Teorías del todo, de John D. Barrow

John D. Barrow nació en Londres en 1952. Es catedrático del Departamento de Matemática Aplicada y Física Teórica en la Universidad de Cambridge. La ed…

John D. Barrow nació en Londres en 1952. Es catedrático del Departamento de Matemática Aplicada y Física Teórica en la Universidad de Cambridge. La editorial Crítica ha publicado otros libros suyos, como ¿Por qué el mundo es matemático? y El libro de la nada.

La vocación divulgativa de Barrow es inocultable, como también su capacidad para escribir claramente acerca de asuntos tan oscuros para los profanos en astrofísica. En el libro que nos ocupa, su transparencia expositiva queda manifiesta una vez más, tratando ahora de las teorías del todo, es decir: las teorías que sostienen que las leyes de la naturaleza se pueden unificar en una sola proposición de la cual se derive el resto.

Lamentablemente, no podemos engañar al público y decir que el libro es de lectura fácil, por más que no deje de ser un excelente ejercicio intelectual.

Las teorías del todo provocan una atracción similar a la de la ciencia ficción. La idea es sugestiva: un solo enunciado permitiría conocer el pasado, el presente y el futuro.

El autor tiene el acierto de explicar que la palabra ‘todo’ no se usa aquí para designar absolutamente todo (o sea, el hecho de que, en algún momento del tiempo, Shakespeare escribiese determinadas obras de teatro), sino que significa que sabríamos que la estructura física del universo fue, es y será de determinada manera.

Ahora bien, como él mismo reconoce, hay una pregunta que lleva más allá: ¿podría haber sido de otra manera? Como se preguntaba Einstein, si Dios creó el universo, ¿pudo elegir?

Por otro lado, ¿cuál es el problema principal del libro? Pues que Barrow, como todo progre, tarde o temprano termina meando fuera de tiesto y soltando alguna payasada, como que la religión judía es contraria al estudio de la naturaleza. Quizá debería mirar menos las estrellas y más a los hebreos. Vería que tal afirmación es profundamente errónea.

Otro patinazo es su soporte en una vaga noción de evolución. Da por sentado que el lector sabe a qué se refiere (como quien guiña el ojo al de al lado al pasarse de listo), pero en realidad debería comenzar por explicar si, en su opinión, evolución y selección natural son lo mismo (avanzamos que no lo son: Darwin no fue nunca evolucionista, sino otra cosa muy distinta).

Y vale también la pena señalar lo que parece (lo digo así porque no dispongo del texto original inglés) un error gravísimo de traducción a la lengua española: en el capítulo 6, encontramos la expresión ‘Argumento del Designio’ para lo que uno diría que tiene que ser el Argumento del Diseño. Si es así, el editor se ha lucido por no revisar bien la obra.

Pero retomando lo bueno del libro, Barrow es un hombre afortunadamente formado en literatura, cosa que le resulta de ayuda a la hora de explicarse no sólo por sí mismo sino mediante el uso de citas de autores tan lejanos de su campo como Joseph Conrad o Jonathan Swift.

Teorías del todo
John D. Barrow
Editorial Crítica
338 páginas

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