Tanto bandazo marea

El fracaso anunciado de la comisión sobre el 11-M, en el sentido de que nadie parece interesado en promover el bien común (es decir, en este caso, cen…

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El fracaso anunciado de la comisión sobre el 11-M, en el sentido de que nadie parece interesado en promover el bien común (es decir, en este caso, centrar la atenciónen cómo evitar en la medida de lo posible que un suceso de este tipo se repita y, en lugar de ello, dedicarse a un tira y afloja partidista), se ve ahora acentuado por la actitud del presidente del Gobierno, José Luis RodríguezZapatero, pidiendo la comparecencia de su predecesor, José MaríaAznar, y no porque ésta carezca de lógica, sino porque, hasta el final del verano, PSOE y PP han venido coincidiendo en negar tal posibilidad.

Zapatero y el propio PSOE deberían razonar por qué ahorasíy antes no. Pero no se trata sólo de este hecho, sin duda importante, sino de una multitud de ellos que convierten la acción de gobierno en una perdigonada incierta. No es de país maduro que un organismo del Estado,la Sociedad Española de Participaciones Industriales (SEPI), inicie un proceso que se supone estudiado y tratado en las altas instancias políticas, la privatización de los astilleros civiles, y de repente el presidente del Gobierno, como consecuencia de una reunión improvisada con representantes sindicales en Bilbao, adopte un compromiso que parece señalar exactamente lo contrario. El Ministerio de Industria debería explicarnos por qué, hasta que Zapatero no fue a Bilbao y se encontró con la manifestación, el camino que se pensaba recorrer era otro.

La política pro atlantista de Aznar seguro que era desequilibrada, por no tener un suficiente contrapeso en Europa. Pero el cambio radical que hace Zapatero con dos compañeros de viaje (uno muerto políticamente,el alemán GerhardShröder, y el otro, el francés JacquesChirac, que siempre es una “amistad peligrosa”), si sabe que son casi sus únicos amigos, no parece prudente. El Estado español que el Gobierno dirige no puede pasar de la entente con George W. Bush, Gran Bretaña e Italia a propugnar la retirada militar de todos los países de Irak y a dar la imagen de un eje común con Francia y Alemania en una Europa a 25. Estas radicales transformaciones en política exterior casi resultan más propias de un cambio de régimen que de una alternanciade Gobierno.

Para decirlo claro, tanto bamboleo marea, porque de momento lo único que se ve claro es que este Gobierno está por el divorcio relámpago, el matrimonio y la adopción homosexual, la investigación con embriones y la eutanasia. En estos temas no hay fisuras, incluido el ministro de Defensa, JoséBono, tan parlanchín él en general y callado como un sepulcro blanqueado en estas cuestiones. En todo lo demás, el cambio continuo de dirección sólo presagia una cosa a medio plazo: un endiablado embrollo.

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