Tesis para un nuevo movimiento social, cultural y político (I)

La realidad.

  1. La pérdida de la noción del bien y del interés para buscar la verdad están en la raíz de los problemas de nuestro tiempo
  2. Ambos tienen dos causas, una religiosa, la otra filosófica, relacionadas con la cultura de desvinculación.
  3. La causa religiosa es el olvido de Dios, su desprecio, su reducción a ídolo humano. La ignorancia de la cultura religiosa es una de sus consecuencias, que como daño radica en la pérdida de las fuentes y la tradición cultural. Charles Taylor afirma en Fuentes del Yo, que ninguna sociedad puede afrontar los problemas solo con los recursos de su propia época. Este es precisamente el gran error de nuestro tiempo
  4. La expulsión del sentido religioso no ha ido acompañada de un crecimiento de la racionalidad, sino del aumento extraordinario del mundo oscuro de las supersticiones..
  5. La causa filosófica es consecuencia de la destrucción de nuestra tradición cultural, la ignorancia de sus fuentes. Desde la extraordinaria construcción ético-filosófica de la Antigüedad grecolatina, hasta el esfuerzo desmesurado por la primacía o exclusividad de la razón, todo está malogrado, tanto que si la cultura religiosa ha desaparecido de la escuela pública, las humanidades todavía lo han hecho en mayor medida.
  6. La pérdida del sentido religioso ha sido definida como secularización. En realidad la secularización es la manifestación en el plano religioso de un proceso mucho más amplio: la desvinculación, que ha afectado, en una medida muy variable según el país, al conjunto de la sociedad occidental, con especial intensidad en Europa, con una gran velocidad en España, y de una forma demoledora en Cataluña.
  7. La cultura desvinculada se configura por la convergencia de ideas que tienen en su origen en el siglo XVIII, pero que eclosionan con fuerza y como cultura de masas a partir del “Mayo 68”. Hay que reseguir atentamente a Taylor y su Orígenes del Yo, para ver como acaba configurándose esta nueva ideología cultural, que no surge de ningún propósito explícito, de ningún concepto holístico, ni siquiera de un proceso de racionalización. Es el resultado del progresivo deslizamiento, que Freud ya denunciaba el 1915: “Allí donde la comunidad se abstiene de toda desaprobación cesa también la yugulación de los impulsos perversos”.
  8. La desvinculación surge de la exacerbación del individualismo propiciado por la sustitución de una cultura basada en una razón objetiva, por otra fundamentada en la razón instrumental. Esta se la dinámica de la modernidad, de la que la posmodernidad – la sociedad desvinculada- se su expresión actual, preparatoria del nuevo estadio que radicalizará la desvinculación, la desigualdad y el hiperindividualismo egocéntrico y hedonista: la posmodernidad.
  9. La cultura desvinculada propugna la realización personal plena sólo por medio de la satisfacción del impulso deseo, por encima de cualquier otra causa o razón. Ningún compromiso o vínculo personal, íntimo, social, colectivo; ningún deber de obligación; ninguna norma, tradición, creencia filosófica, fe religiosa, puede limitarlo o negarlo. Si lo hace el vínculo, el compromiso, tiene que ser transformado hasta hacerlo adaptativo, débil, o del contrario tiene que ser destruido.
  10. Se ha negligido la idea de que el ser humano lo es precisamente en relación a sus vínculos, logrados voluntariamente o por nacimiento, y que empiezan en aquello más elemental como es el compromiso con su corporeidad, con su naturaleza humana, y la ley natural moral que la rige. Sin vínculos se como nacer cada día, forzados al esfuerzo imposible de la reconstrucción cotidiana de los horizontes de sentido, o bien, lo que resulta más fácil, prescindir de todo sentido. Esta se otro carcterística de la sociedad desvinculada: vivir sin un sentido cumpleto de la existencia
  11. Las generaciones actuales de jóvenes y adolescentes manifiestan mejor que nadie esta actitud, porque ellas son las primeras herederas de la sociedad desvinculada en su plenitud. Sus padres, que han vivido la intensidad del proceso de desvinculación, guardan todavía la imprenta, poca o mucha, de otra sociedad, fruto de una civilización basada en el vínculo, y que se remonta a los orígenes de nuestra civilización.
  12. A lo largo del tiempo las sociedades han cambiado, han reordenado su jerarquía de valores, pero siempre bajo el común denominador del vínculo, no por ninguna razón ideológica, sino antropológica, natural. El humano se hace por el vínculo y en el vínculo. Desde Aristóteles lo sabemos razonablemente. Somos un zoon politicon, un animal relacional, esto es productor de cultura
  13. La vinculación es la consecuencia de las leyes que rigen las relaciones humanas y regulan el funcionamiento de las sociedades en términos no deterministas pero sí probabilísticos.
  14. No conocemos otro modelo, no hay otro modelo. Del compromiso ético con la polis, al cristiano, la fraternidad de la Revolución Francesa, el imperativo categórico kantiano, la concepción tradicionalista, conservadora, marxista, el personalismo comunitario, el comunitarismo. El tronco fundamental de nuestra filosofía moral y política está basado en el vínculo, porque él es expresión de la naturaleza humana. Solo el progresivo despliegue a partir de la ontología liberal ha acabado rompiendo con la naturaleza humana, sobre todo a partir de Rawls y Rorty
  15. El resultado ha destruido la ética. La ética sin compromiso se transforma en un hacinamiento caótico y contradictorio de prescripciones fragmentadas, formuladas en función de cada circunstancia, cada sector, cada grupo de presión. y así acaba siendo un cuerpo de normas al servicio del poder, porque él es el que se impone cuando no hay límites objetivos forjados en la historia y la razón.
  16. La cultura desvinculada ha dado lugar a las grandes rupturas históricas que por acumulación desmenuzan personas y sociedades.
  17. La ruptura cultural que ha destruido la tradición cultural y ha roto las fuentes, dejando al ser humano sin ninguna perspectiva sólida, y por lo tanto sin horizonte de sentido, más allá de sus impulsos individuales. Una concepción cultural que ha transformado la libertad necesaria por la búsqueda de la verdad, en una simple multiplicación de opciones, prescindiendo de todo criterio de veracidad y de calidad. La libertad no para encontrar la mejor opción, sino como sinónimo del máximo número de opciones
  18. Ruptura que convierte la transgresión en canon a la vez que mantiene la pretensión de vanguardia cultural en una contradicción imposible. No tenemos cánones, y tampoco vanguardias reales. La culminación de esta lógica es la cultura basura que estalla a la TV. Nunca hemos tenidos tantos vectores para hacer cultura, y nunca esta ha presentado una relación más baja entre calidad y cantidad producida. La hegemonía de la transgresión como lenguaje artístico hegemónico está determinada por la lógica del mercado. Desvanecido el sentido de la calidad, solo queda la provocación epidérmica.
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