¡Que el terrorismo viene de nosotros!

¡El terror está y viene de nuestra propia familia! Ya que no consigo brillar por mis propias fuerzas, por mi valía personal… me impongo por la fuerza

Nos extrañamos, quejamos y criticamos lo que sucede socialmente y hasta entre culturas, el sometimiento general que está intentándose, pero nosotros actuamos igual en nuestras familias… Se quejan personas de toda condición: Que si “mira cómo está el patio”, que si “guerra por todas partes”, que si “estamos quedándonos sin monjas y sin sacerdotes”… ¡Y me quejo yo! Pero ¿de qué nos extrañamos? ¡Si lo único que cuenta para la inmensa mayoría de habitantes de la cultura occidental (que no del planeta) es el beneficio propio, inmediato y como sea y a costa de lo que sea! Todo, hasta las personas, como ya advirtió el Papa en Amoris Laetitia sobre el amor en la familia, ¡hasta las personas!, todo se valora por su utilidad y disponibilidad inmediata, para subir, para brillar, para ser visto, alabado, conocido… para sobrevivir incluso, ya, ¡que ya es el colmo…! Y lo más grave es que todo esto sucede cada día más entre las personas que parecen católicas, apostólicas y romanas ejemplares, porque van a misa diaria, rezan el rosario cada día… Pues la hipocresía y la locura están diseminándose y calando a fondo de manera abominable en nuestro mundo, cada día más cercano a nosotros: uno mata a su padre, otro viola a sus hijos… Pero ¿es que no estamos volviéndonos locos? “¡No se había visto nunca nada semejante!”, gritan los mayores. Y sí: ¡El terror está y viene de nuestra propia familia! Ya que no consigo brillar por mis propias fuerzas, por mi valía personal… me impongo por la fuerza. Surgen conflictos como setas, por todas las esquinas, dentro y fuera de nuestras familias, y ya casi nadie intenta evitarlos o solucionarlos, todos van a la suya, y el que intenta buscar una solución, además de ser tomado él por el loco, es quien, encima, recibe. El colmo es que, además, ya no importe ni el aprender a adquirir la resiliencia ni la valentía necesarias para afrontar y superar las contradicciones, que son inherentes a la vida misma: hago el vacío, aplasto al que me contradice, y sigo; ¿qué sentido tiene adquirir virtud?; cada uno va a imponer su “verdad”, en lugar de reconocer la verdad, o al menos de buscarla, cosa que se consigue mediante el silencio, la meditación y, como mínimo, el diálogo; pero, como nadie acepta que haya una verdad fuera de la suya, el dialogar es innecesario… o parece de tontos; y la meditación y el silencio son vistos como de otra época y hasta dan miedo. Reconozcamos que vamos sucios. Así que lavémonos y procuremos ser mejores.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>