“Si la Iglesia no fuese razonable, seríamos imbéciles”, asegura el Padre Loring

Jorge Loring, autor del libro Para salvarte, nació hace 84 años en Barcelona, aunque lleva 40 viviendo en Cádiz. “Mi vocación se la debo a Andalucía”,…

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Jorge Loring, autor del libro Para salvarte, nació hace 84 años en Barcelona, aunque lleva 40 viviendo en Cádiz. “Mi vocación se la debo a Andalucía”, explica siempre. Se ordenó sacerdote en 1954, cuando tenía 33 años, y celebró sus bodas de oro presbiterales en 2004. Su calidad de conferenciante y predicador se ve avalada por sus escritos, especialmente 10 libros. Para salvarte es una auténtica enciclopedia de doctrina católica a partir de 500 temas que van desde el origen del cosmos hasta la clonación humana, pasando por el matrimonio, la fe, la Iglesia y muchas otras cuestiones. Actualmente, una de las actividades que ocupa más tiempo en la vida del Padre Loring es la contestación a las miles de consultas que recibe por correo electrónico, tanto de creyentes como de no creyentes. Con una tarjeta de presentación de más de 1,2 millones de ejemplares vendidos de su obra estrella sólo en España, el religioso ha recorrido el mundo.

 

Estos días, ha estado en Cataluña para pronunciar varias conferencias sobre la Sábana Santa, los evangelios, la ciencia y la Iglesia. Este miércoles, en Sant Cugat del Vallès (Barcelona), defendió la autenticidad de la tela de Turín en un acto que presentó el presidente de E-Cristians, Josep Miró i Ardèvol. Y en el programa que le queda, destacan otra conferencia este viernes a las 20.30 y una el sábado a las 18.30, en este caso en el barrio barcelonés de Sarrià (calle Rocabertí 12). En una entrevista concedida a RÀDIO ESTEL (www.radioestel.com), el Padre Loring repasa algunos temas relacionados con su predicación y con su vida en general.

 

-A usted le gustan mucho los medios de comunicación, ¿verdad?

 

-Sí. ¿Sabes por qué? Porque son púlpitos de los que a mí me gustan. Las iglesias y los teatros, que son los lugares donde yo hablo más, nunca acogen a tanta gente como la que puede leerme ahora, que son muchos más. No los veo, pero sé que están ahí, lo mismo que en la televisión o en la radio. Los medios son púlpitos formidables y, por tanto, nunca digo que “no” cuando me proponen utilizarlos, precisamente porque el número de personas que tengo es incomparablemente superior al de una iglesia, un teatro u otro local.

 

-En una de sus conferencias, este viernes a las 20.30 horas y en la Iglesia de San Juan Bautista de Mirasol (también en Sant Cugat), hablará usted de ateísmo y ciencia. ¿Qué explicará? ¿Todo está en Para salvarte?

 

-Sencillamente diré que el ateísmo y el laicismo son realidades que nos invaden muchas veces porque relativizamos y otras por conveniencia. Sin embargo, hay muy pocos ateos convencidos de su ateísmo. Desde el punto de vista práctico, para vivir más cómodo, lo que hacen muchos es tirar la fe por la borda para vivir a sus anchas. Pero convencerse de que no hay Dios, yo creo que nadie lo hace. Queremos hacernos, en definitiva, dueños absolutos de nuestras propias vidas. Los temas que yo desarrollo están incluidos en mi libro Para salvarte, donde está todo lo que sé. Muchos me lo han agradecido, y yo firmo ejemplares con mucho gusto. Pero el libro no vale por la firma, sino por el contenido.

 

-Y cuando habla sobre la Sábana Santa, ¿utiliza la imagen?

 

-Por supuesto. En este tema, del que también escribí un libro, siempre completo mis palabras con un DVD que proyecto con las imágenes de la Sábana Santa. Hay cuestiones que no requieren la imagen, pero la Sábana Santa, sí.

 

-¿Cómo se decidió a recoger tanta doctrina en un solo libro?

 

-Llevo 56 ediciones de Para salvarte. Estoy convencido de que Dios me dio la facilidad de explicar la doctrina católica y difundirla. Por eso decidí escribir el libro y, además, ampliarlo en las sucesivas ediciones. Cada año hay temas nuevos y ampliaciones de los ya existentes. Ahora, por ejemplo, hablo de la clonación, una realidad que no se conocía hace 20 años, y doy datos sobre astronomía que tampoco existían hace unas décadas. Lo que digo da muchísimo fruto, y todavía más desde que decidí hace 9 años ponerlo en Internet. Me llegaron a llamar “loco” porque colocar 1.000 páginas al alcance de todos gratuitamente siempre disminuye las vendas. Y yo dije: “Venderé menos, pero predicaré más”, que es lo que yo quiero. Y efectivamente, en Internet llevo más de 100.000 cartas intercambiadas con gente que se interesa por los temas tratados, entre 100 y 200 cada día.

 

-Usted debe de ser de las pocas personas mayores de 80 años que se dedican a difundir doctrina por Internet, ¿no?

 

-Pues supongo que sí. Tengo 84 años y empecé a usar Internet desde el principio. Cuando se cometió el terrible atentado en plenos Juegos Olímpicos de Atlanta, en 1996, me enteré que el terrorista había aprendido a través de Internet a fabricar bombas. Y me pregunté por qué, si la red podía servir para cometer asesinatos, no iba a ser útil para hacer católicos. Hasta ese momento, yo no sabía ni lo que era una web.

 

-Entre las más de 100.000 cartas recibidas, ¿destacaría alguna como la mejor?

 

-Un ruso de 34 años, médico y residente en Cuba, me escribió diciendo que había sido ateo toda su vida y que, después de haber leído por Internet el libro Para salvarte, pidió el bautismo e hizo la Primera Comunión. Ahora es un médico católico a pesar de que vivió más de 30 años el ateísmo y se educó por Stalin. Por tanto, Internet puede hacer mucho bien. Por otro lado, también me he comunicado con personas próximas al suicidio, con matrimonios que quieren romperse y les aconsejo que no lo hagan, con novios que quieren casarse y les aconsejo que no lo hagan porque preveo que fracasarán, problemas de fe etc.

 

-¿Sus intervenciones en los medios de comunicación también generan reacciones?

 

-Sí. En Birmingham (Estados Unidos), grabé hace un tiempo, para la Eternal Word Television Network (EWTN), cadena de la Madre Angélica, 40 espacios de media hora. Se emitían los viernes en España, y me consta que, en América latina, esta televisión la ven unos 80 millones de personas. Lógicamente esto hizo que recibiese miles de cartas. Por ejemplo, un pastor protestante me escribió varias veces y, en una ocasión, me aseguró que reunía cada semana a cinco pastores con sus esposas con el único objetivo de oírme. “Somos fans suyos, pero no del Padre Loring, sino del viejo Loring”, me dijo exactamente. Cuando todos los viernes se reúnen, algo les llegará. A partir de ahí, yo espero que la gracia de Dios actúe.

 

-¿Cuál es el secreto de la enorme difusión que tiene todo lo que usted explica oralmente y por escrito?

 

-Yo siempre intento hablar muy claro, para que no sea necesario leer dos veces el mismo párrafo para enterarse de lo que digo. La gente me dice que yo escribo como hablo, pero yo busco sobre todo dos cosas: claridad y capacidad de convencer. Doy argumentos, para que nadie pueda discutirme lo que digo, y además pongo siempre la fuente. Para salvarte tiene 5.000 notas a pie de página, lo que significa que, en este libro, he metido lo mejor de 1.600 libros que he leído previamente. Intento primero dar la doctrina y, luego, razonarla. La Iglesia católica es razonable porque, si no, seríamos imbéciles. Si yo creo en algo, es porque tengo razones. Si creyese sin tener razones, entonces sería imbécil. La religión, ciertamente, exige mucho. Por tanto, si soy creyente, tengo que ordenar mi vida según mi fe. Como la religión es exigente, tengo que estar convencido de mi fe. Y si es así, ajustaré mi vida a ella.

 

-¿Qué necesita una persona, cuando le escucha o le lee a usted, para convencerse?

 

-Ésta es la pregunta del millón. Nadie se convence de lo que no quiere. Para que a mí me convenza la fe, tengo que ser imparcial, estar indiferente y ser justo, porque si tengo intereses creados y un estilo de vida incompatible con mi fe sin voluntad de cambiar esa vida, la fe no me va y la tiro. Pero esto no pasa porque la fe no sea razonable, sino porque yo mismo no quiero entender sus razones. Es como si enciendo luces y cierro los ojos. Diría que no veo, pero sí que vería si abriese voluntariamente los ojos. Es necesario que la persona quiera aceptar las razones de la fe. Si de antemano se rechazan esas razones, lo que sucede es que no existe la voluntad de creer.

 

-¿Cuál es el primer pensamiento que tiene usted siempre cuando empieza a hablar ante un público o a escribir algo?

 

-Que quiero transmitir fe, que es el don más grande y más importante. El que no tenga fe es un “pobrecito”, aunque sea millonario y viva muy bien. Si no tienes fe, eres un desgraciado. Y para los creyentes, asimilar una doctrina y una moral sin fundamento no tendría ningún sentido. Grandes eminencias de la humanidad, como son San Agustín o Santo Tomás, por poner un ejemplo, no eran tontos. Demostraron que la fe es digna de ser creída y ser vivida. Para ello, sólo es necesario conocerla y practicarla. Así es como uno se va enriqueciendo y fortaleciendo. A un católico bien formado, con raíces profundas en su fe, no hay quien lo tumbe. Mi libro Para salvarte es precisamente para razonar la fe. Entre los católicos, se encuentran muchos casos de personas que dicen que tienen fe pero no saben discutir sobre ella y defenderla.

 

-¿Usted se considera sobre todo un comunicador y escritor? ¿O más bien un predicador?

 

-Las dos cosas. Yo escribo, predico todo lo que puedo y, por tanto, comunico. Mi característica más importante es seguramente que procuro convencer. Tengo la suerte de que nunca me han callado. Hace un tiempo participé en un debate televisivo sobre ciencia y fe junto con Camilo José Cela (hijo del conocido escritor) y un profesor de filosofía de Barcelona. El moderador era el también escritor Fernando Sánchez Dragó, aunque me atacó lo mismo que los otros dos. Sin embargo, los callé a todos. Ellos hablaban en su turno y yo en el mío. El tono fue respetuoso, pero Dios me puso en la boca lo que tenía que decir, y ese debate necesitaba una voz que aclarase la diferencia entre el ser humano y el animal no racional.

 

-Su vida ha pasado por muchas situaciones que ahora no podemos comentar porque la entrevista se alargaría mucho. ¿Cómo vive usted ahora el día a día?

 

-Vivo en Cádiz desde hace 46 años. Atiendo espiritualmente a los fieles de una iglesia, donde confieso una hora diaria y celebro la Misa. El resto del día lo dedico, principalmente, a contestar cartas sobre los temas doctrinales que se me plantean. Procuro contestar a todas las cartas recibidas en la dirección jorgeloring@telefonica.net. Es la nueva dimensión de mi vocación. Ahora tengo exactamente la misma edad que Juan Pablo II, aunque afortunadamente no he pasado por el atentado y los accidentes que él sufrió. Estoy sordo, pero no me puedo quejar.

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