Si ETA mata, la culpa es de ETA, no del PP

El Secretario de Organización del PSOE, José Blanco, ha declarado sin más matices que si las negociaciones con ETA alcanzan el éxito será gracias al g…

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El Secretario de Organización del PSOE, José Blanco, ha declarado sin más matices que si las negociaciones con ETA alcanzan el éxito será gracias al gobierno y a pesar de la oposición del PP, pero que si fracasan la responsabilidad será de éste último.
Lo que choca brutalmente de este tipo de razonamiento es el esquema mental que subyace en el mismo. Si ETA vuelve a las andadas, la responsabilidad será únicamente suya.
 
Los responsables de los actos terroristas son sólo los terroristas, todo lo demás es crear confusión y hacerles el juego. Esta actitud mental se manifiesta de una manera difuminada en el discurso del Partido Socialista y del propio Zapatero.
 
La rotundidad de Blanco ha permitido que se hagan del todo evidentes. Sería perverso que el discurso sobre el fin de la violencia en Euskadi tuviera como elemento explícito el reconocimiento moral de ETA y Batasuna, y la criminalización del Partido Popular.
 
Si esto terminara así, los terroristas habrían conseguido su mayor victoria. El PSOE y el gobierno están en su legítimo derecho de pensar que el Partido Popular les está haciendo la pascua ante una oportunidad, real o imaginada, única.
 
Pero esto no les otorga ningún derecho a saltarse las limitaciones de la democracia, que determina que en temas de estado y, el terrorismo obviamente lo es, el gobierno debe ajustar su política a lo que pueda consensuar con el primer partido de la oposición, cuando éste además es alternativa de gobierno.
 
La imagen de un PP aislado y un PSOE acompañado de las siglas de otras organizaciones, todas ellas dignísimas pero de representatividad española limitada, es una falacia que conlleva el riesgo de una fractura institucional nunca vista. Zapatero no puede interponer unilateralmente su idea de cómo terminar con el terrorismo por muy clara que la tenga, porque el principio elemental de la democracia es que nadie posee absolutamente toda la verdad y, que por consiguiente, ésta solo puede alcanzarse a través del consenso.
 
La necesidad de este enfoque es evidente cuando la política que se trata de llevar a cabo afecta a la propia naturaleza del Estado, y su efectividad trasciende del color de quien gobierna. Zapatero con esta línea de actuación supera los límites de la democracia.
Pero es que además, hay otra reflexión de carácter estratégico: ETA está de hecho derrotada. Puede, obviamente, matar a algunas personas pero eso lo hacen cada semana los delincuentes sin que a nadie de este país le tiemblen las piernas ni se vea en la necesidad de transaccionar nada.
 
ETA está derrotada desde el momento que hace años no consiguió salir del pantano del atentado contra el ciudadano indefenso, del terrorismo al estilo siglo XIX.
 
Su evolución militar no es tal. Nunca ha llegado a alcanzar el desarrollo de control territorial y social que, por ejemplo, tuvo el IRA. Lo que sucede es que ha vivido de ficción en la medida que tenía en Francia un “santuario”.
 
Cuando el vecino país ha decidido actuar, ETA ha quedado limitada a la simple supervivencia basada en el asesinato y la extorsión. Esto no es una organización armada de liberación nacional, sobre todo si se consideran los años que hace que actúa.
 
Es una reliquia del pasado que fue aplastada por las reacciones que ocasionó el terrorismo islámico, y que hacen inviable toda práctica de este tipo en Europa. No, la fuerza no es de ETA, sino de Batasuna.
 
Lo que sí tiene significación es que tantos miles de personas voten por estas siglas y lo que ello significa. En esto hay una inversión malévola, la parte políticamente débil, los de las pistolas, son los que han marcado las directrices a los fuertes, a los de Batasuna.
 
La Ley de Partidos Políticos, al desmontar este entramado –digamos de paso que esta era una Ley imposible sin el atentado del 11-S y sus consecuencias mundiales- significó el golpe definitivo a las posibilidades de ETA. Le cercenaron su brazo fuerte, al que insólitamente tenía sujeto a pesar de su propia debilidad.
 
Era cuestión de tiempo que dentro del ámbito político Abertzale se produjera la salida del agujero. Aralar era una primera manifestación, los precursores de un proceso. Esta es la razón profunda de que ETA no atentara durante mucho tiempo antes de establecer la tregua.
La iniciativa de Zapatero ha roto este escenario y esta dinámica. Lo ha hecho por razones que solo pueden ser explicables bajo el cálculo del beneficio político y electoral.
 
Ha cambiado una muerte por asfixia de los terroristas por un chute en la vena que, teóricamente, les debe llevar también a la defunción después de haberles otorgado todo el protagonismo. Está por ver.

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