Ha habido algunas manifestaciones organizadas oficialmente por el gobierno, los partidos políticos, los sindicatos y asociaciones, pero bajo total control. No ha habido, que sepamos, reacciones desmesuradas ni desmanes incontrolados. Hace unos días apareció a las diez de la noche un policía que me dijo: "Me envían para proteger la escuela". Y hasta hoy, en tres turnos de ocho horas, estamos protegidos discretamente.

 

Testimonios de una convivencia pacífica

Lógicamente estos acontecimientos ayudan y obligan a reflexionar. Yo he llegado a la conclusión de que si nuestra presencia aquí tenía ya antes un sentido muy concreto e importante, ahora, después de todo esto, se hace imprescindible. Sí, porque cuando hay gente que, desde ambas orillas, parece interesada en atizar el fuego y provocar enfrentamientos, se hacen indispensables los testimonios vivos y concretos de una convivencia pacífica y amistosa y de un trabajo conjunto y aunado entre -en nuestro caso- musulmanes y cristianos, occidentales y marroquíes. No hay oposición, aunque sí diferencia, de religiones; podemos sumar, e incluso multiplicar, sin necesidad de restar y menos aún de dividir. No hay conflicto de civilizaciones si nosotros no queremos que lo haya; por contra puede haber, si nos lo proponemos y tal como aquí atestigüamos, enriquecimiento mutuo.

Nuestra escuela primaria "Don Bosco" y nuestra escuela técnica JUK-SPEL (ambas en Kénitra y ambas escuelas católicas, pertenecientes al ECAM – Enseignement Catholique au Maroc) son, en su funcionamiento, una realización concreta y un ejemplo palpable de lo que es el diálogo interreligioso: trabajar juntos y en armonía, con objetivos comunes. Me permito explicar, para quienes no me lo escucharon decir, que en ambas escuelas todas las familias y alumnos son musulmanes y que entre los 44 profesores sólo dos son cristianos (ninguno en la escuela Don Bosco, excepto el director, que soy yo)

Los pilares del sistema educativo

Hace dos días, el sábado 11 de febrero, tuvimos una Jornada Pedagógica con la participación de 75 profesores (casi todos de las cuatro escuelas católicas de Kénitra; había sólo diez de otras dos escuelas de Casablanca y Mohammedia). ¿Tema? Los pilares del sistema educativo de Don Bosco (como continuación de una anterior jornada que presentó el Sistema Preventivo en general). Sólo seis éramos cristianos (dos sacerdotes, dos religiosas y dos laicos). Quisiera para los profesores de todos colegios salesianos del mundo un entusiasmo semejante al que tienen los de aquí con respecto a Don Bosco y su estilo educativo. Quisiera para todos los salesianos la profundidad de reflexión que demostraron los profesores musulmanes al sacarle el jugo, versículo a versículo, a la parábola de los talentos aplicada a la educación. ¿Es o no es posible compartir opciones educativas y trabajar juntos? Como expresión de agradecimiento, le ofrecimos a Olivier Robin, el salesiano que vino de Lyon para animar nuestra jornada, un ejemplar del libro "Nuestro Proyecto Educativo", preparado y publicado por el ECAM. Es un proyecto en el que cristianos y musulmanes nos reconocemos y cuya elaboración contó con la participación de los directores de las 17 escuelas católicas de la diócesis de Rabat, más de la mitad de los cuales eran y son musulmanes.

En conclusión: hoy más que nunca la presencia cristiana en Marruecos, aunque pequeña y silenciosa, es muy significativa. Significa y expresa la voluntad de convivir fraternalmente, de compartir la fe en Dios y el trabajo por un mundo mejor. Significa y demuestra a nuestros amigos musulmanes que los cristianos no sólo no estamos en oposición a ellos, sino a su lado, y que, parafraseando lo que Juan XXIII dijo en otro contexto, "es mucho más lo que nos une que lo que nos separa".

Hoy más que nunca nuestra presencia aquí puede ser significativa allí, en Europa. Porque nosotros podemos y debemos deciros que quienes realizan y promueven los desmanes y actos vandálicos estos días ante embajadas e instituciones europeas no son representativos del mundo musulmán; son una minoría -a veces manipulada política y religiosamente- que, desgraciadamente y como siempre sucede, hacen más ruido que la mayoría pacífica y abierta (hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece). Nosotros nos sentimos ahora en la responsabilidad de comunicar en voz alta la experiencia que estamos viviendo en Marruecos desde hace mucho (la presencia salesiana data aquí de 1937). Nosotros sentimos la urgencia de llamar e invitar a todos al respecto, al diálogo y a la fraternidad que brotan del amor.

Quiera Dios que podamos tender puentes allí donde otros se emperran en cavar fosas y ahondar fosos.

 

Texto de Vincent LANDEL s.c.j, arzobispo de Rabat

¡Si el otro se convirtiera realmente en mi hermano!

¡Y si el otro se convirtiera realmente en mi hermano!

 

¿No es esta la cuestión que hay que plantearse ante el debate que circula en los medios?

Si el otro se convirtiera realmente en mi hermano, ¿podría yo poner en cuestión la fe que le hace vivir?

¿Podría yo burlarme de una manera u otra de sus creencias?

Si el otro se convirtiera realmente en mi hermano, ¿podría yo hablar de libertad sin vivir el respeto?

Si el otro se convirtiera realmente en mi hermano, ¿podría yo rechazarle con actos de violencia contra su persona o sus bienes?

Si el otro se convirtiera realmente en mi hermano, ¿podría yo permitirme hablar de él negativamente a sus espaldas? ¿Podría yo permitirme destruir incluso hasta su intimidad?

Si el otro se convirtiera realmente en mi hermano, le podría encontrar en verdad, podríamos hablar simplemente, incluso sin estar de acuerdo en todo.

Si el otro se convirtiera realmente en mi hermano, su encuentro me haría crecer; y estoy seguro que él también crecería.

Si el otro se convirtiera en mi hermano, nuestras miradas podrían cruzarse y una sonrisa verdadera iluminaría nuestros rostros.

Si el otro se convirtiera realmente en mi hermano, ¡qué mundo tan apasionante podríamos construir!

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