Un mal ejemplo: las pensiones y el Estado

¿Por qué este país está tan poco ocupado en un problema tan grave como es la quiebra de las pensiones? Todas las personas menores de 50 años tienen el…

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¿Por qué este país está tan poco ocupado en un problema tan grave como es la quiebra de las pensiones? Todas las personas menores de 50 años tienen el futuro comprometido porque va a fallar la garantía de una jubilación en unas condiciones razonables. En general, las pensiones en España no son para tirar cohetes. Existen todavía niveles y tipos, como el de viudedad, abiertamente insuficientes. A pesar de ello, el riesgo de que se vean aún más reducidas es prácticamente una certeza. Lo hemos apuntado en otras ocasiones, según el Ministerio de Trabajo, para el año 2015, significará el déficit, fecha que anticipan al 2011 el Instituto de Estudios Fiscales. Como quien dice, ahora mismo.

 

A pesar de ello, el tema pasa inadvertido, mientras el Gobierno lentamente empieza a aplicar las primeras medidas bajo la filosofía de cobrar menos, bastante menos, y pagar más a la Seguridad Social. Es evidente que el Fondo de Reserva que se habilitó para paliar la crisis, y que se acercará pronto a los 27.000 millones de euros, dará sólo para paliar el problema durante un corto tiempo, pero no lo resolverá. A pesar de ello, este Fondo de Reserva tiene una dimensión tan importante que sería lógico que el Estado lo manejase no sólo con prudencia sino buscando una rentabilidad razonable que aumentase el colchón. Nada de eso se está haciendo, a pesar de que el Tribunal de Cuentas lo ha pedido.

El Fondo, en realidad, está utilizándose para absorber deuda pública emitida por el Estado; es decir, se está desviando de su finalidad, la de proporcionar más ingresos a la Seguridad Social en el futuro, para mayor comodidad de los que nos gobiernan. Y en esto no hay colores políticos. El PSOE aplica el mismo criterio que en su día utilizó el Partido Popular. Una vez más, se pone de relieve que los intereses de la sociedad y los del aparato del Estado no tienen por qué coincidir y, que los gobernantes, en lugar de velar por los primeros, se convierten en firmes defensores del aparato estatal.

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