Sor Lucía Caram, ‘su’ fundación y el poder (I)

La monja dominica Lucía Caram ha vuelto a provocar el escándalo con una entrevista en el periódico La Opinión, de Zamora, …

La monja dominica Lucía Caram ha vuelto a provocar el escándalo con una entrevista en el periódico La Opinión, de Zamora, donde acudió para un acto en benéfico de la Fundación Rosa Oriol de la que es vocal en su patronato. El motivo concreto era el de obtener fondos para la fundación -una práctica habitual en ella- mediante un acto cuya entrada valía 7 euros. Vale la pena subrayar estos tres hechos: sus declaraciones, la fundación, y su actividad como recaudadora de fondos de la misma.

En su entrevista en La Opinión, Sor Lucía Caram llama “talibán”al obispo Reig Pla. Fijemos ahí el foco. Es un signo opuesto a la caridad cristiana y a la simple buena educación denostar a la persona, más si una hace ostentación de hábito, precisamente cuando la mayoría de sus compañeras lo utilizan en escasa medida. Pero además un católico no puede descalificar así a un obispo de su Iglesia. Las palabras tienen consecuencias y solo los sectarios o los irresponsables lo ignoran. Caram compra notoriedad a cambio de maledicencia.

También, una vez más insiste en la despenalización del aborto y se enfronta sin matices con un punto central de la Iglesia que se remonta a los primeros siglos de la existencia del cristianismo, cuando en una sociedad pagana que consideraba correcto matar a los hijos indeseados, o que presentaban malformaciones, fue la única voz que se alzó en contra. Ahora hemos retrocedido en este aspecto y nos situamos otra vez como en los tiempos oscuros, lo más grave es que una monja contribuya a ello.

Caram obtiene popularidad a cambió del pensamiento políticamente correcto, porque bajo su aparente discurso disconforme, su palabra y su práctica se alinean con el poder cultural, pero también el económico y político, si los hechos conocidos no engañan.

Una religiosa consagrada, sobre todo una dominica, debería saber que en contra de los que dicen “nunca hay que condenar tal y como hizo Jesús”, Él sí condena. Lo hace directamente y con parábola, precisamente algunas que están bien presentes en el este tiempo litúrgico. Lo hace con los que escandalizan, con los mercaderes del Templo, con la clase dirigente de Israel, con aquellos que no atienden a sus hermanos necesitados, con los que rechazan a sus hijos, o que no quieren acudir al gran convite de esponsales, incluso a toda una generación. ¡Claro que Jesús condena!, solo hace falta leer el Evangelio, lo que sucede es que también perdona. Caram escandaliza y no perdona. Es simplemente inmisericorde. Su actitud es más próxima a un estilo robesperiano que al Evangelio, peor todavía carece del sentido del respeto hacia los demás.

"Pecados que claman al cielo"

Caram sigue fustigando ahora a toda la iglesia en peso cuando dice: "El Evangelio es muy claro. Jesús dice que tenemos que obedecer antes a Dios que a los hombres y si he hablado mal que me digan en qué. Cuando hago mi denuncia lo hago porque creo que hemos tenido un discurso muy duro en cuestión de moral sexual y no lo hemos tenido con la cuestión social. El salario injusto y los recortes sociales que estamos sufriendo son pecados que claman al cielo y que tendría que denunciar la Iglesia".

Y lo dice tan satisfecha de sí misma, cuando su fundación une todo eso a lo que denigra, el poder político y el económico. Decir que la Iglesia no ha tenido un discurso enérgico ante la injusticia social es sectarismo de quienes la realidad no les importa nada. Porque, desde su mismo inicio, la Iglesia ha descalificado la riqueza injusta, y ha puesto en guardia sobre la justa.

En los tiempos actuales, los que surgen con la generalización del capitalismo, basta con recordar las llamadas encíclicas sociales desde León XIII. Tanto es así que una vez desaparecido el marxismo, reconvertido el socialismo al liberalismo, los únicos grandes textos globales, críticos, y alternativos son los de la Doctrina Social de la Iglesia. Su extenso Compendio trata básicamente de ello.

Que sor Lucía Caram dedique su atención a los necesitados no tiene nada de extraordinario, es lo que hacen multitud de religiosos y religiosas con humildad y que no pretenden que esta práctica de la caridad les proporcione ciencia infusa para juzgar a todo y a todos.

"Viajando con Chester"

Nuestra monja vive en gran medida de provocar el escándalo y de la exposición mediática, es como una versión con hábito del Risto Mejide, con quien ha ‘Viajado con Chester’. ¿Qué tiene que ver esta forma de hacer, esta borrachera de protagonismo, pendiente del aplauso mediático, con la vocación religiosa?

Baste recordar su intervención, como gran invitada vestida de monja, en la Asamblea del FC Barcelona, donde todo fueron alabanzas para un club patrocinado por el tétrico estado de Qatar, explotador inmisericorde de inmigrantes, corruptor de instituciones, patrocinador, del Estado Islámico, y antes de los Hermanos Musulmanes en Egipto, perseguidores de cristianos.

Ni una sola palabra salió de sus labios de crítica, condena o simplemente para llamar la atención. Lucia Caram nunca se enfrenta a los poderes concretos, solo se dedica a la demolición de la Iglesia y a declaraciones grandilocuentes, propias de regímenes caribeños.

El próximo lunes, 20 de octubre, una segunda entrega donde se analizarán las incoherencias en el seno de esta fundación y su peculiar forma de recaudar fondos.

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