Sustancia y forma

Un señor diputado en un parlamento se quita una sandalia, que tiene aspecto de estar bastante usada, y la blande en el aire, al modo un arma bl…

Un señor diputado en un parlamento se quita una sandalia, que tiene aspecto de estar bastante usada, y la blande en el aire, al modo un arma blanca, para amenazar a un ex-ministro. Una serie de jóvenes mujeres que no desaprovecha ocasión reivindicativa para sacar al aire sus atributos pectorales de la forma más desenfadada. Si bien no aportan sutiles argumentos a la causa feminista, sí insuflan alegría a la vista de algunos. Unos jóvenes universitarios se niegan públicamente a saludar al ministro de educación, en un gesto que los antiguos manuales de urbanidad calificarían de desconsiderado. Se persigue a personas públicas en su ámbito privado y familiar. Se vocifera y abuchea a una jueza, como a un árbitro de fútbol. Se silba al Jefe del Estado y al himno nacional.

Hay un progresivo achabacanamiento de las formas en la vida española; una pérdida de las formas; un deslizamiento hacia usos sociales más primitivos, primarios, elementales.

Quien pierde las formas es que está tan seguro de sus posiciones, que cree que no necesita descender al espacio común del debate civilizado y el encuentro. Quien pierde las formas se ve en posesión de una verdad indiscutible que no necesita matiz ni confrontación.

El contenido, la sustancia de la convivencia (y del sistema democrático) es ideológico y moral y no sólo (aunque también) formal. No hay forma sin sustancia. Pero tampoco -no lo olvidemos- sustancia sin forma.

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