Tres consejos para desarrollar la inteligencia emocional de los adolescentes

¿Cómo adquirir inteligencia emocional?, una pregunta a la que se responde con la repetición de actos buenos que ayudan a crear una satisfacción personal, a encontrarse con los demás, y que les proporciona seguridad y autoestima

Durante la infancia y la adolescencia podemos inculcar en nuestros hijos aquellos hábitos emocionales que les lleven a ser más felices Durante la infancia y la adolescencia podemos inculcar en nuestros hijos aquellos hábitos emocionales que les lleven a ser más felices

¿Qué opinas acerca de ti mismo y de tus posibilidades? ¿Qué opinarías si supieras que cambiando la forma de enfrentarnos a los fracasos de la vida, todo resultaría diferente? Cuando hablamos de inteligencia emocional, la herencia no es lo fundamental. Durante la infancia y la adolescencia tenemos la gran oportunidad de inculcar en nuestros hijos aquellos hábitos emocionales que les lleven a ser más felices.

Llamamos Inteligencia Emocional al conjunto de capacidades que tiene una persona para resolver los conflictos relacionados con sus propias emociones, como por ejemplo la tristeza, la ansiedad, el enfado y sus relaciones con las emociones de los demás, tal como describe Maite Mijancos en su libro Inteligencia Emocional y Felicidad.

Está muy relacionada con la cordialidad, la simpatía, la empatía, caer bien a los demás, acercarse a ellos con facilidad, saber motivarse cuando se tiene algún problema, no dejarse llevar por la angustia, saber agradecer, etc., según una información publicada por el Grupo de Entidades Catalanas de la Familia (GEC),.

¿Cómo adquirir inteligencia emocional?

Nuestros hijos deben aprender a adquirir una serie de hábitos emocionales fundamentales que no solo gobiernen todas sus acciones, sino que les lleven a ser felices, porque a ser feliz también se aprende.

En ese sentido, los hábitos emocionales se adquieren por la repetición de actos buenos que ayudan a crear una satisfacción personal, a encontrarse con los demás, y que les proporcione seguridad y autoestima.

Para ello, debemos sugerir a nuestro hijo adolescente que reflexione sobre sus emociones, sus impulsos, y sobre sus diferentes reacciones ante distintos hechos para que saque conclusiones sobre su propia vida y en qué circunstancia le gustaría cambiar su forma de actuar. Y la mejor manera es preguntándose sobre los diferentes aspectos y habilidades que configuran su inteligencia emocional.

¿Cuál es tu grado de inteligencia emocional?

Una forma de avanzar en este sentido es realizar el test para saber cuál es tu grado de inteligencia emocional. Este test es válido para toda la familia, tanto vuestros hijos adolescentes, como también vosotros, los padres podéis hacerlo, pero sin olvidar el sentido del humor. No se trata ahora de hundirse en la miseria si comprobamos que nos falta mucha más inteligencia emocional.

Tres consejos para los adolescentes

Al respecto, bueno es sugerir tres consejos que ayudan a desarrollar la inteligencia emocional de los adolescentes.

  1. Fase de maduración. En esta fase es más fácil reconducir hábitos y comportamientos para desarrollar la inteligencia emocional. Por lo tanto, este test simplemente es una prueba que le puede ayudar a reflexionar y que os puede ayudar, con sentido del humor, a ver en qué aspectos debe controlar y desarrollar más sus emociones.
  2. Crítica constructiva. Si después de hacer este test, tu hijo obtiene un resultado bajo, sería perjudicial si te dirigieras a él descalificándole: “Lo ves, es lo que siempre te digo, que no controlas bien tus emociones ni tus reacciones, a ver si aprendes de esta prueba y pones manos a la obra”.

Con este comentario, lo único que conseguirás es que tu hijo se desmotive. Relativiza un poco la prueba y piensa con él todas las cosas buenas que hace y anímale a desarrollar más habilidades emocionales, porque tiene capacidad.

  1. Cambios en la adolescencia. Si vuestro hijo obtiene un resultado alto, tampoco debéis confiaros. Aunque va por buen camino y puede ayudar mucho a los demás con sus emociones positivas, piensa que en la adolescencia, lo que hoy es blanco mañana puede ser negro. Además, que este resultado le sirva para compartir sus emociones con los demás.

Quizás una buena terapia para toda la familia sea esforzarse en conseguir aquella habilidad emocional que todavía no hemos adquirido. Por ejemplo, si mi problema es que no tengo tiempo para charlar, durante esa semana me propondré momentos para dialogar con mis hijos o mi cónyuge; si lo que le pasa a mi hijo adolescente es que siempre se enfada cuando recibe una corrección justa de sus padres, durante esa semana intentará no enfadarse y opinar con serenidad.

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