Transición en EEUU: la Iglesia se prepara para la nueva evangelización

La Iglesia católica en Estados Unidos está en una fase de profunda transición. Un sacerdote o laico que viajara a través del tiempo de 1965 a 2005 se …

La Iglesia católica en Estados Unidos está en una fase de profunda transición. Un sacerdote o laico que viajara a través del tiempo de 1965 a 2005 se quedaría asombrado y probablemente desconcertado por los dramáticos cambios ocurridos durante los cuarenta años posteriores al Concilio Vaticano II. Evidentemente, la naturaleza jerárquica y sacramental de la Iglesia sigue siendo la misma. Lo que han cambiado son las cifras y la situación del laicado, los religiosos y el clero del Cuerpo Místico de Cristo. También se ha alterado la comprensión de sus respectivos papeles dentro de la Iglesia.
Nos encontramos en el otoño de lo que el conocido converso Richard John Neuhaus calificó como “la larga Cuaresma” sufrida por la Iglesia en Estados Unidos. Esto hace referencia al doloroso escándalo de las denuncias de abuso (algunas fundadas, otras no) contra una parte del clero católico. A pesar del tremendo desengaño que esto ha supuesto para muchos fieles laicos, estas denuncias se referían a menos del 2% del clero católico durante los cuarenta últimos años; y algunos de esos casos eran incluso anteriores al Concilio Vaticano II.
Como consecuencia, cientos de sacerdotes católicos han sido apartados del estado clerical, y los fieles laicos han sufrido escándalo. No obstante, contrariamente a las terribles predicciones procedentes de dentro y fuera de la Iglesia, ese escándalo no parece haber mermado la participación sacramental de los fieles, ni sus contribuciones económicas a las 195 diócesis que integran la Iglesia en Estados Unidos.

NUEVA EVANGELIZACIÓN

En realidad, como se dirá después, las estadísticas sugieren que la situación en muchas áreas de la Iglesia está tocando fondo. De hecho, bien podríamos estar a punto de entrar en una era más vibrante, en que los fieles echen firmes raíces en las auténticas enseñanzas del Concilio Vaticano II, tal como han sido transmitidas a través del magisterio del Papa Juan Pablo II y de su magnífico sucesor, y cercano colaborador, el Papa Benedicto XVI. La Iglesia en Estados Unidos está entrando en la larga marcha hacia la nueva evangelización, y el estatus del país como única potencia mundial hace que dicho desarrollo tenga una mayor importancia si cabe. Mientras tanto, los estadounidenses se encuentran profundamente divididos en muchos temas morales esenciales. De ahí la distinción, en las pasadas elecciones generales, entre los llamados “estados azules” y los “estados rojos”.

Estudiantes de la Universidad Franciscana de Steubenville, con otras 100.000 personas en la tradicional manifestación pro-vida de inicios de año en EEUU
No es el propósito de este artículo comparar Estados Unidos con otros países. Sin embargo, es indudable que en muchos temas, la situación del catolicismo en Estados Unidos sale favorecida si se compara con la Iglesia en Europa o Latinoamérica. Evidentemente, África y Asia son un caso aparte, pues están en pleno florecimiento evangelizador. Sus índices de crecimiento se han salido de la tabla durante el último siglo, y presagian con claridad que el centro demográfico de la Iglesia se moverá hacia el Este y el Sur en los próximos siglos. Prueba de que la Iglesia sigue cumpliendo el mandato recibido de Cristo de predicar el Evangelio a todas las naciones.

PAPEL IMPORTANTE

Aun siendo grande la Iglesia en Estados Unidos, va a la zaga de Brasil (144 millones), México (126 millones) y Filipinas (70 millones). Estos tres países, considerados en vías de desarrollo, no son equiparables a Estados Unidos en riqueza o poder. Esto tiene su reflejo en la “política” eclesiástica. Estados Unidos cuenta con trece cardenales, mientras que Brasil tiene ocho, México cinco, y Filipinas dos. Los votos de cardenales estadounidenses en el último cónclave superaron en número a los procedentes de toda África.
Naturalmente, la Iglesia universal y sus iglesias particulares no pueden ser medidas sólo por estadísticas; pero es innegable que la dimensión de la Iglesia en Estados Unidos tiene un significativo papel para la Iglesia católica. Aunque los católicos estadounidenses suponen un 6% de la población católica universal, un 12% de los obispos y un 14% de los sacerdotes de la Iglesia son estadounidenses.
 
Estados Unidos tiene más sacerdotes (41.000) que, juntos, los citados tres países con más católicos (si se suman los sacerdotes de Brasil, México y Filipinas son 37.000). Esto indica que la “escasez de sacerdotes” en Estados Unidos es casi irrisoria en comparación con otros países donde los sacerdotes atienden poblaciones mucho más amplias de católicos.

CRISIS POST-CONCILIAR

La situación del sacerdocio es siempre un indicador clave cuando se trata sobre el estado de la Iglesia. En muchos sentidos, las estadísticas en Estados Unidos son parecidas a las de Europa, donde el hedonismo en el Oeste y el comunismo en el Este han hecho estragos a partir de la II Guerra Mundial. Sea como fuere, la primera causa de la caída del número de católicos practicantes, tanto en Estados Unidos como en Europa, fue el malestar y la gran confusión del post-concilio. Queda para otro artículo.

Un fraile Franciscano de la Renovación,
con su hábito y barba característico, en las calles de Norteamérica
Echemos un vistazo a las cifras. En 1965, al término del Concilio Vaticano II, había en Estados Unidos 58.000 sacerdotes. Ahora hay 41.000. Para el año 2020, si continuase la tendencia actual, habría sólo 31.000 sacerdotes; y la mitad de ellos, mayores de 70 años. Un ejemplo personal: yo fui ordenado sacerdote en 1981, con 27 años. Hoy, con 52 años, en las reuniones con otros sacerdotes, compruebo que sigo siendo uno de los más jóvenes.
En 1965, se ordenaron 1.575 sacerdotes en Estados Unidos. En 2005, los ordenados fueron 454; es decir, un descenso superior a los dos tercios. Téngase en cuenta que, en el mismo periodo, la población católica de Estados Unidos ha pasado de 45,6 millones en 1965 a los 67 millones actuales (un incremento de casi el 50%).

CINCO MIL SEMINARISTAS

El venerable John Henry Newman dijo: “El crecimiento es la única evidencia de que hay vida”. Según esta afirmación, la Iglesia en Estados Unidos ha sufrido un profundo declive en las últimas cuatro décadas. Entre 1965 y 2005, el número de seminaristas ha pasado de 50.000 (42.000 seminaristas mayores y 8.000 menores) a los aproximadamente 5.000 actuales. Lo cual supone una caída del 90%.
El creciente nivel de vida y la integración de los católicos en la sociedad estadounidense ha sido una de las causas indirectas de esta caída, pues el sacerdocio se ha ido convirtiendo en sólo una de las posibles “opciones profesionales”. Además, el tamaño medio de una familia estadounidense (influida por la creciente disponibilidad de  anticonceptivos), ha pasado de cinco a dos hijos. Esto conlleva menos niños y familias menos generosas para animarles a considerar la llamada al sacerdocio célibe.
Esta tendencia se había iniciado ya en la década de 1940, cuando empezó a disminuir la proporción entre sacerdotes y laicos, antes ya del Vaticano II. Y aunque recientemente ha habido un modesto aumento en el número de seminaristas, y de ordenaciones, no es previsible un gran resurgimiento de vocaciones sacerdotales (al menos, si se compara con las cotas de 1965).
Por otro lado, los obispos más jóvenes, ordenados durante el pontificado de Juan Pablo II, están desplegando una política más apremiante y efectiva para conseguir seminaristas. Varias diócesis han obtenido resultados muy positivos.
Otra circunstancia importante para las futuras vocaciones sacerdotales es que en estos momentos, por mandato del Vaticano, se está realizando una inspección en todos los seminarios del país. Esta medida fue aprobada hace más de tres años, como consecuencia de la salida a la luz de los abusos por parte de algunos sacerdotes. Como es sabido, la crisis fue provocada en parte por la presencia de homosexuales activos en el seminario y en el clero.
Podemos anticipar que las conclusiones y recomendaciones que surgirán de la visita de los seminarios, junto con el reciente documento de la Santa Sede que prohíbe el ingreso de homosexuales en el seminario, traerá una mayor fidelidad a las enseñanzas de la Iglesia, un ambiente moral más sano en los seminarios y, como consecuencia, una mayor capacidad de atraer a jóvenes viriles y piadosos.
Finalmente, el vigoroso ejemplo sacerdotal de hombres recientemente canonizados, como San Maximiliano Kolbe, San Pío de Pietrelcina y San Josemaría Escrivá, junto con el estimulante sacerdocio, largo pontificado y reciente fallecimiento del Papa Juan Pablo II, seguro que atraerá al sacerdocio a muchos jóvenes. También merecen una mención las nuevas realidades eclesiales -tan favorecidas por Juan Pablo II y ahora por Benedicto XVI-, como pueden ser los neocatecumenales, que ya proporcionan vocaciones para el clero diocesano de Estados Unidos.

RELIGIOSOS

El número de hombres y mujeres que se consagran en comunidades religiosas ha descendido, incluso más dramáticamente, desde el final del Concilio Vaticano II. En 1965, había en Estados Unidos 22.707 sacerdotes religiosos; actualmente son 14.137, con un gran porcentaje de ancianos. El número de hermanos religiosos ha pasado de 12.271 a 5.451. Y el de religiosas, de la asombrosa cifra de 179.954, a las 68.634 actuales. Desde 1965, el número de monjas dedicadas a la enseñanza ha descendido un 94%.
Conviene recordar que estos descensos en el campo de la vida religiosa, al igual que en el número de sacerdotes diocesanos, no sólo se deben a los fallecimientos y a la escasez de nuevas vocaciones religiosas, sino también a abandonos masivos. Naturalmente, las defecciones tienen también un efecto desalentador en hombres y mujeres jóvenes que podrían ser llamados a la vida religiosa.
El cambio radical o el abandono de las reglas históricas, de la vida en comunidad o del hábito, por parte de muchas congregaciones religiosas, también dificultan el “reclutamiento”, y en muchos casos frustra la perseverancia de las vocaciones. Como consecuencia, ahora hay muchas más religiosas estadounidenses con más de noventa años que con menos de treinta. Su edad media es de 68 años.
La cifra de jóvenes que estudian para ser miembros de las dos principales órdenes religiosas de enseñanza -jesuitas y hermanos de La Salle- ha descendido un 90 y un 99% respectivamente. Hay pocas muestras de resurgimiento en este sector de la Iglesia en Estados Unidos. Sin embargo, ofrecen esperanzas algunas nuevas congregaciones religiosas y el reavivamiento de otras.
Las únicas congregaciones religiosas masculinas con signos de vitalidad y atractivo para nuevas vocaciones, son las vigorosamente fieles y evangelizadoras, como la recientemente fundada congregación de los “Frailes Franciscanos de la Renovación” o los Legionarios de Cristo. Paralelamente, entre mujeres, las congregaciones que visten hábito completo y tienen una sólida vida comunitaria y de oración están siendo bendecidas con muchas vocaciones: las Dominicas de Nashville y las Clarisas Pobres de la madre Angélica son dos claros ejemplos. Los carmelos tradicionales también siguen teniendo una corriente estable de vocaciones jóvenes. 

COLEGIOS CATÓLICOS

Podemos hablar ahora sobre el que fue, antes del Concilio, gozo y corona de la Iglesia católica en Estados Unidos: el sistema educativo, que abarcaba desde los colegios de secundaria a los cientos -sí, cientos- de escuelas universitarias y universidades católicas.
En la historia de la Iglesia, nunca había habido un sistema educativo tan amplio y, al menos en apariencia, tan sano. La educación primaria era atendida por la parroquia, donde se emulaba el trabajo pionero de San John Neumann. Las parroquias también dirigían muchos institutos, pero otros muchos eran fundados por grupos de religiosos y de religiosas. La mayor parte de estos institutos eran de educación diferenciada; otros admitían niños y niñas en el mismo edificio, pero los educaban separadamente.
Lógicamente, el concurso de matrimonios estables, familias relativamente numerosas y una sólida catequesis se traducía no sólo en muchas vocaciones, sino en hombres y mujeres bien formados, que vivían coherentemente su fe en el trabajo profesional, en la vida pública y en el matrimonio.
Todo eso ha desaparecido en gran parte. Casi la mitad de las escuelas católicas que existían en 1965 han cerrado. A mediados de la década de 1960, cuatro millones y medio de estudiantes asistían a colegios católicos; hoy son aproximadamente la mitad.
 
Pero mayor aún es el problema de la educación religiosa que se ofrece en los colegios que quedan. Muchos de sus programas catequéticos son impartidos y dirigidos por laicos escasamente formados, procedentes de la “Generación X” (nacidos entre 1965 y 1975), que tienen serias dificultades con algunos puntos de la doctrina y moral católicas.
 
Así por ejemplo, sólo el 10% de los profesores laicos de Religión aceptan la enseñanza católica sobre anticoncepción; el 53% piensan que una mujer puede abortar y seguir siendo una buena católica; el 65% dicen que un católico puede divorciarse y volverse a casar. A finales de la última década, en una encuesta del New York Times el 70% de los católicos entre 18 y 54 años decían considerar la Sagrada Eucaristía como un mero “recuerdo simbólico” de Jesús.

La Madre Angélica, con sus cadenas de radio y TV de la EWTN, ha logrado una red global que alcanza a millones en inglés y en español

SIGNOS DE ESPERANZA

Si nos referimos a la educación superior, actualmente hay 224 universidades y escuelas universitarias formalmente reconocidas como “católicas” por los obispos estadounidenses. A dos de ellas -Georgetown y Notre Dame University- se las incluye habitualmente entre las 25 mejores del país.
Sin embargo, el término “católico” tiende a ser aplicado en un sentido muy amplio. En muchos casos, de los orígenes católicos de los centros universitarios sólo quedan el nombre y las estatuas. Si se considera que lo más importante de una universidad católica es la fiabilidad de sus departamentos de teología, sólo unas quince (el 6% del total) han recibido la aprobación de la competente autoridad eclesiástica, según exige la Congregación para la Educación Católica, de acuerdo con la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae de 1990.
No obstante, hay signos de esperanza. Durante los últimos treinta años, se han fundado una docena de nuevas universidades católicas, en parte como reacción a la creciente secularización de las instituciones nominalmente católicas. Aunque muchas son aún pequeñas, la mayor parte de estas nuevas universidades están prosperando. La Universidad Franciscana de Steubenville, la de Dallas y la recientemente fundada Ave Maria University destacan entre las instituciones universitarias fiables más grandes; mientras que Thomas Aquinas College y Christendom College destacan entre las escuelas universitarias más pequeñas. Todas tienen un programa de estudios básico y obligatorio de artes liberales, que incluyen teología y filosofía.
Otro signo de esperanza lo encontramos en algunas universidades grandes. La Notre Dame University podría estar volviendo gradualmente a su catolicidad, espoleada en parte por su nuevo rector y por un cuerpo estudiantil mejor formado, que pide volver a la fidelidad al Magisterio de la Iglesia. Por otra parte, algunos obispos advierten ahora a las escuelas universitarias que no pueden seguir calificándose como “católicas”, si no se ganan ese título a través de la ortodoxia moral y doctrinal. Al menos seis nuevas escuelas universitarias y universidades están dando pasos en esa dirección.

UN TERCIO VA A MISA

Acercándonos al final de este recorrido por la Iglesia en Estados Unidos, podemos analizar ahora algunos datos sobre la vida sacramental de los fieles laicos. Después de todo lo dicho, no sorprenderá que la asistencia a la Misa dominical haya descendido en los últimos cuarenta años. Mientras que antes del Concilio, el 75% de los católicos iban a Misa todos los domingos, hoy asiste aproximadamente el 32%. Si a éstos se añaden los que asisten a Misa algunos domingos, un 40% de los católicos acuden a Misa un domingo cualquiera.
 
Las cifras son similares o superiores a las de otros países desarrollados, y se mantienen estables. Más inquietante resulta la costumbre americana de que comulguen prácticamente todos los laicos que asisten a la Misa dominical. Dada la dramática caída del número de confesiones y el descenso de la fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, debe de haber muchas comuniones objetivamente sacrílegas. Por ello, es necesario un gran trabajo catequético. 

ALGUNOS ASPECTOS MORALES

¿Cómo viven actualmente los católicos estadounidenses aspectos morales relacionados con el matrimonio y la familia? Las estadísticas disponibles son menos exactas. Según algunas, los católicos en general son un 30% menos propensos a divorciarse que el resto de la población. Cuando se trata de católicos practicantes, se divorcian un 50% menos que los estadounidenses sin religión o secularizados. Y termina en divorcio un 20% de los matrimonios católicos en los que al menos un cónyuge asiste a Misa semanalmente.
Desgraciada pero no sorprendentemente, los católicos estadounidenses tienden a usar anticonceptivos igual que el resto de la población. De ahí que el número de hijos por familia católica no varía mucho en relación con el de las familias no católicas. Por otra parte, los católicos realizan menos abortos que el resto de la población, pero no por una gran diferencia.
La clave para interpretar todas estas estadísticas es cómo definir “católico”. En estos temas morales, hay una enorme diferencia entre el católico que acude a Misa semanalmente, y quien lo hace sólo unas pocas veces al año. Por ello, diría que una gran cuestión para la Iglesia en las próximas décadas será distinguir con claridad entre a quién se considera católico practicante y a quién no. Esto puede significar una Iglesia más pequeña, pero mucho más fervorosa y apostólica, preparada para la nueva evangelización de Estados Unidos, que tantos frutos puede dar en los próximos veinticinco años, dentro del país y en todo el mundo.
LA INMIGRACIÓN, CLAVE
Actualmente, hay en Estados Unidos aproximadamente 67 millones de católicos, que representan el 6% de los 1.100 millones de católicos del mundo. Respecto a la población total de Estados Unidos, el porcentaje ha permanecido estable en los últimos cuarenta años, rondando una cuarta parte del total. Este dato resulta más bien alentador, si se tiene en cuenta la gradual desintegración de la principal corriente protestante tradicional y el incremento de quienes realmente no practican religión alguna.
Por otro lado, la cifra real de católicos puede ser de varios millones más, dado el alto índice de inmigración ilegal de hispanos -la mayoría mexicanos- que cada año entran en el país. La inculturación y evangelización de los inmigrantes, tanto legales como ilegales, procedentes de Latinoamérica será crucial para la buena salud de la Iglesia en Estados Unidos. Este flujo migratorio puede continuar y, en términos generales, los hispanos registran una tasa de natalidad más alta que los católicos anglosajones, afro-americanos o procedentes de Asia. Afortunadamente y cada vez más, muchos seminarios exigen -o al menos animan- a los alumnos a recibir clases de español antes de ser admitidos, puesto que la Iglesia católica en Estados Unidos es cada vez más bilingüe.
En sus comienzos y a lo largo de su historia hasta la década de 1930, la Iglesia en Estados Unidos creció como una Iglesia de inmigrantes. Sin embargo, la inmigración de ningún grupo étnico -ni siquiera de los irlandeses- fue tan rápida y abrumadora como la marea que procede del Sur del país. De hecho, ese flujo migratorio constante ha sido tan grande que algunos se refieren a California como “Mexifornia”.
 
Una de las grandes cuestiones que afectan a Estados Unidos como país, y a la Iglesia católica en Estados Unidos, es si la mayoría de los hispanos se integrarán aprendiendo inglés, como han hecho históricamente otros inmigrantes; o si formarán casi una región separada, que lleve a una “balcanización” del país. El verdadero futuro de la Iglesia en Estados Unidos depende del trato que se proporcione a la población de inmigrantes hispanos.

CAMBIO DE VOTOS

Desde un punto de vista cultural, es interesante estudiar el cambio que se ha producido en las pautas electorales durante los últimos cuarenta años. Desde la década de 1960, ha habido un claro desplazamiento de votantes católicos hacia el partido republicano y, por consiguiente, un alejamiento del partido demócrata.
Cuando las encuestas distinguen entre los católicos que van a la iglesia y los que no, el partido republicano domina por amplio margen entre los que van a la iglesia; y el demócrata, entre los que no van. Se podría decir que cuanto más ortodoxo en sus creencias es un católico estadounidense y más constante en ir a la iglesia, más probable es que vote a favor de los republicanos, cuyo programa nacional -especialmente en temas no negociables como el aborto, el “matrimonio” homosexual y la experimentación con embriones- está más en sintonía con las enseñanzas de la Iglesia.

El padre John McCloskey  es sacerdote de la Prelatura del Opus Dei, investigador del Faith and Reason Institute; escribe para numerosas publicaciones como Catholic World Report, Crisis Magazine, The Wall Street Journal, National Catholic Register, Washington Times, New York Times, y ACEPRENSA.
 

 

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