¡Son los católicos…!

No sé si recuerdan una frase del candidato Clinton contra el presidente Bush, padre, cuando pugnaba por su reelección que no consiguió. Se ha hecho famosa y se convirtió en uno de los lemas triunfantes de aquella campaña: “It’s the economy, stupid”.

Pues algo parecido, que no igual porque la descalificación mejor desterrarla, puede decirse de la situación de la Iglesia en Europa, y en especial en países como España: ¡No os dais cuenta, son los católicos!, y si sois conscientes, ¿por qué no hacéis mucho más? ¿Por qué no os concentráis en abordarlo?

Dos informaciones recientes constatan la situación. Una se refiere al Reino Unido y cuenta la importante reducción de anglicanos, también de católicos, un poco menos en términos relativos, y de las otras confesiones cristianas, que todavía se reducen en menor medida, y el gran crecimiento de los no creyentes, de los que se declaran sin religión. Una de las preguntas define bien la lógica del cambio. Aquella que se interesa en cada caso por la confesión en la que se ha educado y la que tiene en la actualidad: La caída es simplemente porque los bautizados y, más o menos, educados en una fe, la abandonan.

La otra información tiene su origen en una encuesta electoral solo a quienes se declaran católicos, realizada por Vida Nueva. Una de las conclusiones es que la mayoría de católicos no tienen en cuenta su fe a la hora de votar. Era una evidencia que ahora tiene una formalización numérica.

¿Qué tienen en común estos hechos?

El primer aspecto a subrayar es que hay mucha gente que se declara católica. En España, incluso en la laicizada Cataluña, son la mayoría. Es decir, han sido bautizados y han recibido una mínima, o no tan mínima, educación religiosa

El segundo es que esto no se traduce en nada en la vida adulta, incluso muchos pasan del pasotismo a la increencia. Pero son bautizados.

La tercera es precisamente esta condición, la de bautizados.

El bautismo es un sacramento subvalorado y en parte de revalorizado a través de la teología laical, de escasas consecuencias prácticas. El bautismo no es algo baladí, sino como explicaba en su homilía monseñor Clemens, secretario del Consejo Pontificio para los Laicos, en la eucaristía que cerraba el último plenario del Dicasterio (que ahora, como el de la familia, se disuelven para dar lugar a otro más grande de los laicos, la familia, y la vida, que regirá a partir del uno de septiembre) el obispo Clemens trató del bautismo como la gran novedad cristiana, que nos convierte en “hijos de Dios” y nos ha “revestido de Cristo

Los católicos indiferentes, distantes y remisos están vivificados por este sacramento, aunque después queda sepultado como la buena semilla, por las malas hierbas.

Son tantos, que la tarea principalísima de la Iglesia, de todos nosotros, debería ser la de hacer revivir la semilla. Eso era y es la Nueva Evangelización, tan importante y como tantas otras cosas sumergida por el sociologismo que hace estéril nuestro catolicismo, ocultado por el alud de textos de nuestros pastores, que en lugar de la continuidad en el fin y la perfección y revisión de los métodos, nos van llenando de objetivos que acaban por ocultar la tarea decisiva en el siglo XXI en los países de tradición católica: desvelar el interés por su fe y su pertenencia a los bautizados.

Y esto significa también un esfuerzo grande para cultivar a los niños de primera comunión que después desaparecen de la Iglesia. Sí, me conozco la respuesta: son padres que lo que quieren es celebrar la fiesta y nada más; si las familias no colaboran poco se puede hacer desde la parroquia. Hay mucho de cierto en esto, pero solo debe servir para el acicate y la práctica más adecuada, y no para justificar el abandono. Déjenme ser un pelín brutal. Si los supermercados funcionaran con idéntico criterio terminarían cerrando: tú entras a comprar un tubo de pasta dentífrica, y sales con dos atractivas ofertas del mes en el bolso. ¿Qué estoy diciendo? Pues lo mismo que se puede decir de las homilías dominicales. Que tienes los niños de primera comunión ahí y también un potencial contacto con los padres durante semanas, ¡pues aprovéchalo!

Esa es la cuestión, un objetivo claro bien definido: recuperar para la vida de la fe a los bautizados. Toda la energía e inteligencia, guiada por la Gracia, debe gastarse en los métodos.

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