Un nuevo modelo de producción: qué y cómo (y II)

Los factores determinantes del crecimiento económico y del Estado del Bienestar son básicamente el crecimiento y composición de l…

Los factores determinantes del crecimiento económico y del Estado del Bienestar son básicamente el crecimiento y composición de la población, el capital, el capital humano, el capital social, el progreso técnico, y la capacidad para combinar con eficiencia los distintos factores, un parámetro cuya expresión más adecuada posiblemente sea la productividad total de los factores. Todo ello, sujeto a un marco de referencia que condiciona sus resultados, las instituciones, que a su vez resultan influidas por ellos en una relación que tiene mucho de dialéctica. También es importante un factor menos poco considerado en las políticas públicas: los costes sociales, en la medida que influyen en la mejor o peor asignación de recursos, sobre todo a través del gasto público directo que ocasionan y por sus efectos sobre los costes de transacción, tanto privados como públicos, así como los costes de oportunidad que determinan.

Todo esto significa que la política ha de atender a una serie de factores causales cuyos efectos en el tiempo son distintos, pero que como conjunto resultan imprescindibles. Los resumo:

Una población con un crecimiento equilibrado que permita su rejuvenecimiento y esto significaría situar el objetivo óptimo por encima de la tasa de reposición.

La prioridad con lo que todo ello conlleva: políticas de familia educación, formación en el trabajo, formación adulta y salud, así como la articulación de este capital con el progreso técnico, la I+D+i, donde la articulación entre producción científica y su traducción en la producción es determinante, como lo es favorecer el efecto “desbordamiento” (spillover) en las empresas y centros científicos.

Las políticas que mejoren la productividad de las empresas, pero centradas en la del total de los factores, y no solo la del trabajo (los costes laborales unitarios) como hasta ahora. Ligado a ella las medidas para mejorar la capacidad exportadora, puesto que sin equilibrio el endeudamiento continuará.

Los estímulos para canalizar el ahorro a la economía productiva. La mejora radical de las instituciones para que cumplan su cometido: representatividad política, administración pública, y de justicia, y erradicación de la corrupción, sin que ello merme la calidad de las personas llamadas al servicio político.

La reforma institucional no será suficiente sin un crecimiento del capital social y el capital moral, que tiene en la ética de la virtud la máquina intangible capaz de trasformar lo inmaterial, los mandatos morales, los valores en prácticas, es decir en bienes materiales. La comunidad, las entidades intermedias, y las instituciones de gobierno han de fomentar todo lo que signifiquen mejoras en este sentido que tienen como principales sujetos realizadores las instituciones de la sociedad civil.

Y toda esta política nos conduce al centro neurálgico de toda la familia y su origen, el matrimonio. Las leyes han de apostar por apoyar aquellas funciones decisivas para el funcionamiento de la economía y el sostenimiento del Estado del Bienestar: la estabilidad, condición necesaria, la descendencia, la capacidad educadora, un capital social localizado en la familia capaz de generar externalidades positivas, y la cultura de la solidaridad intergeneracional.

Las políticas tendentes a reducir la desigualdad extrema y su crecimiento, que perjudica el desarrollo del potencial económico y social: el desarrollo del tercer sector, el cooperativismo, las actividades basadas en la reciprocidad, deben tener un mayor espacio en la provisión de bienes y servicios.

Las políticas dirigidas a reducir los costes sociales, de transacción y oportunidad a fin de procurar una mejor asignación de los recursos.

La sostenibilidad en relación al medio y los recursos naturales, que abre el camino a la consideración práctica de otros modelos productivos.

Y dos planes de choque debido a la urgencia que se necesita para afrontar los daños de la crisis: uno dirigido al paro, y otro a la pobreza.

Todo esto es complejo y requiere de un instrumento que ha sido borrado del mapa: la planificación indicativa, obligatoria para las administraciones públicas, y orientadora para las decisiones a medio y largo plazo del sector privado.

Enlace a Un nuevo modelo de producción: qué y cómo (I)

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