Un encuentro tardío con el enemigo‘, por Flannery O’Connor

Flannery O’Connor no llegó a cumplir los 40 años. Murió de una extraña enfermedad sanguínea degenerativa, heredada de su padre. Por ello, desde los 30…

Flannery O’Connor no llegó a cumplir los 40 años. Murió de una extraña enfermedad sanguínea degenerativa, heredada de su padre. Por ello, desde los 30 años estuvo pegada a una silla de ruedas y sintió esa urgencia por comunicar su vida a través de la escritura, que practicó metódica e incansablemente desde su más temprana juventud.
 
Al leer este conjunto de relatos que se publica ahora en Encuentro constatamos que su vida no se perdió. Su obra es el reflejo evidente de que la realidad, con toda su dureza, está hilvanada por una misericordia que permite que ésta sea un drama y no una tragedia.
 
La dificultad que surge al paso del enfermo, del pobre, del marginado, en su obra aparece transfigurada en posibilidad. Lo humano no es aplastado por la circunstancia sino llamado a pronunciarse libremente.
 
En cada una de estas pequeñas joyas que son sus relatos aparece constantemente la realidad como originada por una mano misteriosa y misericordiosa. En toda miseria, pobreza, racismo, o injusticia del mundo sureño y faulkneriano que la rodea, O’Connor descubre un motivo para amar a sus personajes, para hacer brillar su conmiseración ante los habitantes de ese rudo mundo provinciano del “cinturón bíblico”, que hizo ganar las últimas elecciones a George Bush.
 
Esta gran narradora de corto recorrido – que José Jiménez Lozano parangona en el prólogo a un tren de cercanías – nos cuenta aquí historias bellas y reales, pequeños dramas dirigidos a la sensibilidad del lector, que en seguida se siente recogido en su miseria e invitado a un trabajo de búsqueda del origen de esa luz tenue pero cálida que habita sus relatos.
 
El mal es un dato de la realidad, pero hay algo en el hombre que opta por no resignarse a la oscuridad, porque todo en su vida pide más allá. La soledad de todo hombre está destinada a reconocer esa eterna compañía que constantemente entra en su universo finito despertando sus mermadas energías e invitándole a continuar.
 
Sin duda tenemos aquí otro ejemplo de una obra nacida de una experiencia fecunda: la de una católica que se puso a escribir sabiendo que tenía poco tiempo para comunicar su leticia. En Estados Unidos tardaron en incluirla entre los literatos insignes del siglo XX. A lo mejor, aquí en España, algunas mentes despiertas pueden ahora gustar su genio sin prejuicios…

Un encuentro tardío con el enemigo
Flannery O’Connor
Editorial Encuentro
340 páginas
 

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