Spider-Man 2: el deber frente al deseo, la conciencia contra la máquina

  Peter Parker, Spiderman, es “uno de los nuestros”, un chaval que intenta independizarse, cumplir con sus obligaciones cotidianas, laborales o famili…

Forum Libertas

 

Peter Parker, Spiderman, es “uno de los nuestros”, un chaval que intenta independizarse, cumplir con sus obligaciones cotidianas, laborales o familiares, y compaginarlas con un don especial que se le ha dado (sus poderes arácnidos)  y que debe emplear por el bien de la sociedad. Lo consigue a duras penas.

 

En Peter Parker/Spiderman se encarnan los conflictos de nuestra vida cotidiana. Nuestra sociedad hace difícil conciliar familia, estudios, trabajo y amigos… y aún queda nuestra vocación pública, nuestra llamada al  bien común, que en el caso de Spiderman consiste en luchar contra el crimen. Peter ve un ejemplo en el doctor Otto Octavius, un genio de la física felizmente casado con una experta en poesía y literatura. ¡Cómo desearía Peter vivir así, como un científico casado con Mary Jane! Y finalmente se plantea asumir el gran dogma de nuestra época, la falacia central del individualismo: “¿es que no tengo derecho a hacer lo que deseo?” Harto de la presión, Peter Parker decide renunciar a su vida como Spiderman e intenta ser “normal”: reconquistar a Mary Jane, pagar las deudas de Tía May, centrarse en los estudios de una vez…

 

El sabio Otto Octavius le ha dicho a Peter que su gran inteligencia es un don que debe usarse para beneficio de los demás. A su manera, Octavius está haciendo la definición de los carismas, dones otorgados por Dios para beneficio de las personas, no del que los ostenta. Hay un debate de fondo, que es la parábola de los talentos: hay que rentabilizar los dones que Dios nos da pero… ¿y la vocación? Podríamos preguntarnos, ¿qué quiere Dios de Peter Parker, que sirva a la sociedad como esposo, científico, amable sobrino? ¿O que sea Spiderman? ¿O todo junto, por imposible que parezca compaginarlo? Los espectadores de principios del s.XXI aprisionados en vidas vertiginosas no podemos dejar de sentirnos identificados con Peter, incluso si el personaje es a menudo una manifestación del arquetipo que en español suele designarse como “el pupas” o “el cenizo”.

 

El peor enemigo es uno mismo

 

La clave está en no engañarse a uno mismo. Al final de La Comunidad del Anillo, Boromir intenta convencer a Frodo de que es una locura ir a Mordor a destruir el Anillo; sus argumentos suenan convincentes, pero Frodo sabe que es su responsabilidad y su deber destruir el Anillo. Frodo se niega a si mismo, sus temores y deseos, rechaza autoengañarse y opta por el deber. También en Spider-Man 2 el autoengaño acecha a los personajes.

 

Otto Octavius está demasiado seguro de sí mismo, de su ciencia y sus cálculos: cuando el experimento de fusión empieza a fallar se niega a admitir el error, no quiere desconectar las máquinas. Todo estalla, su mujer muere, su experimento fracasa y nace una nueva personalidad: el Doctor Octopus, con una fijación, repetir el experimento con más energía. La clave psicológica de Doc Oc es que no puede admitir su fallo: la ciencia deja de ser servicio para ser autoafirmación. Como el Duende Verde, la voluntad de dominio sobre la naturaleza da paso a la locura del desprecio a los demás, a la conciencia de ser un super-hombre nietzscheano. En realidad, como suele suceder con quienes se creen super-hombres, Doc Oc y el Duende Verde son monstruos a los ojos de cualquier persona sana.

 

Peter, una vez rechazada su vocación como Spiderman, no deja de sentir llamadas: “el crimen crece un 75% desde la retirada de Spiderman”, titula el Bugle. “Spiderman, Spiderman, ¿dónde estás, Spiderman?”, cantan los músicos callejeros. Un chaval es apalizado ante sus ojos, un hombre muere en un incendio… y un niño expresa su deseo de que vuelva. “Necesitamos héroes que nos animen a ser un poco mejores”, dice Tía May. Y finalmente el trepamuros vuelve a los tejados, para descubrir que el pueblo de Nueva York está con él, que le apoya y le defiende incluso frente al poderoso Doc Oc. Al final hay incluso esperanza en el amor, y veremos en la tercera película si Mary Jane puede soportar amar a Peter Parker sabiendo quién es él en realidad.

 

La nueva épica popular: por el arte, a la verdad moral

 

Tía May tiene razón, y los humanos necesitamos devorar historias elevadas, de honor y responsabilidad, que nos enseñen a gestionar nuestros dones con generosidad y sacrificio. Es bueno que el cine del siglo XXI  ponga como modelo a Frodo o a Spiderman o a la Patrulla X, mucho mejor que modelos tipo Harry el Sucio en los 70 o Rambo en los 80. También es sintomático que el cine de nuestro siglo recién estrenado tenga que acudir a la cultura anterior al mayo del 68: El Señor de los Anillos, La Patrulla X, Spiderman o Las Crónicas de Narnia son todos productos de éxito popular anteriores a la modernidad y a la postmodernidad. Y es lo que el público desea porque le hace soñar.

 

Cabe también destacar la insistencia de la épica popular en el tema del científico loco, lo que los expertos en ciencia ficción llaman “el síndrome de Frankenstein”. Doc Oc y el Duende Verde son científicos enloquecidos por sus experimentos… o mejor dicho, gente que se ha dejado poseer por el poder técnico. Probablemente, Spider-Man 3, prevista para el 4 de mayo de 2007, girará en torno al Lagarto, cuando el doctor Curt Connors, a quien vemos en Spider-Man 2 como profesor de física de Peter, sea víctima de otro experimento ambicioso y mal llevado. La tercera entrega promete ser trepidante, porque además vemos que el joven Harry Osborn ha enloquecido como su padre, obsesionado por su venganza contra Spiderman, y al encontrar los almacenes del Duende Verde reaparecerá como un nuevo Duende: dos supervillanos contra nuestra araña preferida.

 

El Anillo debe ser destruido, es una tecnología que no puede usarse para el bien. En La Guerra de los Clones – Episodio II, la República se sirve de un ejército de clones… que sabemos será usado en Episodio III para acabar con la democracia y las libertades e instaurar la tiranía imperial. En Mimic se cura una enfermedad soltando unas cucarachas modificadas genéticamente, que luego se  descontrolan y mutan y devoran a los mendigos de los túneles. Spiderman se enfrenta a científicos enloquecidos. En Matrix, millones de humanos permanecen congelados, usados como pilas por las máquinas, objetos en manos de un poder inhumano.

 

Los científicos locos existen de verdad

 

Desde Frankenstein a las películas de monstruos gigantes de los años 50, mutados por el terror atómico, a nuestras épocas de experimentación genética, la épica popular nos enseña que la ciencia necesita límites éticos y una visión de los efectos a largo plazo.

 

“Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, nos insiste una y otra vez la narrativa más popular, la que conecta con las inquietudes de nuestros días, enfrentándonos a los efectos de la tecnología en nuestra época. Es una lástima que la prensa generalista y los gurús de la modernidad no se den por aludidos. En la prensa española, esta semana, la primera niña probeta española celebraba sus 20 años en una gran operación de marketing de la industria de la fecundación in vitro: nadie se pregunta por la licitud moral de generar personas artificialmente, de tener miles de personas congeladas en los frigoríficos de la Clínica Dexeus, de eliminar a los seres humanos “defectuosos” antes de que nazcan, de llamar supersticiosos a todos lo que quieren poner al hombre por delante de la ciencia… Los artistas, los poetas, los narradores de las historias que triunfan están gritando a favor del hombre, pero los gurús de la “alta cultura” no quieren darse cuenta.

 

Bienvenido de nuevo, Spider-Man, necesitamos más héroes como tú.

Enlace relacionado

Hazte socio

También te puede gustar