Sudán acata la resolución de la ONU pero advierte que dificulta la negociación

El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el pasado sábado, 18 de septiembre, una resolución en la que amenaza a Sudán con aplicar sanciones comerciale…

El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el pasado sábado, 18 de septiembre, una resolución en la que amenaza a Sudán con aplicar sanciones comerciales que afectarán al sector petrolero si no cumple con los compromisos asumidos, en especial el que se refiere al desarme de las milicias árabes Janjaweed (jinetes armados), a las que se responsabiliza del asesinato de miles de personas. La respuesta del Consejo de Ministros sudanés no se ha hecho esperar y ha confirmado que acatará la decisión de las Naciones Unidas sobre la crisis humanitaria de la región de Darfur, aunque considera que es “injusta y contradice las resoluciones de la Unión Africana (UA) y la responsabilidad africana de resolver los conflictos de África a través de mecanismos africanos”, según ha manifestado el ministro de Relaciones Exteriores Naguib Al Khair Abdel Wahab. El presidente de la Asamblea Nacional, Ahmed Ibrahim Taher, ha sido mucho más taxativo al amenazar con “abrir las 7 puertas del infierno” ante cualquier intervención occidental en la zona. Al mismo tiempo, la Liga Árabe (LA) ha mostrado también su rechazo a cualquier amenaza de imponer sanciones contra el Gobierno de Jartum.

El Ministerio sudanés de Asuntos Exteriores afirma que su Gobierno “continúa con sus intentos de estabilizar la situación en Darfur, a pesar de lo que se dice en contra… Pensamos que esta resolución es errónea y envía un mensaje equivocado a los rebeldes”, comentaba Mutrif Sideq, vicesecretario del Ministerio de Exteriores. El Gobierno sudanés considera que la ONU debería ser justa y reconocer los esfuerzos de Jartum por resolver el conflicto: “La resolución no dio un reconocimiento adecuado a los esfuerzos del Gobierno, de modo que uno se siente decepcionado”, aunque afirma que aceptarán la decisión. La resolución de la ONU, redactada por Estados Unidos, ha sido adoptada por el Consejo de Seguridad de 15 miembros, con 11 votos a favor, ninguno en contra y las abstenciones de China, Pakistán, Rusia y Argelia, en presencia del secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan.

Rechazo de la Liga Árabe

Las sanciones petroleras anunciadas por la ONU no sólo han sido criticadas por el Gobierno de Sudán. La Liga Árabe ha manifestado también su rechazo a la imposición de sanciones comerciales decretada por la ONU y ha advertido de que esas medidas no ayudarán a resolver el conflicto en la región. Hossam Zaki, representante de la LA concreta que lo único que podría ayudar a resolver el problema es animar a todas las partes implicadas a cooperar hasta donde les sea posible y conseguir arrancar un compromiso de todos con los acuerdos adoptados. La LA ha estado cooperando con la Unión Africana y con el enviado de la ONU para Sudán, Jan Pronk, para encontrar una solución política y humanitaria a la crisis.

Proceso lento

El problema con las decisiones de Naciones Unidas en conflictos como éste es que normalmente las sanciones no se hacen efectivas de forma inmediata y suelen alargarse en el tiempo, mientras continúan los enfrentamientos o los ataques indiscriminados contra la población. No hay una fuerza de paz internacional instalada en la región que haga cumplir esos acuerdos y desarme de forma contundente a los milicianos y, así, difícilmente se puede resolver el problema real que padece la población. Cabe recordar en este sentido la ineficacia de la ONU en el caso de las masacres de Burundi.

Por lo que respecta a Sudán, los enfrentamientos de Darfur se iniciaron en febrero de 2003, cuando los 2 grupos rebeldes, el Movimiento de Liberación de Sudán y el Movimiento para la Justicia y la Igualdad se alzaron en armas contra el Gobierno de Jartum por las precarias condiciones de pobreza y marginación que padece la población de la zona. A partir de entonces, las autoridades sudanesas se han dedicado a armar a las milicias Janjaweed para que ayuden al Ejército del país a aplastar la revuelta, con un resultado de unos 50.000 muertos y más de un millón de desplazados.

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