Un judío defiende la cruz

He aquí una descripción del sello del condado de Los ÁngelesHay seis pequeños paneles, tres a cada lado de la figura central, de arriba abajo.Arriba a…

He aquí una descripción del sello del condado de Los Ángeles

Hay seis pequeños paneles, tres a cada lado de la figura central, de arriba abajo.

Arriba a la izquierda: instrumentos de ingeniería
En medio, a la izquierda: un galeón español
Abajo a la izquierda: un atún representando la industria pesquera

Arriba a la derecha: pozos de petróleo
En medio a la derecha: el Hollywood Bowl, junto con dos estrellas representando la industria del cine y una crucecita.
Abajo a la derecha: una vaca.

La figura central, el objeto más grande del sello: Pomona, la diosa romana de los jardines y los árboles frutales.

¿Algo le molesta a usted tanto como para pedir que se rediseñe el sello?

Probablemente no. Para la abrumadora mayoría de los millones de ciudadanos del condado de Los Ángeles en los últimos 50 años, este sello no ha suscitado ninguna oposición. Pero hace unos meses, alguien de la American Civil Liberties Union (ACLU), armado con una lupa, descubrió que el elemento más pequeño del sello era una cruz. Y en su afán por expurgar de cualquier resto de Dios o del Cristianismo la vida pública americana, la ACLU llamó la atención sobre este hecho a los cinco supervisores del condado de Los Ángeles. Los tres liberales del comité quedaron igualmente horrorizados y votaron en pocos días que había que borrar la crucecita y rediseñar el sello, que ahora tiene un edificio sin símbolos cristianos en el lugar de la cruz.

Cuando supe de la petición de voto a los supervisores del condado, pedí a los oyentes de Los Ángeles de mi programa nacional de radio que se unieran a mí en una protesta por esta re-escritura de la historia del condado. Que es de lo que se trataba, ya que en las palabras oficiales del condado, la cruz representaba “la influencia de la iglesia y las misiones de California”. Los Ángeles fue fundado por católicos que también dieron al condado su nombre cristiano.

Aproximadamente 2.000 personas se expresaron en una mañana de día laborable, muchos de ellos no eran cristianos, incluyendo ateos, budistas y un buen número de judíos, incluyendo judíos no ortodoxos y judíos ortodoxos vistiendo sus yarmucles (gabardinas y ropas negras propias del judaísmo ortodoxo ashkenazí).

Probablemente era la primera vez en la historia que los judíos se han unido para proteger la cruz cristiana. Es un éxito del que la ACLU debería estar orgullosa. Su devoción por secularizar lo que siempre ha sido una sociedad judeocristiana está ayudando a unir a judíos y cristianos como nada antes.

La ACLU  y sus tres aliados –los supervisores Gloria Molina, Ivonne Brathwaite Burke y Zev Yaroslavsky- probablemente desconocía el remolino que levantarían entre la mayoría de la gente que vive en el condado de Los Ángeles, sea cual sea su raza, etnia o religión. Como la mayor parte de la gente de la izquierda, despreciaban la oposición a borrar a Dios y el cristianismo del la plaza pública como si fuese tarea sólo de una franja de cristianos fanáticos. Quizá la reciente elección presidencial está empezando a hacerles ver que al menos estadísticamente hablando son ellos, los secularistas agresivos, el grupo marginal.

Se me ha preguntado por qué yo, que soy judío, he dirigido esta lucha por mantener la cruz en el sello del condado.

Tengo tres respuestas.

Primero, tengo miedo de los que re-escriben la historia. Cuando yo era un estudiante de graduación en el Instituto Ruso de la Universidad de Columbia, aprendí que una de las principales características de los regímenes totalitarios es su re-escritura de la historia. Como decía un famoso chiste disidente soviético: “en la Unión Soviética el futuro se conoce; es el pasado lo que siempre está cambiando”. Dada la relación entre cambiar el pasado y el totalitarismo, aquellos que aman la libertad deberían estar asustados de la ACLU y el comité de supervisores.

Segundo, me da miedo la intolerancia. Y el movimiento para eliminar la singular contribución cristiana a un condado y una ciudad de Estados Unidos es intolerante hasta el fanatismo. Ningún cristiano religioso, a pesar de su profunda oposición al paganismo, jamás ha objetado nada a la diosa pagana que es muchas veces mayor que la crucecita. He encontrado una y otra vez que muchos cristianos que predican la fe son más tolerantes que la mayoría de los izquierdistas que predican la tolerancia.

Tercero, y más importante, me asusta que quiten los cimientos judeocristianos de nuestra sociedad. Esta es la batalla real de nuestro tiempo, de hecho es la guerra civil de nuestro tiempo. La izquierda quiere que Estados Unidos se haga secularista como Europa Occidental, que no siga siendo el país judeocristiano que siempre ha sido. Al contrario que la izquierda, yo no admiro Francia, ni Bélgica ni Suecia. Y de eso es de lo que al fin y al cabo trata la batalla acerca del sello del condado más poblado de Estados Unidos. No se trata de la separación entre la iglesia y el estado. Se trata de la separación entre un condado y su historia. Y la separación de Estados Unidos de sus cimientos morales.

En 1834, 99 años antes de que Adolf Hitler y los nazis llegaran al poder, el gran poeta alemán Heinrich Heine, un judío secularista, predijo lo que sucedería si el cristianismo llegaba a debilitarse en Alemania:

“Un drama se activará en Alemania comparado al cual la Revolución Francesa parecerá un inofensivo paseo por el parque. El cristianismo restringió el ardor marcial de los alemanes por un tiempo, pero no lo destruyó; una vez las restricciones se resquebrajen, el salvajismo se alzará de nuevo… la furia enloquecida del berserker de la que los poetas nórdicos cantan y hablan”.

Esto es lo que este norteamericano, este judío y otros millones más creemos que está en juego con el intento de la izquierda de imponer un rediseño del sello del condado de Los Ángeles y, por consiguiente, de rediseñar América.

Dennis Prager (www.dennisprager.com) , periodista, tiene traducido al español su libro En Busca de la Felicidad (Editorial Amat).  

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