Tribunal Constitucional: una sentencia peligrosa para la democracia y el Estado de Derecho

Ahora ya se ha hecho pública la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el matrimonio y la adopción homosexual y, una vez leí…

Forum Libertas

Ahora ya se ha hecho pública la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el matrimonio y la adopción homosexual y, una vez leída, deseamos manifestar nuestra preocupación y temor ante la metodología que ha utilizado, que deja sin sentido a la tradición jurídica y a la voluntad de los legisladores, que no es el Gobierno sino el Congreso de los Diputados y el Senado. La sentencia se inscribe en una línea tan española como la de ser nulamente respetuosa con la democracia representativa. Los miembros del Tribunal que la han acordado, por razones partidistas, son responsables de futuros y conflictivos usos a que aboca su método, tan poco respetuoso con el texto constitucional. Han sustituido la exégesis jurídica del mismo para remitirse a una “interpretación evolutiva”, que consiste en adivinar a su juicio la voluntad de los ciudadanos guiándose por lo que dicen las encuestas, como si éstas fueran la expresión de la voluntad popular y no los representantes elegidos. Son el Congreso y el Senado y otras instancias institucionales las que configuran el Estado de Derecho en nuestra democracia. Y olvidarse de ello es gravísimo, porque se presta a toda demagogia y a toda manipulación. Este es el caso.

Para salvar una sentencia insostenible practican lo que en términos aristotélicos es la demagogia, la degradación de la democracia y el populismo de los estados de opinión interpretados por una parte. Todo ello dirigido a hacer decir a la Constitución no lo que dice sino lo que se considera que hoy la gente cree que debería decir sobre aquel aspecto. Hay aquí una doble y abusiva interpretación, algo insostenible desde todo punto de vista jurídico y, más allá de él, del Estado de Derecho, de la democracia representativa.

¿Se imaginan interpretar los textos jurídicos desde este punto de vista? Es entrar en el reino de la arbitrariedad. Es constitucional todo aquello que el Tribunal Constitucional cree que piensa la sociedad aunque la Constitución no lo asuma. Esto es lo que han hecho estos hombres de la más alta instancia. Es muy grave. Es necesario subrayar que al interpretar de esta manera la evolución han prescindido de la voluntad del legislador, porque, es necesario recordarlo y subrayarlo, la ley fue aprobada en el Congreso por una mayoría relativa pequeña. Y aquí la cuestión es si una institución previa al Estado, predemocrática, como es el matrimonio, puede ser modificada sin la base que poseen todas las grandes decisiones: la de la mayoría cualificada de las tres quintas partes o al menos de la mayoría absoluta.

Fijémonos que por la vía constitucional real el matrimonio homosexual hubiera requerido cambiar la Constitución, tener una mayoría cualificada en el Congreso y llevar a cabo un referéndum. Con la nueva visión basta con una mayoría mínima y la sentencia de la interpretación populista. Pero es que, además, la otra Cámara legislativa votó en contra. El Senado vetó la ley. Si esta hubiera sido una institución normal, es decir como las que existen en el resto del mundo occidental, dicha ley no hubiera sido aprobada. Eso sí hubiera sido interpretar la norma de acuerdo con el Estado de Derecho basado en la democracia representativa. Todavía hay más. La propia instancia de gobierno de los jueces la rechazó. Entonces, ¿cómo el Tribunal Constitucional puede decir que está asumido por la sociedad española si en el momento de votarla cada cámara votó de una forma distinta a la otra por márgenes reducidos y el gobierno judicial también se inclinó por la negativa?

¿Cómo es posible que todo esto no tenga ningún valor para el Tribunal Constitucional?

En otro orden de cosas, también resulta sumamente llamativa la forma absolutamente impresentable de cómo los representantes de la sociedad española, diputados y senadores, aceptan que los ninguneen sin manifestar ningún malestar. Que no se quejen más en un futuro si cualquier manifestación en la calle, cualquier planteamiento en nombre del resultado de una encuesta en un momento determinado, les niega el pan y la sal, porque ellos antes se la han negado a si mismos. Como se la ha negado a si mismo el ministro de Justicia y con él el Gobierno asumiendo estupendamente la sentencia. Es evidente que el Tribunal Constitucional le ha sacado una patata caliente de las manos al Gobierno al evitarle que legisle sobre el matrimonio y la adopción homosexual. Y por ello han estado dispuestos a renunciar a su dignidad. Lo han hecho en nombre de la pequeña comodidad. A cambio, sufrirán en el futuro incomodidades mucho más duras.

¿Cuáles serán las consecuencias de aplicar esta interpretación evolutiva por ejemplo a la forma de Estado, Monarquía y República? ¿Qué pasará si en un momento determinado las encuestas invierten su posición favorable al Rey? ¿Cómo argumentarán ante los catalanes si estos se manifiestan en las encuestas con una mayoría clara a favor de un referéndum que la Constitución no permite?, ¿cuál será el argumento? ¿Acaso lo que es válido para el lobbie homosexual no lo es para los catalanes?, ¿lo que es válido para el lobbie homosexual no lo es para los republicanos? Y así podemos ir cambiando sucesivamente de sujetos en nuestra cada vez más conflictiva sociedad.

Lo que en su día construyeron los fundadores de la nueva democracia española, sus sucesores más próximos en el tiempo, ya la primera generación, lo han destruido para hacer posible que unos pocos homosexuales se casen cada año, y presentando como normal lo que es excepcional en Occidente y todavía más en el resto del mundo. Qué insensata e injustificada pedantería es la que se ha cometido.

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