Siete propuestas de un Nobel de Economía para que la crisis no acabe con el euro

“El euro sólo puede funcionar si se cambian las reglas e instituciones de la eurozona. Si los líderes europeos no pueden o no toman las decisiones difíciles, los votantes europeos serán quienes las tomen en su lugar”, afirma el economista Stiglitz

"Un divorcio amistoso sería una mejor solución que el actual estancamiento" en la zona euro, advierte Stiglitz "Un divorcio amistoso sería una mejor solución que el actual estancamiento" en la zona euro, advierte Stiglitz

La crisis económica que se inició en 2008 ha puesto en cuestión la viabilidad del euro, hasta tal punto que “el euro solo puede funcionar si se cambian las reglas e instituciones de la eurozona. […] Si los líderes europeos no pueden o no toman las decisiones difíciles, los votantes europeos serán quienes las tomen en su lugar”.

Esa es una de las reflexiones que hace el premio Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz en un artículo de opinión publicado el pasado 28 de agosto en el diario El País, donde también propone siete reformas necesarias para que la crisis no acabe con el euro.

En su artículo “Europa: reforma o divorcio”, el también profesor universitario de la Universidad de Columbia y economista jefe de la Institución Roosevelt considera que en los últimos ocho años “los países miembros de la eurozona han tenido una mala actuación” en comparación, por ejemplo, con la de Estados Unidos, el epicentro de la crisis.

Empobrecer al vecino

El modelo de crecimiento de los países de la zona euro con mejores resultados, como Alemania, “se fundamenta parcialmente en políticas que empobrecen al vecino, mediante las cuales el éxito llega a expensas de los países que otrora se consideraron como ‘socios’, asegura Stiglitz.

El autor de The Euro: How a Common Currency Threatens the Future of Europe, su libro más reciente, habla en su artículo sobre algunas de las cuestiones que se han propuesto para explicar el actual estado de las cosas.

Así, “a Alemania le gusta culpar a la víctima, y apunta con el dedo en dirección del despilfarro de Grecia, así como hacia la deuda y los déficits del resto de los países. Sin embargo, estas acusaciones ponen el carro delante de los bueyes”, señala.

En ese sentido, por ejemplo, “España e Irlanda tenían excedentes y bajos ratios de deuda sobre PIB antes de la crisis del euro. Por lo tanto, fue la crisis la que causó los déficits y las deudas, y no al revés”, añade.

“Otros críticos pertenecientes al grupo de los que ‘culpabilizan a la víctima’ citan al Estado de bienestar y a la excesiva protección del mercado laboral como causas del malestar de la eurozona. Sin embargo, algunos de los países con mejores resultados de Europa, como son Suecia y Noruega, tienen robustos sistemas públicos y cuentan con fuertes medidas de protección de sus mercados de trabajo”, cita.

También resalta que “a muchos de los países que ahora tienen economías debilitadas les iba muy bien antes de la introducción del euro; iban creciendo por encima de la media europea”. Según él, lo que les cambió el rumbo fue la moneda única.

¿Podrán los líderes europeos salvar al euro?, Stiglitz lo pone en duda

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Líderes de bajo perfil

Otra de las críticas de Stiglitz va dirigida hacia unos líderes políticos en la eurozona de bajo perfil, con lo que se hacen necesarios “hombres y mujeres que comprendan mejor la economía y con capacidad para implementar mejores políticas”.

“Las políticas erróneas han empeorado las cosas —sin embargo, no sólo se debe echar la culpa a las políticas de austeridad, sino también a las denominadas reformas estructurales que ensancharon la desigualdad y, por lo tanto, debilitaron aún más la demanda total y el crecimiento potencial”, agrega.

“Lo más importante que se debe puntualizar es que, dadas las herramientas disponibles hoy en día, ni el más brillante zar de la economía podría haber logrado que la eurozona prosperase”, puntualiza.

Un euro viciado

Otra cuestión que destaca el Nobel de Economía es que “el euro venía viciado de errores desde su génesis. Ni siquiera los mejores políticos podrían haber logrado que el euro funcionase”.

“La moneda única despojó a los miembros de la eurozona del más importante mecanismo de ajuste —el tipo de cambio— y fue la eurozona la que circunscribió la política monetaria y la política fiscal”; por lo que “tendrían que haberse constituido ajustes en el tipo de cambio real (ajustado por la inflación), lo que significa que los precios en la periferia de la eurozona tendrían que haber caído con relación a los de Alemania y del norte de Europa”, señala.

Todo ello se traduce en “un nivel doloroso de desempleo y en el debilitamiento de los sindicatos; los países más pobres de la eurozona, y especialmente los trabajadores dentro de ellos, se llevaron la peor parte de la carga del ajuste”.

“Esta fue la razón por la que el plan para estimular la convergencia entre los países de la eurozona fracasó rotundamente, haciendo que crezcan las disparidades entre y dentro de los Estados”, advierte.

El premio Nobel de Economía propone siete modificaciones para sacar al euro de la actual crisis

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Siete propuestas para salvar al euro

Ante este escenario, ante la evidencia de que “este sistema no puede y no va a funcionar a largo plazo”, Stiglitz lanza siete propuestas para evitar que la crisis económica acabe con el euro.

  1. Abandonar los criterios de convergencia, que exigen que los déficits sean inferiores al 3% del PIB.
  2. Sustituir la austeridad con una estrategia de crecimiento, que deberá estar apoyada por un fondo de solidaridad para la estabilización.
  3. Desmantelar un sistema propenso a atravesar crisis mediante el cual los países se ven obligados a tomar préstamos en una moneda que no está bajo su control, y fundamentarse, en cambio, en los eurobonos o en algún otro mecanismo similar.
  4. Compartir de mejor manera la carga durante el ajuste, haciendo que los países que en la actualidad tienen excedentes de cuenta corriente se comprometan a elevar los salarios y aumentar el gasto fiscal, garantizando de dicha manera que sus precios aumenten más rápido que los precios en los países con déficit de cuenta corriente.
  5. Cambiar el mandato del Banco Central Europeo, que en la actualidad se centra sólo en la inflación, a diferencia del mandato que tiene la Reserva Federal estadounidense, entidad que tiene también en cuenta el empleo, el crecimiento y la estabilidad.
  6. Establecer un seguro de depósitos común, que evitaría la fuga de dinero desde los países que tienen resultados deficientes, así como otros elementos constituyentes de una “unión bancaria”.
  7. Alentar, en lugar de prohibir, las políticas industriales diseñadas para garantizar que los países rezagados de la eurozona puedan ponerse al día y alcanzar a los países líderes de dicha zona.

Stiglitz cierra su análisis advirtiendo de que “los actuales líderes de la eurozona puede que carezcan de la voluntad política necesaria” para llevar a cabo estas modificaciones, pero “eso no cambia el hecho fundamental de que la actual situación de medias tintas sea insostenible. […] Un divorcio amistoso sería una mejor solución que el actual estancamiento”, concluye.

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