Un grave error de Europa

Sígueme en Twitter: @jmiroardevol Europa en general tiende a mirar hacia el sur, más allá del Mediterráneo, como un &aacu…

Sígueme en Twitter: @jmiroardevol

Europa en general tiende a mirar hacia el sur, más allá del Mediterráneo, como un área muy lejana. Esto puede ser explicable para los países atlánticos y nórdicos. Explicable sí, pero que se justifique por la racionalidad no, porque la frontera más próxima de la Unión Europea es precisamente la mediterránea. Pero, el autismo resulta todavía más grave cuando se aplica a países como España, que ven todo lo que sucede en los países árabes de la ribera mediterránea y el Oriente Medio como algo que no les concierne, cuando son nuestros vecinos más próximos.

Una muestra de esta mirada equivocada es el acuerdo de la Unión Europea declarando a Hizbulá, concretamente a su brazo militar, como terrorista. La excusa aducida es un atentado cometido hace un año en Bulgaria en el que murieron cinco turistas israelíes. El único problema es que el juicio no ha concluido y por lo tanto es arbitrario prejuzgar el resultado final precisamente ahora. Es evidente que Hizbulá actúa en unos términos que podemos conceptuar como terroristas, aunque ellos consideren que forman parte de un ejército de liberación que lucha contra Israel. Pero es que el brazo político de esta organización forma parte del gobierno del Líbano, un país inestable en sí que se encuentra ahora fuertemente convulsionado por la guerra civil en la vecina Siria, y al que ahora se le añade un nuevo problema, porque los propios expertos europeos están de acuerdo que es realmente muy improbable deslindar qué es lo político de lo militar. La iniciativa ha sido encabezada por Holanda e Inglaterra, que siempre tienen unas visiones sui generis más próximas a la perspectiva desde el otro y lejano lado del Atlántico, es decir de Washington, que de los intereses estrictamente europeos.

Pero la rareza es que en esta ocasión la decisión fue rápida y aprobada por unanimidad, incluso con el voto favorable de España, que normalmente se muestra muy reticente con determinadas decisiones que afectan a los países árabes vecinos, más cuando hay un destacamento militar en el Líbano, precisamente en territorio de Hizbulá. No es una medida prudente la adoptada por el Gobierno español, arriesgando la vida de los militares que allí se encuentran. Pero, más allá de este hecho concreto, hay que buscar las razones de fondo de esta rápida y decidida actuación contra este grupo libanés, que no son otras que su apoyo a Al-Asad en su guerra civil. Y esto multiplica el error por diversas razones.

El fiasco de Libia todavía está bien vivo. Lo que ha comportado en la práctica la acción contra el dictador es un reino de taifas y el facilitar dinero y armas a los radicales de Al Qaeda en todo el Magreb. La necesidad de intervenir en Mali por parte francesa tiene su raíz en la anterior intervención europea en Libia. En Túnez, la situación es mucho más estable, pero no del todo resuelta ni bien definida. En Egipto, los vaivenes son impresionantes y existe el riesgo de una guerra civil, como la que está ensangrentando Siria. En todo este proceso, la población de lejos más dañada son los cristianos. Los coptos en Egipto, las minorías de esta confesión en Siria, que se encuentran en grave peligro, como antes ha sucedido en Irak. Líbano, el único país árabe donde los cristianos constituyen una parte importante de la población y en el Gobierno, corre ahora el riesgo de entrar en un profundo seísmo interior y exterior que, una vez más, actuaría expulsando a los miembros de esta fe de Oriente Medio.

La democracia es necesaria, pero bajo la conceptuación exacta de lo que es: un medio. En ningún caso se trata de un fin en si mismo. La democracia es el medio que nos permite alcanzar el bien común, pero, cuando esta condición no se cumple y funciona en sentido contrario, la democracia deviene una injusticia. Europa ya tiene una clara experiencia en este sentido. Una y otra vez hay que recordar que Hitler llegó al poder y se consolidó a través de dos elecciones perfectamente democráticas, y que inició el ejercicio de su dictadura en un régimen parlamentario, y que en este régimen empezó a elaborar las primeras leyes totalitarias. Que una democracia sirva para consagrar a un presidente que acto seguido se dote de plenos poderes es un contrasentido inaceptable. Después del caso de Hitler, las historias se sucedieron. Las primeras elecciones después de la II Guerra Mundial en la zona ocupada por la URSS fueron formalmente democráticas, pero en la práctica se convirtieron en una patraña, como lo son las elecciones en Venezuela, para qué vamos a engañarnos.

La democracia se ha de insertar en el marco de una tradición política que permita ejercer este bien común. Cuando no es así se convierte en un mecanismo vacío que lo único que consigue es fragmentar más la sociedad. Esto lo hemos visto en Afganistán, en Irak, lo estamos viendo en Libia, en Egipto. Es un buen fin lograr la democracia, pero a través de un proceso que arraigue en la propia cultura política y que sirva para resolver problemas y no para crear otros más graves. Hasta que esto no quede claro a los Estados Unidos y a la Unión Europea, hoy mucho más acólito que nunca de Washington, no tendremos unas condiciones para garantizar la paz en nuestras fronteras más próximas.

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos

Hazte socio

También te puede gustar

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>