Un legado muy difícil de gestionar

Zapatero se va, de hecho prácticamente ya no está, pero su legado va a ser muy difícil de asumir. La gestión de cóm…

Forum Libertas

Zapatero se va, de hecho prácticamente ya no está, pero su legado va a ser muy difícil de asumir. La gestión de cómo deja las cosas y también de cómo se han ido situando va a hacer que el próximo presidente del Gobierno, previsiblemente Mariano Rajoy, tenga sin duda delante de él el reto más importante de un gobierno democrático desde la época de Suárez y su brillante ejercicio durante la transición. Por una parte, existen leyes que fueron aprobadas contra la voluntad de una parte muy importante de la sociedad y que afectaban gravemente a los fundamentos prepolíticos sobre los que se cimienta nuestra organización social -es el caso del matrimonio homosexual-; o que hieren los principios antropológicos de nuestra cultura compartida –como la nueva ley del aborto-. Si el nuevo Gobierno deja las cosas tal como están o realiza unos cambios cosméticos habrá permitido asentar esta nefasta herencia de Zapatero y quedará desprestigiado ante una parte de su electorado. Y si lo modifica es evidente que abrirá al menos durante un tiempo una zona de conflicto.

Este es un aspecto importante, pero ni mucho menos el único. Queda asimismo toda la grave cuestión económica. El círculo vicioso en el que está instalada España es de una dificultad extraordinaria: paro, déficit público, endeudamiento… Si no se rompe por alguna parte, va a estar retroalimentándose de manera continua a lo largo de los próximos años. De momento, la perspectiva para el próximo es igual o peor que la actual y posiblemente alcancemos el 22% en la tasa de parados en el primer trimestre. Esto solo ya basta para aplastar a cualquier líder político. Pero, aún se le ha de añadir un elemento de última hora que posee una trascendencia importante, el comunicado de ETA. Lo ha hecho en el último momento, casi fuera de tiempo y después de construir una escenografía que enfatizara su actitud final, quizás una forma de intentar disimular su derrota real en el campo que había escogido, el de la violencia armada, el del terrorismo.

Pero, evidentemente, se abre ahí también una gran oportunidad. Gestionarlo no va a ser fácil, porque para unos ETA ya hecho lo que tenía que hacer y para otros ni tan siquiera ha empezado el camino. El presidente del Gobierno tendrá que construir un futuro para el País Vasco y en cierta medida para toda España a partir de sectores que van a estar escasamente predispuestos a comprenderlo. Más dificultades.

Dicho esto, el nuevo Gobierno, el que salga de las urnas, si aborda con honestidad y sinceridad los grandes problemas planteados, la pésima herencia de Zapatero, debe contar al menos durante una parte importante de legislatura, la primera mitad, con la confianza no sólo de quienes le han votado, sino de aquellos que no están de acuerdo con la idea y puedan ver en su actitud esta sinceridad y honestidad, que es condición imprescindible para salir del fondo del pozo. Esto es lo que de entrada hay que pedir, porque milagros no va a haber. Aciertos, esperemos que sí, pero serán más fáciles si existe una capacidad de comprensión de la sociedad española y ésta sabe entender la inmensidad de los retos a los que nos enfrentamos y, de una manera específica, lo asume quien está en primera línea, es decir, el Gobierno.

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