Un cura y un cañón: el padre Gassendi, entre Descartes y Galileo

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¿El sonido tiene velocidad? ¿Y se puede medir? El padre Pierre Gassendi, en pleno s.XVII decidió responder a esto por la vía experimental: disparar un cañón y ver cuánto tardaba en oírse el estruendo a una larga distancia. Fue una de las muchas aportaciones científicas de un sacerdote apasionado por la ciencia, la filosofía y que murió con fama de piadoso y caritativo.

Pierre Gassend (o Gassendi) nació en uno de los muchos pueblos que salpican las praderas provenzales. Como hijo de campesinos, le correspondía una vida de trabajo manual en el campo, pero la intuición “cazatalentos” de su tío sacerdote le abrió las puertas del seminario de Digne.

Estudió en la universidad de Aix, y tras obtener su doctorado en Aviñón, volvió a ésta como catedrático de filosofía. Simultáneamente accedió al orden sacerdotal y su ordinario le confió una canonjía en Digne.

Científico autodidacta y filósofo combativo

El aristotelismo del siglo XVII se caracterizaba por su rigidez dogmática y por un abuso del argumento de autoridad. Gassendi, que había adquirido una profunda formación en la “nueva ciencia” de manera autodidacta, conectó con la visión de Copérnico y Galileo.

Hombre apasionado, no dudó en atacar con dureza la corriente dominante, con la publicación del Exercitationes Paradoxicae adversus Aristoteleos. Eso le valió que muchos le abandonaran y que le hicieran “saltar” de su cátedra en Aix.

Encontró refugio y comprensión en el círculo del monje Mersenne, gran promotor de la ciencia en París. Cuando las aguas se calmaron pudo regresar a su querida Provenza, en la que vivió entregado a la predicación y al estudio.

Su “pique” con Descartes y su interés por Epicuro

Mersenne, el monje mínimo en torno al cuál se reunían las máximas autoridades científicas, fue el promotor de un bello duelo intelectual entre dos primeras espadas: Descartes y Gassendi.

El férreo racionalismo del primero, receloso del conocimiento a través de los sentidos, no logró minar la incondicional convicción de Gassendi de que todo conocimiento empieza por los sentidos. Eran el primer episodio de una batalla gnoseológica que perdura hasta nuestros días y que se resume en la pregunta: ¿Cómo es posible nuestro conocimiento?

Por influencia del estudio de las obras de Epicuro, elaboró una teoría sobre la constitución de la materia en la que se conjugaba la doctrina atomista, materialista y mecanicista de Epicuro, con aspectos espiritualistas y finalistas que la hicieran compatible con la existencia de Dios, la Providencia divina y la libertad del hombre.

La muerte le impidió hojear el libro que contiene la síntesis de su pensamiento: Sintagma philosophorum.

Física a la altura de Galileo

Gassendi se carteaba con Galileo, ya que compartió con él la pasión por la física y la astronomía. En estos campos las contribuciones de Gassendi no son nada despreciables.

Registró con precisión los principales fenómenos celestes acaecidos entre 1618 y 1655 y ello le permitió poder observar el cometa de 1618, ser testigo de la Aurora Boreal del 1621 (a la que él mismo dio este nombre), el eclipse lunar del 1623 y el tránsito de Mercurio ante el Sol en 1631.

Cysat y él fueron los primeros de la historia en observar este último fenómeno, pero la inquietud de Gassendi superaba la de su colega Cysat, y se aventuró a hacer unos cálculos para determinar el diámetro de Mercurio.

También fue el descubridor de un fenómeno meteorológico muy infrecuente: los parhelios. Cuando en las capas altas de la atmósfera se acumulan los cristales de hielo, la luz que procede del Sol (y a veces también la de la Luna) se refracta a través de ello y provocan en el observador terrestre la sensación de que hay dos círculos brillantes a ambos lados del Sol (o de la Luna, según el caso).

Sus observaciones sobre la acústica y el movimiento son de tanta magnitud como sus observaciones meteorológicas. Un ejemplo es su medición de la velocidad del sonido en el aire. Fue el primero en lograrlo y lo hizo haciendo disparar un cañón a una larga distancia y midiendo el tiempo transcurrido entre la llegada del resplandor y la del sonido.

Alguno podrá pensar que toda esta dedicación a la ciencia le condujo a relegar a un segundo plano su labor sacerdotal. Nada más lejos de la realidad.

Gassendi fue recordado mucho tiempo después de su muerte como “ese sacerdote santo” siempre dispuesto a ayudar a los pobres. La cantidad y la calidad de sus amistades testimonian su carácter modesto y conciliador.

Sus escritos revelan que siempre se mantuvo en la ortodoxia y el testimonio popular avala su piedad y su caridad, signos inequívocos de su fidelidad a la vocación sacerdotal recibida.

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