Sigue la deriva relativista: para tener hijos sin amor e incluso hasta sin sexo una empresa fabricará “bebés de diseño”

La empresa Prelude ofrece un plan para asegurar la descendencia con un pago de 200 dólares mensuales durante tres años, con service incluido

Por ForumLibertas.com nos enteramos que un tal “Martín Varsavsky cree que practicar sexo no es la mejor manera de traer bebés al mundo. Ha encontrado un método mejor y cuenta con 200 millones de dólares (182 millones de euros) de inversión para hacerlo accesible a través de su nueva startup, “Prelude.”

No nos extrañemos si la prensa muestra cada vez más noticias de este tipo que nos preparan para el transhumanismo que viene: un posthumanismo apocalíptico que quiere substituir al hombre tal y como lo conocemos por una suerte de ser manipulado tendente a la inmortalidad.

Esta es brevemente la historia: Desde hace un par de meses, Varsavsky vive en la Bahía de San Francisco. Tras dejar Madrid hace dos años y trasladarse a Miami, el embarazo de Nina, su mujer, le ha llevado a vivir entre la casa de unos amigos en Silicon Valley y la oficina en el Presidio de San Francisco, donde tiene de vecinos a los estudios de LucasArts. Su objetivo es sentar las bases para hacer de la procreación, según defiende, un proceso controlado, “más seguro y menos traumático”, tanto para los padres como para las criaturas. “Si me lo dicen con 24 años, no me lo creo, pero aquí estoy, sin ser religioso, esperando mi séptimo hijo”, afirma.

La empresa “Prelude” ofrece un plan para asegurar la descendencia con un pago de 200 dólares mensuales durante tres años, por lo tanto, como era de esperar, se trata de un negocio lucrativo. Cubre desde la extracción de ovocitos a la congelación, mantenimiento, fecundación in vitro, implante y pruebas embrionarias “para asegurar que el bebé estará sano”. Pasados los tres años, se puede seguir pagando por el mantenimiento hasta que llegue el momento en que se desee tener hijos. Siempre el deseo presente como principal motor de lo humano.

Varsavsky afirma: “He buscado la mejor manera de tener bebés. El problema es que no vas a la clínica cuando eres fértil, sino cuando es más complicado. La gente quiere tener los hijos a partir de los 35 y los 40, pero casi nadie con 25, que es cuando se tiene mejor material. Ya se congelaban gametos, se escogían los sanos y se implantaban evitando generar mellizos”.

El empresario remarca un factor importante y que crea especial controversia, el análisis genético: “Evitamos patologías congénitas y, en consecuencia, casos que terminarían en aborto. Sabemos que podemos elegir los embriones que no van a tener Alzheimer. Ojo, no es la cirugía estética de los bebés lo que hacemos, pero sí la mejor manera de escoger el material genético más sano”. Todo es cuestión de tiempo.

De manera que a propia confesión de parte, queda claro que lo que se trama es una fábrica de bebés por encargo, bebés de diseño, con procedimientos eugenésicos y naturalmente abortivos para descartar lo que sale “fallado”. Todo bien cobrado y con service mensual bien remunerado, como no podía ser de otra manera en este mercantilismo de la vida humana.

Si esto es posthumanismo, ¿que quedará para el humanismo? Es la forma de conducirse de algunos creyéndose como Dios, que fue precisamente el pecado original;  considerarse el patrón de medida de la ciencia del bien y del mal sin más que la propia autorreferencia ética.

¿Esto es verdadera ciencia, verdadera técnica al sevicio del hombre? ¿O es mero mercantilismo fabricante de bebés de diseño por procedimientos inhumanos que nada tienen que ver con el amor de una pareja?

Recordamos como siempre la preclara frase de San Juan Pablo II: “Los avances de la ciencia que se desligan de la ética, terminan irremediablemente yendo contra la propia humanidad”.

Y nos preguntamos: el derecho de los niños de nacer del fruto del amor de sus padres, de manera natural, consagrado normativamente, donde queda? Son los niños quienes tienen derecho a tener un padre y una madre y no otra cosa.

Nos preguntamos también, qué diferencia tiene esto con las prácticas del “Tercer Reich”, del Dr. Mengele,  en el que los nazis proclamaron la razia aria como superior y exterminaron a millones de judíos, niños con síndrome de Down, cristianos, laicos y sacerdotes, comunistas y un largo etcétera. ¿Cuál será el límite y quien controlará este desastre en ciernes?

Nos preguntamos, asimismo,  que hará frente a esto las Naciones Unidas que tiene una Declaración sobre el Genoma Humano muy clara en cuanto a la prohibición de prácticas reñidas con la ética como son la clonación humana y otras manipulaciones genéticas. Y la Unicef que se supone vela por la defensa de la niñez en el mundo.

Como ya hemos demostrado la filiación de diseño viola expresamente los derechos de los menores y su” interés superior”,  consagrados por la Convención de los Derechos del Niño y por las legislaciones nacionales.

Estamos aún a tiempo de reaccionar. Claro, para ello hay que tener conciencia Bioética y Biojurídica.

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