Siete razones que explican la codicia y falta de ética de la banca

Una de las caras más amargas de la crisis económica española se muestra en el drama de los desahucios, una sangría que el …

Una de las caras más amargas de la crisis económica española se muestra en el drama de los desahucios, una sangría que el Gobierno intenta taponar con un decreto que parece no contentar a muchos y que debe encontrar una mejor salida con una reforma legislativa que impida los actuales abusos de una banca desahuciadora que, al mismo tiempo, está en el origen del problema.

Un problema que, a día de hoy, se ha desbordado debido a la reciente locura inmobiliaria, las exageradas tasaciones, la ausencia de rigor a la hora de conceder créditos hipotecarios, el estallido de la burbuja inmobiliaria, una ley hipotecaria desfasada y un paro desbocado que ya alcanza a uno de cada cuatro españoles en activo.

Esta locura de desahucios tiene su estadística, tal como informaba el pasado 12 de noviembre el diario El País. Desde el inicio de la crisis, en 2008, "se han abierto 350.000 casos de lanzamientos, que es como se denominan judicialmente a los desahucios, aunque solo 172.000 se han ejecutado", según esa información procedente de fuentes bancarias. Y hay 178.000 casos más que están en procedimiento judicial, que es sobre los que quiere actuar con urgencia el Gobierno.

Al mismo tiempo, aunque las entidades bancarias buscan soluciones a marchas forzadas para atajar un tsunami financiero que les golpea de lleno, tanto económicamente como en su credibilidad y reputación, lo cierto es que su responsabilidad en la crisis viene precedida de buenas dosis de codicia y falta de ética.

Como afirman algunos ejecutivos de Bankia, "si no se hubieran concedido créditos sin control, no se habría llegado a esta situación. Ha habido errores claros".

Pero, ¿cuáles son estos errores? Veamos un breve resumen de siete cuestiones que han llevado a la actual situación y que tienen su origen en la codicia bancaria.

1. Aunque admiten esos "errores claros", les cuesta reconocer que, por ejemplo, muchos de sus clientes eran trabajadores con contratos temporales a los que se les vendió pisos con créditos que suponían deudas enormes en relación con sus ingresos.

Este tipo de préstamos no se ajustan al manual de las buenas prácticas bancarias, pero nadie , ni el Banco de España ni los auditores, alzaron la voz en su día para denunciarlo.

2. Como indica un gestor experimentado en la información de El País, estas entidades bancarias confundieron su "vocación social con entrar de lleno en el segmento hipotecario de los inmigrantes, así como las clases sociales más populares", y "la mezcla ha sido una bomba".

Y es que el auge inmobiliario necesitó mano de obra intensiva y relativamente barata y la inmigración fue la solución, con lo que se produjo un ‘efecto llamada’. Al mismo tiempo que venían a España a construir pisos, se les concedieron créditos para que los compraran. "Con la caída de la construcción se ha hundido todo: ellos han perdido el trabajo y van camino de quedarse sin sus viviendas”, afirma otro ejecutivo.

3. La ‘hipoteca bienvenida‘. Relacionado con lo anterior, surgió este un producto financiero especialmente pensado para los inmigrantes, la ‘hipoteca bienvenida’, que ofrecía ya en 2005 la intermediaria financiera CreditServices.

Con solo tres meses de trabajo en España, el inmigrante podía acceder a un crédito que cubría el 120% del valor de una vivienda. Todos los gastos y comisiones de gestión quedaban cubiertos y pasaba a ser propietario de un piso en España sin poner un euro. La ‘hipoteca bienvenida’ conseguía unos 50.000 clientes al año.

4. Asimismo, hay que recordar que los tipos de interés estaban en esos tiempos en sus niveles más bajos de la historia tras la llegada del euro. Y, además, la liquidez parecía un maná inagotable. La mezcla de estos dos factores permitió conceder créditos baratos y por enormes cantidades de euros. Buena parte de estos euros procedían, por cierto, de bancos alemanes y franceses.

5. Según declaró en 2010 el presidente de CreditServices, Javier López, -dice El País-, “hay siete millones de hipotecas que, si los bancos no hacen un esfuerzo por refinanciar, van a caer”. Se trata de "hipotecas bomba" amenazadas ahora por los desahucios o más que probables impagos.

Y son los mismos préstamos que en octubre de 2007, el número dos del Santander, Alfredo Sáenz, bautizó como “hipotecas subprime". "Claro que hay hipotecas subprime en España. Es una cuestión de puro sentido común. Los criterios por los que una hipoteca se considera subprime en los países anglosajones se pueden aplicar perfectamente a España”, afirmó entonces Sáenz.

6. Crecimiento desmedido. Ante este escenario, las cajas aprovecharon la burbuja inmobiliaria para crecer apoyándose en las promociones inmobiliarias. Entre 1993 y 2008 pasaron de 14.000 a 25.000 oficinas mientras que los bancos redujeron las sucursales de 18.000 a 15.000.

Como aquel que dice, por cada nuevo bloque de pisos que financiaban, sucursal que se colocaba en los bajos. En ocasiones, antes de terminar las viviendas, el representante de la entidad de ahorro conectaba con algún agente de la propiedad inmobiliaria, o una financiera, que tenía una cartera de posibles clientes y se cerraba lo que suponía iba a ser un gran negocio.

7. En resumen, como destacaba Sainz, allí estaban los “vicios que todos nos sabemos”: la concesión de un elevado porcentaje del valor del inmueble, cuando se considera arriesgado un préstamo que cubra más del 80% del valor del bien hipotecado; una tasa de esfuerzo alta por parte del comprador, que debía dedicar más del 35% de su renta a pagar los plazos; y las tasaciones “forzadas” que subían los precios.

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