A diario le amenazaban: Aquí hay un cura. Hay que matarlo

En casa del sacerdote almeriense Domingo Campoy aparecía a diario una amenaza pintada con tiza: Aquí hay un cura. Hay que matarlo

A sus verdugos: Os perdono a todos, no sabéis el bien que me vais a hacer

El capuchino padre Pedro de Benisa murió perdonando y agradeciendo a sus asesinos: “no sabéis el bien que me vais a hacer”