‘Spain remains different’

Yo sólo quería decir que España sigue siendo diferente, pero antes de aventurarme a cometer una equivocación declaro que d…

Yo sólo quería decir que España sigue siendo diferente, pero antes de aventurarme a cometer una equivocación declaro que desconozco la realidad de los países de nuestro entorno más cercano. Se trata del tema de la corrupción política, verdadero azote de nuestra diaria convivencia. Supongo que también en los países europeos se darán casos, pero dudo que sean de la calidad y cantidad de los que aquí tenemos que soportar.

Joseph de Maistre decía que la Revolución Francesa había sido un castigo divino por las ideas protestantes y la filosofía atea de la Ilustración, y yo me pregunto ¿qué pecado hemos cometido para merecer este tratamiento por parte de nuestros políticos que en teoría son nuestros representantes?, ¿es que acaso todos somos unos delincuentes que a la menor oportunidad queremos quedarnos con lo que no es nuestro?

Nadie quiere tener representantes de la misma calidad que el representado, se supone que la representación debe tener un componente aristocrático, deberían gobernar los mejores, al menos yo lo firmaría ahora mismo.

Viene al pelo una conversación que tenían dos parroquianos en un bar –el santa sanctórum de nuestra atribulada alma- y a la que apliqué el oído para poder escucharla con atención. Le decía uno al otro: “Pues yo arreglaba esta cuestión rápidamente”. A lo que el otro respondía: “amigo, eso es totalmente imposible”. “¿Imposible?, te lo voy a explicar en dos pasos: 1º) se cogen a varios corruptos declarados culpables y condenados por los jueces, se sacan de las cárceles y se les pasa por la guillotina en la plaza mayor”. “Pero hombre de Dios, ¡no tienes corazón!, ¿no comprendes que puedes herir ciertas sensibilidades?”. “Bueno, puede que lleves razón, te propondré otra medida. 2º) Nos echamos todos los ciudadanos a la calle y exigimos a nuestros gobernantes una reforma del Código Penal de tal manera que estos delitos estén penados con cadena perpetua; pero eso sí, si devuelven hasta el último céntimo pues hablaremos de una pena que nunca será inferior a 25 años a la sombra. Así, seguro que se lo pensarían”. “Pero bueno, hombre, ¿tú no comprendes que esta gente se mete en la política para eso?, ¿le vas a truncar sus aspiraciones?”

Bromas aparte, los dichos populares o refranes esconden toda la sabiduría popular, que no es poca cosa, y siempre se ha dicho: “A grandes males, grandes remedios”. Este problema se ha convertido en un elemento sistémico y tendremos que darle, los ciudadanos, una pronta solución, porque está a la vista que los profesionales de la política no están por la labor o miran para otro lado.

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