Tres católicos indonesios pueden ser ejecutados si Occidente no actúa

Tres católicos indonesios podrían ser ejecutados de forma inminente en Indonesia si no se les conmuta la pena de muerte a la que fueron condenados inj…

Tres católicos indonesios podrían ser ejecutados de forma inminente en Indonesia si no se les conmuta la pena de muerte a la que fueron condenados injustamente en 2001.

Los tres fieles han lanzado una llamada de auxilio y piden “el apoyo moral de todos los católicos del país” y de otros estados en todo el mundo. Sin embargo, ser cristiano en algunos países es una culpa añadida a la pena capital que no despierta el interés de los medios de comunicación internacionales, ni moviliza a las mismas masas que, por ejemplo, se plantan ante las prisiones estadounidenses cuando algún reo está a punto de ser ejecutado.

Hace ya una semana que el cumplimiento de la condena se anunciaba como un hecho casi consumado. Tan sólo la agencia del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras (PIME), ASIA NEWS, ha alzado su voz en defensa de los tres detenidos, tal como informa ZENIT.

ASIA NEWS sigue insistiendo en que el proceso de los tres católicos ha estado marcado por intimidaciones a gran escala de extremistas islámicos y los jueces no han prestado atención a los testigos de la defensa, exculpatorios de los cargos que se les imputan.

Los hechos

La localidad de Poso, en las islas Sulawesi, Indonesia, fue escenario entre 1998 y 2001 de sangrientos enfrentamientos entre cristianos y musulmanes. Más de 2.000 personas perdieron la vida como consecuencia de los conflictos.

En ese contexto, en el 2000 se produjo la masacre de dos centenares de musulmanes y, entre otros, fueron implicados en la misma los católicos Fabianus Tibo, de 60 años), Domingus da Silva, de 42, y Marinus Riwa, de 48.

Arrestados ese mismo año, en 2001 el tribunal regional de Palu (Sulawesi central) les condenó a muerte. Cabe señalar que ningún musulmán fue procesado por aquellos violentos hechos que, aún en la actualidad, siguen sin aclarar.

El pasado 10 de mayo, tras un ‘NO’ del presidente Susilo Bambang Yudhoyono a la segunda petición de gracia, todo indicó que faltaban tres días para la ejecución de “Tibo y compañeros”, come se conoce desde hace tiempo a los tres reos católicos.

La amenaza de “ejecución inminente” de la condena se arrastra desde hace meses, “pero hasta el momento nunca se ha revelado una fecha oficial”, apuntó el pasado día 19 la agencia del PIME. “prosiguen las protestas de grupos pro derechos humanos y de la comunidad cristiana indonesia, que consideran ‘injusto’ el proceso sufrido por los tres”, confirmó ASIA NEWS.

Grito de impotencia

Los familiares de los condenados les visitaron el pasado día 18 en la cárcel de Palu y, tras un encuentro de diez horas, manifestaron a los medios: “Tibo y sus compañeros piden el apoyo moral de todos los católicos del país; es el grito de gente impotente que tras los barrotes busca aún justicia”.

Anselmus da Silva, familiar de uno de los detenidos, uno de los familiares, aseguró que “los tres están emocionalmente estables y conscientes de hallarse plenamente en manos de Dios. Están preparados para morir como ‘mártires’ inocentes y no es la ejecución lo que les preocupa, sino el destino de sus familias”.

También, la agencia del PIME informó de que hace más de una semana el jefe de policía de la provincia de Sulawesi central, Oegroseno, se reunió con algunos altos cargos del gobierno para expresar sus serias dudas sobre la capacidad de los tres condenados de ‘orquestar’ enfrentamientos como los de hace años.

Insistió en que los tres deberían seguir con vida, “como testigos clave para desvelar el misterio que se oculta tras aquella violencia”, informó la agencia. “Pero parece –sigue ASIA NEWS- que desde hace algunos días el Ministerio indonesio de Política y Seguridad ha pedido a la Oficina del Fiscal de Sulawesi que señale una fecha precisa para la ejecución”.

Ser cristiano, acusación añadida

Mientras se acorta el tiempo para que la ejecución sea un hecho, las movilizaciones por parte de la comunidad internacional para frenarla brillan por su ausencia. Al margen de los grupos pro derechos humanos y cristianos de la zona, que reclaman justicia, los medios de comunicación occidentales ignoran la noticia y da la impresión de que, en ciertos países, ser católico es un cargo añadido para que se haga efectiva la pena capital.

Si estuviéramos hablando de tres condenados a muerte en Texas, aunque fueran miembros de Al Qaeda, centenares de personas, a buen seguro que la mayoría católicas, se manifestarían a las puertas de la prisión para pedir la conmutación de la pena de muerte.

Los medios de comunicación se harían eco de la noticia a todas horas y no dejarían de hacerlo hasta ejecutada la sentencia o conmutada la pena. Por otra parte, cabe recordar los casos de Safiya Hussaini o Amina Lawal, condenadas a morir lapidadas y que, gracias a la presión de millones de personas y de la comunidad internacional, fueron liberadas.

Sin embargo, Tibo, Da Silva y Riwa siguen esperando un milagro que les salve del horror que supone esperar su propia ejecución.

“Los tres católicos indonesios condenados a muerte son inocentes. Pedimos al Presidente, a la Alta Corte: ¡No los ajusticiéis! ¡Dejadles en libertad!”. Este era el llamamiento que hace unos días hacía el misionero verbita indonesio P. Patricio Pa, Director de las Obras Misionales Pontificias (OMP) en Indonesia.

Lo dicho: Las organizaciones de Iglesia y los movimientos católicos de la zona son, aparentemente, los únicos interesados en que esa sentencia no se cumpla.

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