Todo vale en el desquiciado referéndum sobre el Estatut

Pasará a la historia la astronómica divergencia entre el discurso “buenista” del presidente Zapatero y el desquiciamiento profundo que su política ha …

Forum Libertas

Pasará a la historia la astronómica divergencia entre el discurso “buenista” del presidente Zapatero y el desquiciamiento profundo que su política ha conseguido generar en la sociedad española.

Sólo del dato inmediato y cotidiano es necesario subrayar lo siguiente: la tragicomedia catalana donde un proyecto aprobado por cerca del 90% de los votos del Parlamento catalán se encuentra sometido a la hora de que decidan los ciudadanos, a una situación de máximo riesgo y de un conflicto como nunca se había producido.

En el corazón de este inmenso desaguisado se encuentra en su origen, su desarrollo y su final, Zapatero.

Primero, alentando un Estatuto de máximos desde el balcón de la Generalitat, en la plaza de Sant Jaume; después pactando un texto estatutario con la oposición, al margen de sus aliados y de su propio partido, finalmente empujando a unas condiciones donde el resultado final va a oscilar entre el NO cabreado y el SÍ de la comida de coco por una presión mediática y de propaganda como nunca se habrá experimentado y, en medio, un oceano de abstencionistas hartos de tanto marear la perdiz.

Las formas políticas, tan importantes para garantizar la democracia, han saltado.

El gobierno de la Generalitat que debe promover la participación se ha lanzado a una campaña a favor del SÍ que contraviene la legalidad y la más elemental ética.

Además, Pasqual Maragall envía cartas con fecha de 12 de mayo a los ciudadanos, a pesar de que muchos ya las han recibido a partir del 9, es decir, incluso antes de que el Estatuto sea aprobado formalmente en su paso por el Senado.

Aquí ya no importa nada, sólo conseguir que Zapatero salga bien parado de la contienda.

Extraña situación a la que se ve sometida Cataluña. Su Estatuto ya no es un valor en si mismo sino sólo un instrumento al servicio de los intereses de quien gobierna España. Extraña paradoja para el nacionalismo catalán que apoya el Estatuto.

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