Tan fácil para los de fuera, tan difícil para los de dentro

Hace muy pocos días, nos referíamos a la crispación como el resultado que acompaña a la política de José Luis Rodríguez Zapatero. He ahí una gran para…

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Hace muy pocos días, nos referíamos a la crispación como el resultado que acompaña a la política de José Luis Rodríguez Zapatero. He ahí una gran paradoja: el “buenismo” del presidente del Gobierno está generando tanta tensión como la dureza y la falta de capacidad de acogida de los discrepantes que manifestaba José María Aznar en ocasiones. Zapatero, en su política, se llena quizás en exceso de buenas palabras. Por ejemplo, ¿no resulta desmesurada su afirmación de que acudirá a la comisión del 11-M “pensando en el consuelo de las victimas”? Lo lógico de quien nos gobierna no es que acuda a la sede parlamentaria como un sucedáneo de San Francisco de Asís, sino que su actitud debe ser la que más convenga para evitar que un atentado tan grave pueda repetirse.

Cuando uno sobreinterpreta, se convierte en una parodia de sí mismo. Todos estos discursos de buenas intenciones se transforman en nada en la política interior. Un día nos proclaman el diálogo con la Iglesia, al siguiente la ministra de sanidad, Elena Salgado, vuelve a hacer burla y escarnio de la fidelidad como uno de los principios preventivos básicos en la lucha contra el SIDA. ¿Qué obsesión tiene esta buena mujer para que, en cada ocasión que puede, se cargue la fidelidad de los cónyuges? O al día siguiente, la ministra de educación, María Jesús Sansegundo, continua el “castigo” a la escuela concertada avisándola de su función de “servicio público a toda la población”. Eso es, en términos jurídicos y técnicos, doblemente equivocado porque la escuela concertada no es servicio público (lo contrario significaría reducirla a una simple concesión administrativa del Estado) y porque su papel tampoco es servir a esta abstracción que es “toda la población”.

La escuela concertada presta un servicio a toda la sociedad (pero esto no la convierte en un servicio público en términos jurídicos igual que no es un servicio publico la familia). Además, sus centros no se dirigen a una sociedad en abstracto, sino que son un medio concreto para que pueda ejercerse el derecho de los padres a elegir el colegio que sea más acorde con su ideario. Cada día un ministro u otro declara, anuncia, promueve medidas que chocan frontalmente con amplios sectores de la sociedad española. Menos declaraciones franciscanas por parte de Zapatero y más prudencia y voluntad de dialogo real, lo que significa escuchar al otro, por parte de su Gobierno.

¡Qué gran contraste con su capacidad para concretar acuerdos con los gobiernos de otros países, por distantes que sean, con la excepción (eso sí) de Estados Unidos! Ahora mismo, Rodríguez Zapatero le ha hecho un buen regalo de Navidad a su homólogo italiano, Silvio Berlusconi, asumiendo la necesidad de flexibilizar el limite del endeudamiento de las finanzas públicas en la Unión Europea, con lo que corrige así el Pacto de Estabilidad, algo que también interesa a Francia y Alemania y que Berlusconi necesita con urgencia para poder cumplir su promesa electoral de bajar los impuestos. Esta intención de “Il Cavaliere” resulta, por otro lado, imposible sin aumentar el déficit público italiano por encima de lo acordado en Maastricht.

Zapatero hace feliz a Berlusconi, y de paso le facilita un poco el que venza al centroizquierda italiano. Bien está si la vocación de nuestro jefe de Gobierno es repartir felicidad a manos llenas con los otros gobiernos, que así sea, pero por esa lógica es necesario demandar que esta capacidad para ceder graciosamente también la aplique en la política interna. Que él y su gente sean menos dogmáticos, vaya. Tan fácil para los de fuera, tan difícil para los de dentro.

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