“Si esperamos a tener mucho para dar, al final no damos nada»: dice una misionera de Reus desde el Congo

Cuando uno lleva cuatro décadas de misionero en la República Democrática de Congo, ha visto dictaduras, guerras, miseria y abus…

Cuando uno lleva cuatro décadas de misionero en la República Democrática de Congo, ha visto dictaduras, guerras, miseria y abusos de todo tipo. Pero en vez de esperar "a que escampe", los misioneros se ponen a trabajar desde que llegan, y así hacen dar fruto alas ayudas que reciben.
Isabel Correig, misionera laicanatural de Reus (Tarragona) explica su trabajo en el centro "Elikya" ("esperanza", en lengua lingala) que acoge a niños de la calle o en situación de riesgo. Isabel y el obispo de Inongo, Philippe Nkiere, (quientiene un blog aquí; la noticia histórica reciente es el nombramientocardenalicio del arzobispo de Kinshasa)lo han puesto en marcha con el apoyo de una veterana ONG, "Ekol ya Bondeko" (Pueblo de la Fraternidad),fundada por Isabel y gente de Kinshasa en 1985, que desde entoncestrabaja con las diócesis del país y moviliza numerosos voluntarios locales.
Isabel Correig afirma, contundente,que "el espíritu misionero exige que demos lo poco que tenemos, porque si esperamos dar cuando tengamos mucho, no daremos nada". Le gusta hablar de lo que significa ser misionero y a veces recibe jóvenes de Tarragona que quieren tener una experiencia (ellos mismos lo cuentan en la Revista Supergesto).

Obras Misionales Pontificias, a través de la Infancia Misionera, ha otorgado una ayuda de 4.000 dólares a la casa de acogida. El centro "Elikya" permitirá dispensar atención nutricional y médica a sesenta niños de entre 2 y 15 años. La población adulta también recibirá sesiones de formación con una media de 2.500 personas al año.
Isabel Correigexplica a OMP que su funciónincluye ir a la calle en busca de aquellas personas marginadas de la sociedad.

“En nuestra asociación procuramos vivir el sueño de Dios para toda la humanidad, es decir, que todos seamos un pueblo de hermanos y hermanas. Por eso formamos el Pueblo de la Fraternidad. Se trata de hacerse hermano de los que no tienen hermanos, que están solos. En África, la persona sola es la persona más pobre. Por eso salimos a la calle a dar la mano a las personas para que se puedan levantar y, si están muertas, para que puedan empezar a vivir…”
Isabel Correig explica que el espíritu misionero conlleva una reciprocidad, un intercambio. “Doy lo que soy, yo misma. No vamos a las misiones a hacer cosas, no somos funcionarios. Vamos para compartir la vida, para vivir juntos el Evangelio. Y, precisamente, por el espíritu misionero, se entra en una dinámica más universal donde hay un pluralismo de culturas".
Para ella, la oración es fundamental por que, precisamente, su fuerza la encuentra en Jesucristo. “En realidad, cada cristiano debe sentirse misionero donde sea. Yo lo vivo geográficamente pero todo el mundo está llamado a vivirlo socialmente, es decir, hay que ir a la persona que tienes a tu lado. El Evangelio es un mensaje alegre. Ser misionero es llevar la buena noticia de una manera natural.”

Isabel Correig fue a las misiones por que, un día, sintió que Dios la amaba tanto que la impulsó a dejarlo todo con el fin de comunicar a los demás el amor de Dios. Y así lo hizo.
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