Suecia: ¿por qué ha fracasado la socialdemocracia liberal?

Y su fracaso es grande porque afecta a la felicidad de las personas. En 1972, la socialdemocracia de Olof Palme, hegemónica política y culturalmente, lanzó un manifiesto: La Familia del futuro: una política socialista para la familia. Era una época que Suecia empezaba a ser pudiente como país y una referencia por el nivel de vida de sus ciudadanos. El proyecto, al que se han dedicado ingentes recursos desde entonces, perseguía que los individuos se desvincularan de las estructuras familiares por considerarlas anticuadas y ganar independencia individual. Había llegado la ocasión, afirmaba el proyecto, de que los padres ya mayores se liberaran de sus hijos, y los adolescentes de sus padres. Nadie debía depender de otra persona, de ningún familiar. “Cada persona ha de ser un ente autónomo y no considerase apéndice de su cuidador. De esta manera, pensaban que solo se mantenían las relaciones auténticas, como si el mutuo servicio, la donación y la reciprocidad no fueran los vínculos más auténticos de todos. Los suecos obviamente no habían leído a MacIntyre y su reflexión sobre los seres humanos como animales racionales y dependientes. Ignoraban que la dependencia es inherente a la condición humana.

El sueño socialdemócrata de la plenitud humana de una sociedad rica en realidad ha generado, como en las pinturas de Goya, un monstruo. En la realidad es la apoteosis práctica de la ideología liberal de los Rawls y Rorty, con un coste de público desorbitado.

Porque ahora que resulta que la mayoría de suecos nacen sin un padre conocido, cuando las suecas son las máximas consumidoras de esperma a domicilio y servicio postal para embarazarse de un desconocido y tener así el hijo deseado, resulta que la infelicidad, el aburrimiento, ha explotado de tal manera que un documental que lo cuenta, La Teoría Sueca del amortiene un éxito espectacular.

Porque ahora  resulta que uno de cada dos suecos vive solo, que uno de cada cuatro muere y nadie reclama su cuerpo, de manera que se ha creado un servicio público de buscadores de familiares para que se hagan cargo. La gente no tiene problemas con la familia…los tiene en la soledad, como cuenta un funcionario en el film: el problema es que no hay nadie para llorarle tus penas. Cuando te estás muriendo, el estado te facilita un formulario para rellenar. Nadie tiene a nadie. Todo esto ha llevado a la difuminación de las relaciones sociales, a una pérdida desmedida de capital humano, a relaciones breves e instrumentales.

Los cantores, en nuestro país, de modelos semejantes, para los que toda relación vale lo mismo que la familia natural, harían bien en reflexionar, porque además, y este no es un dato menor, la productividad y la acumulación de capital sueca les ha otorgado una ventaja comparativa que se va difuminando, que les permite pagar los costes del individualismo fomentado por la ley, pero la mayoría de países, empezando por el nuestro, carecen de tales recursos.

Cuando se alaban los dineros que se dedican a las políticas familiares suecas, se comete un  error, porque su fin no son las familias, sino sus sujetos para que se emancipen de ellas. Aquí no hay dinero para nada ni para lo bueno, facilitar la vida a las familias, ni para lo malo, la vía sueca a la infelicidad. Siendo así, que dejen de fomentarla incentivando culturas que conducen al mismo lugar.

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