Un día negro

Por segunda ocasión en lo que va de año, el 27 de abril ha provocado unas dosis considerables depánico en la economía espa…

Forum Libertas

Por segunda ocasión en lo que va de año, el 27 de abril ha provocado unas dosis considerables depánico en la economía española. El anterior, semejante y a principios de año, tuvo duros efectos y su consecuencia fue la llamada del Rey a un pacto de Estado sobre la política económica, que acabó en paripé concluido en una nada con sifón.

Ahora el aviso es más demoledor si cabe. En realidad ya no se trata de que nos avisen, es sencillamente una demostración que estamos enfermos de una manera grave.
Los datos son bien elocuentes. Hemos alcanzado el 20% de paro. Un golpe terrible para el mundo del trabajo y para muchísimas familias. El déficit público en el primer trimestre del año se ha disparado al 15%, con lo cual demuestra la incapacidad del Gobierno para controlar las administraciones públicas. El efecto de este dato sobre los mercados internacionales será el acrecentar la desconfianza que ya de por si está muy baja.
Finalmente, la bolsa descendió más de un 4%, la que más bajo, con excepción de Grecia, dañando una vez más a los ahorradores.
En otras palabras, ni hay trabajo, ni la Administración es capaz de autorregularse, ni los ahorros están a salvo. El Gobierno está incapacitado hasta el cansancio para resolver nada bien. Incluso el periodo de presidencia rotatoria de la UE está resultando no ya discreto, en lugar de triunfal como se quería, sino un desastre y, como dato, valga lo que ha sucedido con el transporte aéreo sin que Zapatero apareciera, o lo que ahora acaece con los bonos griegos en caída libre: el eurogrupo tiene como fecha anunciada de reunión ¡el 10 de mayo! Es una manifestación clara de incapacidad que, obviamente, no afecta solo a Zapatero, como es lógico, sino a Rompuy, presidente del Consejo de la Unión Europa,y a Durao Barroso, el presidente de la Comisión. Si subrayamos el caso de nuestro hombre es sencillamente porque una vez más la grandilocuencia que precedió al anuncio de su presidencia se ha traducido en lo que estamos viendo. Y este desequilibrio entre grandeza anunciada y fracaso reiterado en los resultados dura ya demasiado tiempo como para pensar que tiene remedio.
En un país normal en condiciones normales, ante una gobernación tan y tan desastrosa, tan equivocada en sus vaticinios, tan fracasada en sus prácticas, se valorarían unas elecciones anticipadas. Y si esto no es así quiere decir que el entusiasmo que despierta la alternativa del Gobierno y el interés de la misma para dar un paso al frente resulta perfectamente descriptible, y eso es malo. El PP está demostrando con su práctica que no es capaz de generar la confianza suficiente. Confían solo en el desgaste del Gobierno, sin reparar que es el país quien se desgasta todavía más.
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