Táctica abortista: Exprimir el “caso límite”

Nunca han parado, pero los abortistas están estos días muy activos. En el mundo y en España. Aquí, organizaciones feminist…

Nunca han parado, pero los abortistas están estos días muy activos. En el mundo y en España. Aquí, organizaciones feministas, un buen número de miembros del mundo de farándula, varios partidos de la oposición, el Consejo de la Juventud y la mayoría de diputados del Parlamento catalán quieren evitar que el Gobierno español lleve adelante una nueva ley dirigida a reducir el número de abortos, evitando tanto los coladeros de leyes anteriores como otros abusos. Para quienes defendemos la vida no es, ni de mucho, la ley más idónea porque sigue la posibilidad de abortar, pero es un paso positivo. Ni eso aceptan los abortistas.

En todas partes realizan campañas los promotores de la cultura de la muerte de bebés en el seno de su madre. No hace mucho, lo han hecho en Irlanda. En el Tercer Mundo algunas de las mayores “aportaciones” de Occidente son el control de natalidad y la legalización del aborto. En España, en mucha información presuntamente médica se promueve el aborto, como estos mismos días me llegan noticias de un Centro de Asistencia Primaria de Santa Perpetua de Mogoda (Barcelona).

Una de las tácticas más seguidas por los abortistas es la de esgrimir el “caso límite”, exprimiéndolo hasta el extremo. Aprovechando una situación realmente triste, dura o compleja que mueva a las personas a compasión, buscar la implantación generalizada del derecho al aborto. Ni siquiera entenderlo como una medida extrema, sino convertirlo en un derecho.

Estos días el caso más evidente está en El Salvador. Beatriz, una chica de 22 años embarazada con 23 semanas de gestación, aquejada de enfermedades graves. Se afirma que su vida corre riesgo si sigue con su embarazo. El feto, además, es anencefálico, es decir, un bebé que tras nacer no va a tener posibilidades de sobrevivir.

El Tribunal Supremo del país ha denegado la posibilidad de abortar. A petición de dicho Tribunal, el Instituto de Medicina Legal hizo un peritaje físico y psicológico y concluyó que las enfermedades de Beatriz están bajo control y recomendó continuar el embarazo. Leo en “La Vanguardia” que, según los magistrados, “la amenaza a la vida o a la salud de la joven es un asunto eventual, no inminente, sino una posibilidad en el futuro”.

De dicho informe se deduce que es probable que ni siquiera sea cierto que esté tan grave. Algunos ya no somos jovencitos y hemos visto muchas mentiras para conseguir unos objetivos. En todo caso, no analizo los aspectos médicos, sobre los que carezco de preparación, sino la táctica mediática y política: utilizar hasta el extremo un drama personal real, sacarle todo el partido en base herir la sensibilidad de las personas, y a partir de ahí promover la legalización del aborto. Y, por supuesto, presentando a los contrarios a él como inhumanos, intransigentes, carcas, intolerantes, contrarios a la libertad de la mujer y no importarles la vida de ésta. Y muchas connotaciones negativas más.

Evitan, por supuesto, el debate racional, de fondo, de afrontar si lo que hay en el seno de la madre es una vida humana, si el derecho a la vida del bebé predomina sobre el derecho a elegir de la madre.

Estos casos límite son el asidero para lograr que después se puedan producir millones de abortos para los cuales no hay límite ni justificación de razones. En el fondo lo que menos importa a los abortistas es el duro problema de aquella madre.

Dejarse arrastrar ante el “caso límite” es peligroso. En otro orden de cosas, se ha dicho muchas veces que no es bueno promulgar una ley contra el terrorismo o modificar el Código Penal por delitos de sangre inmediatamente después de un acto terrorista o un acto delictivo con muchas víctimas, porque tanto los legisladores como la opinión pública están bajo un choque emocional que podría impedir una actuación serena. Es justo. Hay que dejar pasar un tiempo y que las aguas vuelvan a su cauce.

En un caso como el que nos ocupa, el debate debe alejarse de lo emocional inmediato.

Sin ser experto en medicina alguna cosa cabe decir con claridad: Nunca es aceptable éticamente acabar de forma directa con la vida del no nacido. Dicen que en este caso de El Salvador el nasciturus no tiene viabilidad. Es triste, pero no es lo mismo que se muera tras su nacimiento que se le mate. El derecho a la vida del niño no disminuye por tener discapacidad.

Entretanto, a la madre se le pueden aplicar los tratamientos necesarios para remediar su mal. Incluso si ello pudiera comportar de manera indirecta la muerte del niño. Pero nunca con la intención directa de liquidarlo.

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